Monitoreo de medios realizado por La Agencia de Noticias a favor de la Niñez y Adolescencia da cuenta que en lo que va del año, 442 niñas, niños y adolescentes han muerto de forma violenta.
Las calles de Guatemala se han convertido en un campo de batalla. Visitar lugares por la noche puede convertirse en una trampa mortal. En menos de una semana, dos restaurantes fueron el escenario de balaceras que cobraron la vida de 5 personas. La primera de ellas ocurrió el sábado 16 de octubre en Taco Inn, de la Zona Viva, y la segunda el 20 de octubre, en Pizza Hut de Ciudad San Cristóbal.
Ambos hechos de violencia han tenido consecuencias catastróficas: 5 muertos y 8 personas heridas, entre ellas una niña de 7 años. El común denominador de las víctimas es que ninguna sobrepasaba los 40 años de edad. Entre las personas muertas se encuentra Jennifer Anne Prentice Álvarez, una joven de 28 años que tenía poco más de un año de haber regresado a Guatemala después de haber estudiado un doctorado en London School of Economics and Political Science de Inglaterra. Ella había sido beneficiada por la Fundación Guatefuturo con un Crédito-Beca para estudiantes de excelencia académica.
Ella es tan sólo una de las 429 mujeres que han muerto a consecuencia de un arma de fuego. Además, 175 féminas han sido asfixiadas y otras 61 fueron asesinadas con arma blanca.
Como esta joven, muchos otros talentos se han perdido debido a la guerra sin cuartel que se libra en el país y que protagonizan estructuras vinculadas con el crimen organizado.
Según información proporcionada por el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM) de 2000 al 18 de octubre del año en curso 963 mujeres comprendidas entre los 0 y 25 años han perdido la vida a causa de hechos violentos.
El año más sangriento para esta población fue el 2007 con 220 víctimas, seguido de 2009 con 133. En 2010 se ha registrado el deceso por causas bélicas de 117 féminas comprendidas en el mencionado rango de edad.
Encomendarse a la tarea de construir un país más incluyente puede ser arma de doble filo. Durante 2009, tres promotores culturales integrantes del colectivo Caja Lúdica fueron asesinados. Son ellos Juan Manuel Orozco Ambrosio, alias El Fu, asesinado el 5 de abril del año pasado, Nexo Pineda, conocido como El Gordo, ultimado el 23 de mayo de ese mismo año y Saulo Fernando González Estrada, conocido como el Sólo Estilos o El Chucky, muerto el sábado 30 de mayo junto a otros cinco jóvenes.
El primero de los hechos ocurrió en el asentamiento Mario Alioto, Villa Nueva. Orozco fue promotor cultural, era payaso, mimo y hacía teatro. Un año antes de su asesinato fue atacado, pero sobrevivió al atentado, una bala lo dejó en silla de ruedas. En esa oportunidad, Saulo González Estrada, la última de las víctimas de Caja Lúdica, también fue herido.
Pineda dirigía grupos teatrales. Fue asesinado en la colonia San Luis, San Pedro Ayampuc. González fue muerto a tiros cuando jugaba naipes afuera de una casa ubicada en el asentamiento Mario Alioto. “Todavía los lloramos”, expresa Marco Antonio Leonor, director de la agrupación juvenil, haciendo un esfuerzo por contener el llanto. “El Colectivo Caja Lúdica es una familia y nosotros perdimos a tres de nuestros hermanos, pero seguimos celebrando la vida desde el corazón de la muerte”.
El Sólo Estilos bailaba break dance, era diseñador y había desarrollado su propia marca de ropa, la cual había ido a registrar. Leonor describe a sus hermanos con pocas pero elocuentes palabras. “El Fu es sonrisas, El Gordo todo amor y Sólo Estilos es colores y magia”.
En mayo de 2008, los hermanos Francisco y Keneth Gressi Wester fueron secuestrados. Los victimarios pedían US$30 mil para liberarlos, pero en la negociación se acordó que el pago sería de US$20 mil.
El desenlace del plagio fue catastrófico, el 19 de mayo de ese año en la 31 avenida y Calzada Roosevelt de la zona 11, durante un enfrentamiento entre delincuentes y agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) murió Francisco. El joven era estudiante del segundo año de la carrera de Veterinaria de la Universidad de San Carlos, mientras que su hermano, liberado horas antes, cursa la carrera de Derecho. En el lugar fueron detenidos Diego Maguiver Lemus Lara, de 18 años, Jonathan Josué Vega Reyes, de 21, y Gerson Zarceño Gómez, de 26, a quienes se les decomisó un fusil AR-15. La víctima era familiar del diputado electo por el Partido Patriota, Osbelí Gressi.
Hilda Morales, coordinadora regional del Comité de seguimiento de la convención para erradicar la violencia contra las mujeres, indicó que la violencia está desencajando aún más a la sociedad guatemalteca. “Se trata de la segunda oleada de violencia que cobra talentos jóvenes, la primera se dio durante el conflicto armado interno. En esa época muchos jóvenes fueron asesinados o desaparecidos. La violencia ahora es contra todos y todas, no hay familia que no tenga personas afectadas. La actual situación nos cierra el porvenir, hay gente que ya ni siquiera quisiera vivir en el país”.
A criterio de Zoel Franco, responsable del programa Justicia Penal y seguridad juvenil del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales de Guatemala, la violencia que afecta a la juventud también afecta el desarrollo de la sociedad. “Se pierden valores humanos que pudieron aportar mucho. A veces contrario a reconocer este problema se ha estigmatizado al joven muerto por la violencia lo que genera una criminalización de la juventud”.
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