El miércoles pasado, fue abatido Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño o Mono Jojoy, jefe militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)...
El miércoles pasado, fue abatido Víctor Julio Suárez Rojas, alias Jorge Briceño o Mono Jojoy, jefe militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), lo que se ha interpretado como un duro y decisivo golpe contra la guerrilla colombiana más antigua, que se le ha asociado al narcotráfico, y como un punto de inflexión que anticipa el colapso total de las FARC.
La baja del Mono Jojoy se ha venido a sumar a la de Raúl Reyes, alias Luis Édgar Devia, acaecida el 1 marzo del 2008, como consecuencia de un bombardeo en territorio ecuatoriano, hecho que, por cierto, tensó las relaciones entre el Gobierno colombiano y los de Ecuador y Venezuela.
En el 2007 fue abatido Gustavo Rueda Díaz, alias Martín Caballero, jefe de las FARC en la costa Caribe colombiana. Asimismo, cayó Tomás Medina Caracas, alias el Negro Acacio, responsable del tráfico de drogas dentro de las FARC y jefe del frente 16, durante un choque armado con el Ejército. En marzo del 2008, también se conoció que Iván Ríos, alias de Manuel Jesús Muñoz, miembro del mando central de las FARC, había sido asesinado por su jefe de seguridad, Pedro Pablo Montoya Cortés. Asimismo, en abril del 2008 se supo que Tirofijo, alias de Pedro Antonio Marín, fundador de las FARC, había muerto de un ataque cardíaco.
Es decir que la “narcoguerrilla” colombiana ha venido sufriendo un descabezamiento que indiscutiblemente redundará en su moral, o sea en su espíritu de lucha, sobre todo porque el mando guerrillero está siendo víctima de la traición y la deslealtad al más alto nivel, como ocurrió con el caso del Mono Jojoy.
Las acciones criminales de las FARC (asesinatos, secuestros, narcotráfico y ataques indiscriminados en contra de la población civil) han dado lugar a que se les califique como “banda terrorista”, igual que ETA en España, que ya no es considerada como “grupo separatista vasco”, sino como una “banda terrorista”, dados los crueles e indiscriminados atentados, así como su presunta asociación con organizaciones terroristas internacionales.
Recientemente, ETA anunció un cese al fuego y pidió al Gobierno español que se establezcan unos requerimientos “mínimos democráticos necesarios” que permitan desarrollar un proceso de solución para su pueblo. Sin embargo, la respuesta institucional ha exigido, además del cese permanente de las acciones terroristas, la disolución de la banda.
Ojalá que tanto Colombia como España puedan avanzar hacia la paz firme y duradera.
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