En el exterior de un auto baleado y ensangrentado, se observa un padre frustrado, triste, mudo, atormentado al ver el cuerpo sin vida de su hijo que pereció –a balazos… destrozado– por un grupo de maleantes que ejecutaron –sin prisa– una pena capital dictada por ellos mismos, decidieron matar a un adolescente, por negarse a darles gusto, entregándoles “su compu”, aquel aparato, utilizado por él, para estudiar, conversar… o solo pasar el rato.
Un hipócrita silencio de siniestra aprobación… al crimen a la ignominia a la muerte y la desidia… reinó en toda Guatemala. Embajadores metiches, los oscuros personajes de la “suciedad” civil, los derechos inhumanos y entrometidos enanos… no clamaron –esta vez– por la paz y la justicia, por el derecho a la vida, porque la pena de muerte –una ley de este país– debe estar adormecida. En esta nación sangrienta, donde manda el criminal, donde a la gente decente… la somete el animal. Está claro, es más que obvio que la ley es el oprobio… y la pena capital está en manos de los malos… de delincuentes malditos, de asesinos descarados… protegidos por aquellos que ponen cara de honrados.
El crimen en Guatemala tiene ahora más aliados; no ya solo algunos jueces, también fiscales, burócratas y corruptos magistrados… a mucha “gente” común… y a más de cien diputados. El chapín amedrentado, sometido e indolente, está llegando a creer que no merece vivir, está pensando ahora mismo que el futuro de la patria está en manos de foráneos, cacos y homicidas… timadores legendarios. Convencidos los chapines que serán esos tramposos, los falsarios, los ruines quienes podrán defender lo que ellos han ignorado, lo ellos no quieren ver… y ellos han abandonado.
No existe nación grandiosa, rica y autodeterminada… que haya confiado su andar, a burocracia tarada. Las naciones trascendentes, líderes, desarrolladas, no dejaron inmiscuirse a burócratas de afuera no permitieron jamás que la agenda de nación la impulsaran o impusieran… gentuza sin convicción; parásitos de gobiernos con acentos diferentes que se burlan de la ley… y alaban a delincuentes. A funestos gobernantes, traicioneros, mentirosos que hablan de democracia… y promueven la desgracia; que se burlan de las leyes que no cumplen sus promesas, socavan instituciones, viven de la delincuencia e ignoran tanta tristeza.
Tanta sangre derramada por criminales malvados, cuya vida es muy feliz gracias a sus dos aliados: el primero e importante, son grandes telefonías que sin miramiento alguno activan los celulares mal habidos, que cobraron vidas dignas o han lisiado para siempre a su primer propietario… ese mismo que confió en la sucia compañía ahora lo traicionó. El otro grupo de aliados son aquellos inconscientes y no menos indecentes que compran cosas robadas… sin importarles –un bledo– si lo hurtado tuvo el costo de una vida, una angustia, una lesión incurable… vidas irrecuperables. ¡Piénselo!
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