La calidad de la universidad es de tanta importancia social que es responsabilidad de todos.
Hoy en día se vive una profunda transformación en la historia de la humanidad. La tecnología se ha extendido y ha modificado la forma habitual de hacer las cosas, de trabajar, de comunicarnos. Asimismo, el avance de la ciencia ha generado una corriente renovadora que abarca todos los aspectos del ser humano, lo que obliga a la permanente actualización para responder a esa corriente.
En este contexto, las universidades como instituciones que generan desarrollo, juegan un rol protagónico en todos estos procesos de cambio y transformación; deben concentrarse en nuevas prioridades congruentes con el grado de desarrollo de la sociedad; deben coadyuvar al desarrollo integral de sus estudiantes y deben brindar un proceso centrado en la persona orientado a satisfacer sus necesidades. Solo de esta manera podremos garantizar su calidad, la cual se hace realidad en los aprendizajes cualitativamente relevantes que alcanzan los futuros profesionales.
Su formación hoy en día, debe responder a los cambios constantes que ocurren en los ámbitos social, económico, político, cultural y educativo. La sociedad requiere de las instituciones de educación superior agilidad, flexibilidad y disponibilidad de modificaciones inmediatas para ofrecer un mejor servicio. Una universidad no puede quedarse estancada en estructuras obsoletas, en esquemas rígidos y en recurso humano estático. Actualmente ya no se conciben estas sin una visión hacia la sociedad en la que se encuentran inmersas y a la que se deben.
Para responder a los desafíos es necesario preparar profesionales para el mundo del trabajo, donde las tareas que hay que efectuar están en constante evolución, la jerarquía cede su lugar a una organización en redes, la información transita a través de canales múltiples e informales, la iniciativa predomina sobre la obediencia y las lógicas en juego son particularmente complejas. Es un imperativo que la universidad ayude a los futuros profesionales a realizar tareas para las cuales no fueron formados, a prepararse para una vida profesional que no tiene un carácter lineal, a mejorar su capacidad para trabajar en equipo, a utilizar la información de manera autónoma y a desarrollar su capacidad de innovación y su creatividad, es decir a forjar un pensamiento complejo en relación con el funcionamiento del mundo real. De igual manera, debe coadyuvar a tender puentes entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo a través de la investigación y la difusión del conocimiento.
¿Estaremos respondiendo a estos retos? ¿Estaremos permitiendo que los estudiantes ingresen, avancen y egresen con aprendizajes relevantes, con conciencia social y ética? ¿Los egresados universitarios lograrán los aprendizajes que requieren para poder responder a las necesidades del contexto?
Nuestras universidades no deben conformarse con consumir el conocimiento que otros países producen, deben construir conocimientos a través de la investigación. Así se genera mayor riqueza para el país. Cada vez se requiere más de personas con competencias tecnológicas, que dominen más de un idioma, capaces de trabajar en equipos multidisciplinarios, que resuelvan problemas, que innoven, que creen. Es fundamental que formemos profesionales de primera, para eso es indispensable que hagamos cambios de fondo, el futuro de nuestro país depende de ello.
Alcanzar una formación universitaria de calidad para todos es un asunto que compete a la sociedad en su conjunto. La formación constituye un proceso indispensable para que Guatemala pueda progresar.
* Codirectora de Estudios, Universidad del Valle de Guatemala.
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