Los centros educativos deben tener adecuados edificios.
El inicio de clases ha evidenciado algunas dificultades que enfrentan directores, maestros y estudiantes. En casos extremos, los miembros de las comunidades educativas corren riesgo, pues la situación del edificio escolar es precaria y representa una amenaza para su integridad física. Los problemas encontrados derivan de la ausencia de condiciones mínimas para que las instituciones puedan realizar una labor efectiva. Muchos alumnos se sienten desmotivados, porque su establecimiento no cuenta con la infraestructura, equipo y mantenimiento necesarios para lograr el aprendizaje esperado. El ambiente físico es importante. Frecuentemente se indica que la educación debe ser contextualizada. Esto implica enlazar el currículo con el entorno social y que este último sea utilizado como un recurso pedagógico de valor. Es necesario que los estudiantes se eduquen en un ambiente físico y humano que favorezca su formación, incluyendo clases confortables y espacios adecuados.
Aunque la capacitación del maestro, el número de días efectivos de clase y el acceso a textos escolares y materiales de lectura inciden directamente en la calidad de la educación, es claro que la infraestructura también afecta. Obviamente, esto representa un gran reto para nuestro sistema educativo, cuya infraestructura no logra satisfacer todas las demandas comunitarias, particularmente en años recientes, en que fenómenos atmosféricos y desastres naturales han presionado aún más la infraestructura del país. El Censo Nacional de Infraestructura Escolar, que el Ministerio de Educación (Mineduc) inició en 2005, reporta muchas limitaciones asociadas con la situación de techos, salones de clase, servicios sanitarios, muros perimetrales y canchas deportivas. La generalidad de escuelas e institutos adolecen de recursos físicos y materiales para realizar un trabajo eficaz. El Mineduc invierte la inmensa mayoría de su presupuesto en salarios y gastos de funcionamiento, quedando así pocos recursos disponibles para atender otras necesidades.
Nuestra sociedad no puede pasar por alto esta situación. No debemos desatender el confort en los establecimientos educativos. El adecuado diseño y uso de los espacios y el aprovechamiento óptimo de la infraestructura, no sólo brindará a alumnos y maestros un ambiente digno, sino favorecerá su desarrollo. Nuestros estudiantes pasan muchas horas en los centros escolares. La manera en que nuestras escuelas lucen y funcionan es un reflejo de la prioridad que damos a la educación.
(*) Josué Padula es estudiante del curso de postgrado en Liderazgo Educativo en la Universidad del Valle de Guatemala.
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