No tengo grandes ni brillantes soluciones para ti.
El primero de octubre se celebra en Guatemala el Día del Niño, un día especialmente dedicado para ti y tus amiguitos; y no es para menos, los niños como tú traen mucha alegría y una renovada esperanza a la humanidad, y por ello bien vale la pena dedicar un día del año para celebrar con júbilo la inocencia y ternura que traen todos los niños en cada rincón del planeta.
Aunque hoy es un día de festividad, quiero compartirte que el mundo en el que muy recientemente naciste tiene algunos problemas. No quiero alarmarte, pero es mi responsabilidad como padre informarte acerca de las condiciones que caracterizan al país en el que naciste y vas a crecer, a estudiar y a cosechar el fruto de tus anhelos y esfuerzos.
Quiero contarte que aquí hay muchos niños y niñas que sufren, que son maltratados, que no tienen hogar y que deben trabajar mucho para poder alimentarse y sobrevivir. Mi amado bebé, en este día del niño quiero compartirte que hay muchos chiquitines como tú que ni siquiera van a recibir caricias de sus padres porque fueron abandonados y esperan que algún alma caritativa les dé amor, por lo menos en este día.
Tú que eres frágil e indefenso, y necesitas del calor y mimos de tu madre para conciliar el sueño, seguramente te sorprenda que haya niños en estas condiciones. Pero debo confirmarte que esta es la realidad. Cuando seas más grande y entiendas de números, estadísticas y esas cosas (sí, ahora me importan los números, creo que ya soy una persona mayor), podrás ver las cifras de la situación actual de la niñez y juventud en Guatemala, y constatarás que en este momento hay muchos niños que sufren.
Ante esta realidad, tengo que confesarte que no tengo grandes ni brillantes soluciones; es más, tengo más dudas que respuestas. Lo siento, y te ofrezco disculpas por no haber hecho más por cambiar esta difícil situación, porque sé que el dolor de un niño es el de todos los niños y de la humanidad entera. Sólo puedo decirte que en mi vida he aprendido que cuando se trabaja con ideales justos y la brújula que guía tus acciones es la honestidad, es posible lograr transformaciones, aunque éstas sean muy pequeñas.
Por ello, mi deseo es trabajar con entusiasmo y ahínco para que vivas en un mejor país. Creo que para lograrlo, además del trabajo constante y honesto, es necesario agregar la fuerza del amor, porque el amor, cuando es verdadero, implica esfuerzo, sacrificio y entrega. Ya lo dijo el poeta Adonis, nacido en la patria del álgebra y las mil y una noches: “El amor es el único motor del cambio”.
Espero dar lo mejor de mí para que puedas vivir en un país más seguro y digno, donde alcances tus sueños y te realices como ser humano; tengo la certeza que esto sólo será posible cuando no haya ningún niño abandonado, maltratado y con hambre, y todos los niños del mundo sean amados incondicionalmente.
Por último, quiero reiterarte que mi anhelo más grande en este día del niño es trabajar incansablemente para mejorar aunque sea un poquito el mundo en que vives, e influir en ti para que llegues a ser un hombre honesto, amoroso y responsable.
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