Nuevo informe establece que las investigaciones sobre enfermedades de transmisión sexual eran ampliamente conocidas por la comunidad médica del país.
El estudio de Susan Reverby, la profesora que destapó el escándalo, no dejó lugar a dudas: el papel de médicos nacionales, especialmente del doctor Juan Funes, fue clave en los experimentos sobre la sífilis, gonorrea y chancroide que realizaron los EE.UU. en Guatemala en la década de 1940. Un informe que hizo público ayer el Departamento de Salud (HHS, por sus siglas en inglés) del país norteamericano sobre las actividades del equipo del polémico doctor John Cutler, no ha hecho sino confirmar los mismos señalamientos: es muy probable que las autoridades guatemaltecas lo supieran.
El documento elaborado por el HHS contrasta la información divulgada por la profesora Reverby con otros archivos sobre los mismos experimentos que se encuentran en la Universidad de Pittsburg. Y concluye que, efectivamente, el estudio de la académica es totalmente verídico.
El nuevo documento profundiza sobre el papel jugado por el doctor Funes y explica que, de acuerdo con los archivos de Cutler, si el estudio se realizó en Guatemala fue por la “sugerencia” del infectólogo guatemalteco, que, además, se ofreció a reclutar a las prostitutas que se emplearían en los experimentos, ya que él mismo se encargaba del control sanitario de las trabajadoras del sexo en el país, una actividad en ese momento legal.
Asimismo, citando los documentos de Cutler, el informe revela que los experimentos realizados en el hospital psiquiátrico “fueron llevados a cabo por el expreso deseo del director clínico”; y que incluso uno de los médicos de la institución manifestó que “dado que había una cura segura para la sífilis, no había problema con experimentar con los pacientes”. Aunque no se especifica quién realizó estas declaraciones, el HHS alude en varias ocasiones a un colaborador en el sanatorio, el doctor Julio Salvado.
“Parece haber habido un conocimiento relativamente extendido sobre el propósito del estudio entre la comunidad médica”, asegura el informe, añadiendo que entre la comunidad académica de los EE.UU. también eran vox populi.
Los experimentos fueron financiados por el Gobierno de los EE.UU., que suscribió un acuerdo con la PASB (por sus siglas en inglés), la precursora de la Organización Panamericana de la Salud, para llevarlos a cabo. La PASB, a su vez, ratificó dos convenios con el Estado de Guatemala, uno, al principio, para que colaborara con las investigaciones, y otro, al finalizarlas, que establecía cómo usar el equipo que había quedado en el país. El informe identifica como contrapartes locales de ambos acuerdos al ministro de Salud, doctor Julio Bianchi; el doctor Luis Eduardo Galich, director de Sanidad Pública; el doctor Carlos Tejada, director del Hospital Militar; así como otros dos médicos, Abel Paredes Luna, que al igual que Juan Funes se había especializado en enfermedades de transmisión sexual en EE.UU., y Rolando Funes, que quedó a cargo del laboratorio que se utilizó para los experimentos.
Pero, además de colaboración, también hubo resistencia. El informe establece que Cutler tuvo serios problemas para reclutar prostitutas voluntarias y que entre los presos, se generó malestar por las continuas extracciones de sangre. “La mayoría creía que eran debilitados por las extracciones semanales de 10cc de sangre, y ese temor no se pudo contrarrestar con promesas de administrar penicilina y pastillas de hierro”, escribió Cutler.
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