La reflexión de Michel Foucault sobre los anormales cae como anillo al dedo en el caso de experimento dirigido por el médico estadounidense John C. Cutler, en el que se infectó a decenas de reos guatemaltecos con enfermedades venéreas.
Los hechos demuestran ese desdén por seres considerados como anormales: convictos guatemaltecos y afroamericanos pobres. No olvidemos que Cutler también utilizaba a compatriotas suyos, aunque no de su grupo socioeconómico ni racial. En el experimento de Tuskegee observó a un grupo de afroamericanos infectados con sífilis y siguió durante 40 años –de 1932 a 1972– el curso de la enfermedad, sin mover un dedo para procurarles alivio o, ya no digamos, curación. Y lo que es más grave, el estudio alcanzó un momento en el que la penicilina empezaba a generalizarse como el remedio para combatir este tipo de enfermedad de transmisión sexual. Sin embargo, el grupo de Tuskegee, rehén de Cutler, no tenía el conocimiento ni los recursos para acceder al antibiótico. Carecía de poder.
Y luego, en los experimentos en Guatemala, que se realizaron dentro del esplendor modernizante de la Revolución de Octubre, entre 1946 y 1948, el grupo afectado era marginal, apartado de la sociedad por las rejas y paredes de la desaparecida Penitenciaría Central. E inoculado, además, por otro grupo subalterno, despreciado y marginado, el de las prostitutas.
El pensamiento que sustenta este tipo de acciones muestra, como ya han anotado algunos colegas, un supremacismo blanco: utilizar a sujetos –ojo, no personas– de color de piel no blanca para garantizar el bienestar del grupo dominante blanco. Las buenas conciencias WASP –acrónimo que describe a las blancos, protestantes de origen anglosajón– se valieron de los “coloreados” para poder garantizar su bienestar sexual, la salud de su proceso reproductivo en aras del control del poder.
En ambos casos, en Tuskegee y en Guatemala, el poder lo tenían los WASP. Tuskegee está situado en Alabama un, sitio en el que en la época en que se inició el experimento, los afroamericanos tenían vedado entrar a los mismos cafés, cines, escuelas e iglesias de los blancos. Y era una época en que Guatemala venía de ser ocupada por la Fuerza Aérea estadounidense, que mantenía bases para vigilar el canal de Panamá y los pozos petroleros mexicanos. Los experimentos pudieron hacerse, porque el país estaba sometido a Estados Unidos.
En ambos casos, para los grupos dominantes blancos, los afroamericanos y los convictos y prostitutas guatemaltecas eran los anormales, privados de derechos, habitantes de la periferia de lo legal y sin esperanza de ser aceptados como ciudadanos de pleno derecho. En ambos casos, eran sujetos desechables, objetos que reflejaban el poder de un grupo que se esforzaba por extender el progreso de la ciencia y, a partir de la derrota de los nazis y el inicio de la Guerra Fría y los elevados fines de la democracia occidental. Hacer avanzar la ciencia y un sistema político superior bien valía la pena, como vimos, el sacrificio de unos cuantos anormales.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
7 comentarios: