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    Guatemala, viernes 05 de noviembre de 2010

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    NACIÓN

    La vida en el basurero de la zona 3

    El relleno sanitario es un riesgo para la salud de quienes viven cerca del lugar y para más de mil guajeros que trabajan allí.

    Alejandro Patá tenía 12 años cuando su familia se mudó de La Limonada, zona 5, a la colonia Oralia, junto al río La Barranca, zona 3. En esa época era un área periférica: “Era bien bonito, había izotales y un aguacatal”, recuerda con nostalgia.
    Eso cambió en 1954, cuando la municipalidad rellenó el río para construir el basurero de la zona 3. Desaparecieron los árboles y la casa de sus padres, que estaba al fondo del barranco, ahora colinda con un enorme vertedero plagado de ratas y otras plagas.


    El relleno sanitario consiste en la compactación de los residuos esparcidos en capas delgadas sobre el suelo, recubiertas con capas alternas de 20 centímetros de tierra u otro material inerte. Un método sencillo y de bajo costo que puede tener resultados favorables con tal de que se realice en terrenos alejados de asentamientos humanos y se cumplan las normas ambientales.
    El basurero de la zona 3 no las cumple, ya que está rodeado de áreas pobladas cuyos habitantes, como la familia Patá, están expuestos a enfermedades respiratorias por esa cercanía.


    Además, como señalan varios estudios de la arquitecta Alma de León Maldonado, de la Universidad de San Carlos (Usac), con el transcurso del tiempo “la municipalidad, aduciendo falta de recursos y maquinaria para compactar y sistematizar el tratamiento, descuidó el control técnico del relleno sanitario, el cual se convirtió en un vertedero incontrolado”.
    Maria José Salas, vocera de la comuna, niega esa crítica: “Como parte del tratamiento que se da a la basura que ingresa al vertedero, esta se va colocando en los patios asignados, donde se compacta y se cubre con una capa de material selecto, compactando nuevamente, lo que hace que se formen terrazas, y se estabilizan los distintos patios que se utilizan para la basura que ingresa”.


    Patá y otros integrantes del Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode) de la colonia Oralia añaden que los taludes en el vertedero están muy inclinados y no reforzados con concreto, lo que propicia deslaves. Salas niega ese extremo: “Las terrazas se forman con cortes que tienen cierto grado de pendiente y no son verticales”.  Juan Pablo Gemmell Bolaños, coordinador de la Unidad de Calidad Ambiental del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN), afirma que no han hecho ningún monitoreo del basurero.

    Un problema complejo

    Cuando uno alza la vista desde el patio de la vivienda de los Patá, ubicada al fondo del barranco, se observan los nichos del Cementerio General sin un muro perimetral que los separe del basurero.
    En el interior del camposanto se observa que el basurero se ha extendido de tal manera que hay nichos y tumbas  entre la basura, sobrevolados por enormes zopilotes que le dan un aire tétrico al lugar.
    Este punto es como un mirador desde el cual se observa la entrada de los camiones amarillos (trenes de aseo) al vertedero y los guajeros que saltan encima –estos, en particular, son conocidos como cachas– ansiosos de encontrar algún tesoro, antes de que el camión vierta su contenido sobre los despojos.


    El basurero es un mundo hostil en el cual hay que pelear por las latas, el cartón y el papel que pueden venderse en los centros de acopio de La Terminal y donde los menos hábiles apenas consiguen de Q10 a Q20 diarios.
    Cuando elPeriódico visitó el lugar constató que muchos de los camiones que ingresan provienen de Mixco, ciudad con una población que supera el millón de habitantes y que genera unas 240 toneladas métricas de basura diarias.
    Amílcar Rivera, alcalde de Mixco, admite que el 70 por ciento de los desechos de su ciudad se deposita en la zona 3 y el 30 por ciento restante se transporta al relleno administrado por la Autoridad del Lago de Amatitlán
    (AMSA), construido en 1998 y que se encuentra en el kilómetro 22 de la carretera al Pacífico.
    El alcalde afirma que Mixco está tan poblado que no hay un lugar apropiado para construir un relleno sanitario propio. Salas admite que más del 57 por ciento de los 800 camiones que ingresan a diario en el vertedero de la zona 3 provienen de 7 municipios del departamento de Guatemala.


    “Eso significa que los vecinos de la Ciudad de Guatemala pagan por administrar la basura de otros”, afirma Enrique Godoy, ex vicealcalde de Guatemala.
    El diputado Alfredo de León explica que durante la gestión legislativa anterior la bancada URNG-MAIZ, en respuesta a las denuncias de los habitantes de la zona 3, instó al gobierno de Óscar Berger a decretar el cierre técnico del vertedero por acuerdo gubernativo. La iniciativa no prosperó debido a la falta de interés de las autoridades por resolver el tema.
    En la actualidad hay una propuesta de ley de Desechos Sólidos que ha tenido tres lecturas en el Congreso y está pendiente de aprobación por artículos. Esta norma crearía una política nacional para el manejo de los rellenos sanitarios, ya que ahora el Código Municipal deja el tema a discreción de cada comuna.


    De León Maldonado considera que el problema es la falta de voluntad política de la municipalidad: “Esto es algo que requiere una gran inversión y, a diferencia del Transurbano o del Paseo de la Sexta, pocos lo van a ver”.
    Sin embargo, Godoy señala que no todo es culpa de las autoridades, ya que en febrero de 2005 la Municipalidad de Guatemala aprobó un decreto municipal que imponía una tasa por Disposición de Desechos Sólidos (de Q20 a Q60, según el tamaño del inmueble) para mejorar el tratamiento de la basura, pero fue derogado en octubre de 2005 luego de que un recurso interpuesto por grupos de vecinos fue amparado por la Corte de Constitucionalidad.

    Guajeros aferrados

    “En el basurero se miran cosas tremendas. Un día encontré un niñito tierno en un bote de leche. Sufrí mucho por el sol, los malos olores y las cortaduras de vidrio y agujas. Un día, cuando vino el camión me cayó encima una piedra y me abrió la cabeza”, recuerda Domingo González López, quien ganó unos Q20 diarios durante 7 años que trabajó como guajero.
    Dice que trabajó allí “por pura necesidad”, porque carecía de empleo y no podía mantener a su esposa y dos hijos. Ahora gana Q1 mil a la quincena como conserje, pero su esposa y uno de sus hijos aún bajan al vertedero.
    El sector donde trabajan los guajeros se encuentra a unos dos kilómetros de la entrada en el vertedero y no hay baños en el lugar.
    Como muchos de ellos carecen de agua entubada en sus hogares, con frecuencia se bañan en los riachuelos de aguas negras que corren por el barranco.


    El diputado De León entrevistó durante un año a más de mil guajeros que a diario acuden al vertedero en busca de materiales reciclables y encontró que, a pesar de verse obligados a trabajar en condiciones infrahumanas, ellos son los más reacios a que se clausure el basurero. Este fue el grupo que protestó cuando la municipalidad inició las gestiones para construir una planta de tratamiento mecanizada, ya que muchos perderían su única fuente de ingreso.
    De hecho, el 93 por ciento de sus entrevistados respondió que le gustaba su trabajo. “El día que cierren el basurero no se qué va a ser de nosotros. Ahí nadie nos manda ni nos pide papeles y uno tiene pisto todos los días sin tener que esperar a que llegue la quincena”, explica González.


    Algunas empresas les han donado botas, overoles y guantes para minimizar el daño que sufren por el contacto con los desechos tóxicos, pero se niegan a usarlos, ya que esto les resta agilidad a la hora de zambullirse en el mar de basura en busca de algún material rescatable. De León atribuye estas actitudes a la baja autoestima del guajero: “Es gente que cree que nació así y entre ellos hay muy poco liderazgo”.
    En la actualidad hay unas 10 organizaciones no gubernamentales (ONG) que trabajan con los guajeros y sus familias, cuyos proyectos incluyen guarderías y escuelas para los niños, además de talleres de alfabetización y manualidades para las madres.


    El objetivo de la mayoría de estos proyectos es romper la tradición familiar que dicta que, si los padres son guajeros, los hijos deben tener el mismo destino.

    Louisa Reynolds

    4 noviembre 2010

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