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Guatemala, jueves 30 de diciembre de 2010

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laColumna:

La momia

La momia lo mira todo.

Maurice Echeverría/Buscando a syd maurice@elperiodico.com.gt

Fuente menor Fuente normal Fuente grande

Cada año que pasa, me vuelvo más aburrido y más feliz. Es una felicidad tan masiva… tan electrificante como que me dispararan con una pistola tase en el centro del pecho. Pero lo curioso es que por fuera no me muevo. No socializo. Parezco momia.
Eso por fuera. Por dentro me la estoy pasando excesivamente bien. ¿Cómo una momia puede sentir vibraciones tan… contundentes? La momia lo mira todo. 100,000 enzimas de atención fagocitando la realidad fenoménica. Un yogui urbano. Juntando innumerables horas de vuelo. Un buen piloto.


Una de las frases más importantes en mi vida, la aprendí de Pascal: “Todos los problemas del ser humano derivan de su incapacidad de sentarse solos en una habitación”. Hay que ver lo que la gente invierte en hacerse una vida social. De vinito en vinito se van poniendo verdes. Y cada vez entienden menos.
Königsberg se deprimía de ver a Kant tan preciso, tan ajeno a toda orgía. Pero era todo una impostura, naturalmente, pues por dentro el filósofo se cargaba un desmadre mental… era un espectáculo de monster truck. Y lo que estaba aplastando con sus enormes ideas era el “sueño dogmático”.


Es imposible hacer nada que valga la pena sin un poco de soledad creativa. No estoy hablando de quemar puentes ni de construir eremitorios en forma de pirámides. Es más bien lo que Krishnamurti llamaba “aloneness”, que no tiene pues nada que ver con hacer de grinch ni retirarse del mundo. No quiere decir ausentarse en un sentido literal. Tampoco es desconfianza paranoide ni melancolía malsana ni cajas de fluoxetina en año nuevo. Sino una manera de independizarse de los infinitos programas sociales circundantes. De no caer en el jueguito de la complacencia. Muchas cosas me siguen gustando de Krishnamurti, y una de ellas es que no sentía obligación alguna de sonreír. No estaba jugando a la pequeña princesita iluminada.


Oh las pequeñas princesas: terminan de bulímicas en el sanatorio de turno. Y los que preceptivamente son catalogados como “el alma de la fiesta” llevan por dentro un sarcófago interior. Ellos son las auténticas momias, aún siendo tan parlantes. Si tan sólo se callaran un segundo.

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15 comentarios:

  1. Jacqueline Maldonado: (2011-01-02 20:50:35 horas)
    Impresionante es la unica palabra que se me ocurre para describir esta columna, Maurice. Cada dia me enamoro mas de lo que escribe.
  2. Oscar R: (2011-01-02 12:34:18 horas)
    "El reino de los cielos está dentro de nosotros mismos" - Jesus "Acompañame a estar solo" - Arjora "Begin within" (Empezar por dentro) - Yo ;) Buen artículo. Gracias
  3. Maria Green: (2011-01-01 17:54:21 horas)
    Hay de Aníbal Perez y su racionalización para algo que en realidad es sencillo, la soledad solo es una y no importa la causa, es la que sentimos, la que se vive a diario, casi siempre causa del hartazgo o simplemente de no pertenecer, la que nos hace sentirnos desadaptados de los demás pero no de esta columna, no de Maurice, no de los que comentan acá, no de los personajes extraños en libros, no de esos grupos de 4 o 5 personas, tampoco de los que dicen lo que ven, de su verdad por muy descabellada que sea. Un bravo para el Syd y un brindis por su mundo auténtico y maravillosamente fantástico.
  4. anibal perez: (2010-12-31 20:45:16 horas)
    Muchas veces la vida es "una experiencia hecha de 7 soledades..."; pero de qué clase de soledad solemniza El Syd?; será, acaso, la voluntaria, la que se busca con afán, como resultado del hartazgo existencial a que nos arrastra la conducta colectiva que nos empuja hacia el enajenamiento paulatino?; o será ésa que nos imponen, ese ostracismo involuntario porque no podemos coexistir pacíficamente en medio de la conducta convencional?. Por mi parte valoro el acto volitivo de discriminar, de seleccionar a los amigos aunque ello implique vivir como eremita. Pero no se pierde la cordura: al contrario, se fortalece la personalidad, el carácter, la sensación de superar barreras, se arriba a una nueva moral y una nueva visión del mundo en la que reina la objetividad de la ciencia, la riqueza subjetiva del lirismo literario y la sensación íntima que el tiempo no alcanza para todas las metas personales que, de por sí, ya son un desafío (la astronomía, en efecto, es una ciencia infinita que trasciende el lapso de una vida humana). Otro cantar es el retiro voluntario derivado de la "náusea existencial" que se experimenta en medio de la sociedad de consumo, la sociedad superficial del convite, del texteo, de la indiferencia ante temas formales como demuestra, en demasía, la juventud "ocupada" en relacionarse con el mayor número de amigos incógnitos virtuales escribiendo auténticas estupideces que nada dicen y que los retratan en cuerpo entero. Ni siquiera el misticismo exagerado de Krishnamurti es capaz de soportar el ajetreo de la vida loca e indolente que, desafortunadamente, parece ser el sello evidente de estos tiempos que vivimos. Sabrosa meditación digna de un desubicado fenomenal como es El Syd.
  5. Raùl Natareno: (2010-12-31 20:38:50 horas)
    Excelente, ya me estaba sintiendo realmente solo ( sin incomodidad ), pensando que unicamente yo era asì
  6. Tono Fuentes: (2010-12-30 16:40:35 horas)
    Un manto de olvido cubre a la criatura humana. Incapaz de penetrar en su interioridad se debate en la angustia existencial producida por ser conciente de su finitud. Busca fuera, lo que la evoluciòn ha puesto dentro de ella. Unicamente la visiòn interior, en silenciosa y poètica revelaciòn, puede procurar el alivio y la redenciòn del dolor de vivir.
  7. Maria Green: (2010-12-30 13:31:38 horas)
    Bienvenido al mundo de los eremitas, de los anacoretas, de los rebeldes, de los desadaptados. Entre mas pasa el tiempo, menos regresamos, cada vez es mayor la distancia y ni con una sonrisa podemos pertenecer. Qué se gana? Qué se pierde? Se pierde un destello ilusorio y se ganan nuestros propios fantasmas, conocerlos, aprender a aceptarlos y amarlos aunque no sean precisamente agradables. Conocemos personas como nosotros solamente en libros.
  8. julio velasquez: (2010-12-30 10:08:17 horas)
    Hoy sí diste en el clavo Maurice! No hay que llevarselas de Grinch, pero tampoco hay que dejarse arrastrar por complacer a tanta gente...Para mi el "aloneness" es como una adicción, la siguiente frase que leí en un libro de Saramago, no recuerdo cual, dice: "la soledad no es aquel gran arbol solo en la pradrera, es el espacio vacio entre su corteza y sus venas", ó algo así, en fin, esto me engancho a desengancharme del mundo.
  9. Martin Guerra: (2010-12-30 09:34:32 horas)
    Gracias Maurice, me identifico con esta columna.
  10. anna urbina: (2010-12-30 09:25:05 horas)
    Ja, ja, ja.... me llega! ... ya somos varios los que disfrutamos the aloneness. Nuestra pobre sociedad (y muchas otras) se les van toda su energia en aparentar... y para mientras su ser interior... vacio... bueno... que buen show vahh... el viaje es interior... asi que gocemonos la fiesta!...
  11. froim kachler: (2010-12-30 08:49:09 horas)
    Me mato de la risa, sobre todo por "La princesita Iluminada" buen nombre para un cuento. Os Felicito, Don Maurice, otro sho articulo.
  12. Rodolfo Montenegro: (2010-12-30 08:44:05 horas)
    Cabal vos Maurice, tenés toda la razón, la soledad y el nuestro espacio interno es lo más valioso que poseemos, es interesante comprobar lo triste que son los "almas de la fiesta", tan sociables y "alegres"..... aunque tan vacíos......
  13. Manuel Roldan: (2010-12-30 08:33:51 horas)
    Que bueno!! No soy el unico!
  14. Carlos Sandoval: (2010-12-30 08:18:57 horas)
    Nítido!
  15. Alejandro Rosales: (2010-12-30 07:47:16 horas)
    Buenísimo, Maurice! entiendo y muchas veces siento lo mismo que plasmaste hoy en tu columna.
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