• elPeriodico
  • Deportivo
  • laTarjeta
  • Foto Blog
logo-elperiodico

Guatemala, domingo 23 de enero de 2011

  • Boletín
  • Especiales
  • Multimedia
  • Portada
  • País
  • Economía
  • Opinión
  • Deportes
  • elMundo
  • Cultura
  • Ciencia & Tecnología
  • Investigación
  • Suplementos
  • Obituario
  • Domingo
OpiniónCartaslaColumna
CulturaelAcordeón
Hi-TechCienciaSalud
GenT & MásSwitchEspacios
ObituarioFunerarias del día

Más en esta sección

  • El discreto encanto de la mujer en la cocina
  • La (r) evolución del celular
  • elPeladero: El opositor sin memoria
  • Shish Kebab
  • Falafel
  • El allanamiento en el Súper Frontera
  • El General en su laberinto
  • La diseñadora de las novias
  • elPeladero:“La Doña” sigue
  • Berenjena Baba Ghanoung

Ranking

  • Más comentado
  • Más leído
  • Más enviado
  • Aprenda k’iche’ desde su casa
  • El comediante que faltó a su última función
  • Elena en la avenida
  • La educación cívica en Guatemala no pasó la prueba
  • El peladero: con Izurieta, no; con Rendón, sí
  • Una noche en el valle del río Polochic
  • La lucha de clases política de Estados Unidos
  • Panamá celebra y gana en penales
  • Una sola planilla encabezada por Jairo Flores, a la asamblea de la UNE
  • Fetuccine con hongos y carne de cangrejo
  • ¿Empleados hambrientos?
  • Natalia Jazz Quartet
  • Simposio arqueológico
  • La figura del mozo colono que se niega a desaparecer
  • Fonseca es clave
  • “Querido Líder” de Corea del Norte padecería de cáncer de páncreas
  • Cheney pudo haber violado la ley con plan secreto antiterrorista
  • (re)Elección de Torres
  • Cambiar el patrón de conducta
  • Torpe decisión

Domingo:

Elena en la avenida

Cierra los ojos y puede ver el reflejo de las luces en las vitrinas. El sonido de los pasos entaconados de su madre está indeleble en sus oídos. Si se concentra un poco vuelven a su paladar los sabores de los helados y a su tacto el roce fino de las medias italianas que llevaba siempre su mamá. Todo está fresco en su mente, imborrable, pero en la vida real la Sexta Avenida no se parece a su recuerdo, ha cambiado su rostro una y otra vez. Esta es la historia de la avenida más importante de Guatemala y de tres mujeres que fueron testigos de su camaleónica existencia.

Marta Sandoval msandoval@elperiodico.com.gt

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
Ampliar imágen EP Foto:  marta sandoval/ElPe­rió­di­co La sexta empieza a recuperar su esplendor, gracias a un nuevo proyecto de la Municipalidad.
Más fotos
EP EP EP

Elena estaba escondida detrás del espejo donde su madre contemplaba el vestido de lino que acababa de probarse. “Este no me va, mejor voy con el negro”, dijo y se volvió al clóset desordenado. Elena lo sabía, iban a salir, por eso su mamá cuidaba tanto su atuendo. A ella ya la había ataviado con un vestido rosa pálido y unos zapatos de charol negro que a Elena realmente no le gustaban tanto.


“Vamos a la Sexta”, le dijo su mamá y aquellas palabras eran para Elena como la campanilla para los perros de Pavlov. Su cabeza ya pensaba en los helados del Pasaje Rubio. Lástima que siempre la llevaban con el vestido elegante, si la dejaran usar el de algodón, podría comer sin preocuparse de que una carrera de chocolate le recorriera la pechera.


No tenían nada específico que hacer, ninguna compra urgente, tampoco pensaban encontrarse con alguien. A la Sexta se iba sencillamente a caminar, a ver las recién estrenadas vitrinas y los rótulos con luces de gas neón.  


A Elena le gustaba ver los pósters en los cines, donde los rostros de los actores ya le daban una idea de lo que trataría la película. Como a ella no la dejaban entrar a verlas, completaba la historia en su mente, se inventaba qué aventuras sufriría el tipo del sombrero y las botas.  Mediaban los años treinta, Elena tenía 6 años y la Sexta era una enorme vitrina de Europa, con sus tiendas iluminadas y sus productos tan caros como exclusivos.


Elena no sabía que esa calle que recorría de la mano de su madre antes se llamaba Calle 30 de Junio y mucho antes Calle Real.


Fue trazada en el siglo XVIII por dos españoles que lo hicieron tal y como lo hubieran hecho en España. Le pusieron Calle Real porque recorría desde la Iglesia de San Francisco hasta el Palacio Real. Era el lugar que se dispuso para que las familias aristocráticas construyeran sus viviendas.


La calle era residencial, aunque algunos de los dueños alquilaban las habitaciones que daban al frente para comercios.

Muchos de ellos eran extranjeros, por eso los productos de Europa no eran extraños entre las mercancías en venta.


En 1871 la calle fue testigo de la llegada de caudillos de la Revolución Liberal, Justo Rufino Barrios y Miguel García Granados. Para conmemorar ese día Barrios decidió cambiarle el nombre, no más Calle Real, ahora sería la Calle 30 de Junio. Ese nombre tampoco le duró mucho tiempo, porque más adelante, en 1877, Barrios hizo una nueva jugada. Ahora quería que las calles de Guatemala tuvieran números en lugar de nombres, como se hacía en Nueva York. Fue así como a la calle 30 de Junio, le tocó el número 6, la Sexta Avenida.


Elena y su madre llegaron a la Sexta cuando el sol no se había apagado, caminaban lentamente, dejando largos minutos frente a cada vitrina, saludando a quienes encontraban a su paso. A Elena le gustaba que todos le dijeran “señorita”, la hacía sentir más importante. El médico, el jardinero, la señora que vendía el pan o el alcalde, les daban el saludo. La Sexta Avenida era de todos, sin importar la clase social. “Antes había distinciones, los ricos y los pobres tenían sitios separados”, le contó su abuela a Elena. Cuando la abuela era joven el sitio de reuniones era el Parque Central. Allí, todos los domingos, había una banda musical, las familias de más prestigio y dinero se paraban muy cerca de los músicos y atrás se acomodaban los demás, hasta llegar a los más pobres que era los últimos, a los que el sonido de la música les llegaba ya contaminado por los aplausos y los gritos de los demás. “¿Dónde estabas tú, abuela?”, preguntó Elena, “por en medio, mi’ja”, le contestó, “ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre”. Elena no entendió a qué se refería, pero le habían dicho que no era bueno contrariar a los mayores.


El parque dejó de ser el sitio de reunión después de una terrible catástrofe: dos terremotos en menos de dos meses. 1918 empezó con cientos de viviendas en el suelo, edificios dañados y familias enlutadas. La gente que se había quedado sin casa no tuvo más remedio que improvisar champas en el Parque Central. La banda musical guardó silencio y la alegría se convirtió en incertidumbre. Con el tiempo la tristeza empezó a calmarse y los guatemaltecos comenzaron a salir de nuevo a las calles, a convivir y a olvidar, aunque fuera un momento, la tragedia. Pero ya no había música, ni sitio en el parque.

“Y como la gente ya no tenía donde reunirse y pasar el rato, decidieron caminar por toda la Sexta”, contó la abuela. Desde entonces tomó fuerza la tradición de caminar por la avenida o de “sextear” como se le llamaría más tarde. Los residentes de las casas de la Sexta decidieron marcharse al sur, buscar un nuevo sitio para vivir y dejaron las viviendas exclusivamente para el comercio.


Aquella tarde Elena y su madre pasaron largo rato en la Sexta. Entraron a La Paquetería, les recibió de frente la mesa de perfumes, a Elena le gustaba pasar por ahí para sentir la mezcla de todos los olores. A la izquierda una colección de medias se volvía infinita ante sus ojos. Las de seda que usaba mamá no aguantaban una zurcida más, así que era tiempo de comprar unas nuevas. Al salir comieron emparedados en el Restaurant León y siguieron calle arriba, deteniéndose en cada vitrina. En La Perla la madre vio un prendedor del que se enamoró enseguida. “Vamos a pedirle a tu padre que me lo compre”, le dijo a la niña, que sonreía entusiasmada. Pasó el tiempo y cada vez que volvían a la Sexta, las dos se abalanzaban sobre la vitrina: “mami, todavía no lo han vendido”, le decía Elena, y a la mamá le brillaban los ojos. Pero un día la niña no gritó emocionada. El prendedor ya no estaba. “Bueno, quizá después traigan otro igual”, se consoló la madre. No sabía entonces que al volver a casa lo encontraría empacado en una cajita azul.


Los edificios eran casi todos de estilo Art Decó, producto de la creatividad de varios arquitectos. El que empezó con la idea fue un alemán, Roberto Hoegg, que recién llegado de Europa quiso poner en Guatemala lo mismo que había al otro lado del océano. Desde 1924 las construcciones empezaron a cambiar, las viviendas bajitas de techo de teja se sustituyeron por elegantes y curvos edificios.


Aquellas construcciones se quedaron grabadas en la mente de Elena, que pronto dejó de verlas. El padre decidió que la familia debía mudarse a un pueblo de la Costa Sur. A Elena la separaban ya 160 kilómetros de la avenida de sus sueños. Ella, que soñaba con vivir allí, no volvería en mucho tiempo.


Fue años después cuando regresó. Esta vez iba a estudiar secretariado, en un colegio católico donde permanecería interna todo el tiempo. Los fines de semana los padres de las niñas llegaban a recogerlas para pasar el descanso fuera, pero los papás de Elena rara vez podían viajar a la ciudad Capital, así que ella se contentaba con un breve paseo los domingos: la supervisora del colegio llevaba a las niñas a caminar por la Sexta.


Caminar por la calle era, además de un recuerdo feliz de su infancia, la oportunidad de ver a los muchachos guapos de los colegios que estaban cerca. Era el único día en que podía dejar el uniforme en el armario y vestirse como ella quisiera. Casi siempre elegía un vestido azul, con dos palomas de lentejuelas incrustadas, una en el hombro derecho y la otra en la cadera. Si lograban convencer a la maestra y salir cuando ya había caído la noche, era obligatorio pasar frente al letrero del edificio de la empresa eléctrica, con sus foquitos de colores.


Elena y sus compañeras caminaban en fila india detrás de la maestra, y en la otra banqueta los jóvenes seguían sus pasos. No había forma de que se hablaran, si uno de ellos osaba cruzar la calle la profesora entraría en histeria, pero bastaba con las miradas, las sonrisas a medias, para enamorarse.


Elena se enamoró y poco después de graduarse de secretaria se casó; más tarde, un frío noviembre de mediados de los cincuenta llegó a Ana, su hija mayor.

Ana en la avenida

El prendedor se veía espectacular en el vestido de terciopelo verde. “Era de mi mamaíta”, le dijo Elena a su hija Ana, que miraba estupefacta cómo brillaba en la solapa. Caminaban por la Sexta Avenida, para ir a la iglesia, pero tenían que detenerse obligatoriamente en la vitrina de La Juguetería “de chicos y grandes la alegría”, gritaban Ana y Elena, su hermana menor, cuando estaban ante la puerta del almacén. Dentro elegían el regalo que les llevaría Santa Clós, siempre y cuando fueran niñas obedientes, “si no, les traerá un carbón”, sentenciaba la madre.


Después las dos niñas tenían que elegir entre dos destinos. A izquierda o derecha. A izquierda la casa con el letrero de “Zaror” donde había un montón de frascos de vidrio repletos de dulces. A Ana le gustaban los que tenían almendra y a Elena los de frutas. Elegir el camino de la derecha significa ir al Pasaje Rubio, donde Don Juanito les recibiría con helados. Eran los únicos helados hechos con máquina, al tirar de una palanca salía un torrente de suave y cremoso helado. La decisión siempre era difícil.


Cuando por fin se acercaba la Navidad, era obligatorio ir a Casa Música, donde Ana y Elena podían saludar en persona a Santa Claus. “Es el verdadero, verdadero”, decía Ana a su hermanita. El “verdadero Santa” llevaba una máscara de plástico con agujeros para los ojos, aún así, nadie dudaba de su autenticidad. Cada inicio de año Elena llevaba a sus dos hijas a comprar zapatos al mercado central, pero con una advertencia: si alguien pregunta dicen que los compramos en la Sexta. No faltaba la tía o la vecina que preguntaba y Ana respondía de inmediato "en el merc... en la sexta".


Cuando Ana creció, la Sexta cambió para ella. Ya no le interesaban tanto la tienda de dulces, ni los helados, ni aquel almacén que tenía un letrero que decía: “La cigüeña los trae y Mi amigo los viste”. Ahora prefería ir a la tienda Magda, donde vendían ropa importada y de vez en cuando anunciaban rebajas. Eran ocasiones imperdibles. Para las fiestas lo mejor era buscar un figurín y luego correr al almacén El Cairo a comprar la tela perfecta. La costurera se encargaría de que fuera una creación única. Los zapatos y la bolsa, los encontraría en el Gran Emir.


Para ir a “sextear” había que arreglarse, no solo porque era habitual encontrarse con amigos o conocidos, sino porque cerca estaba el American English School, El Infantes y el San Sebastián y no era raro que uno de los estudiantes –los más guapos del país, recuerda ella– apareciera por la calle.


Una mañana una noticia sobresaltó a Ana, La Paquetería había desaparecido. Era 1967 y el almacén que guardaba muchos de sus deseos se había vuelto ceniza. La guerrilla puso una bomba que acabó con todo. A los pocos días Ana y su mamá fueron a la Sexta y se encontraron con una venta improvisada de los pocos objetos rescatados, casi todos tenían ceniza y alguna parte achicharrada. Una mala nube pasó por la Sexta.


Venían días de desgracias para Guatemala. La guerra era un hecho y el miedo empezaba a hacerse presente.


Muchas personas que vivían en los departamentos emigraban a la capital para huir de la guerra. A veces llevaban verduras o frutas que intentaban vender en la Sexta Avenida, pero cuando la Policía los encontraba irremediablemente perdían sus mercancías. La avenida empezó a cambiar. 


La calle sufrió un golpe más. En 1976 el terremoto volvió a azotarla. El Mercado Central se vino abajo y decenas de vendedores se quedaron sin un sitio dónde trabajar. Algunos consiguieron un espacio en el Parque Colón, y otros en el Portal del Comercio, pero muchos se quedaron literalmente en la calle. Fue entonces cuando decidieron ubicar sus ventas en las aceras de la Sexta Avenida, nadie podía decirles que no, su mercado había quedado en ruinas. El comercio informal empezó a cambiarle la cara a la emblemática avenida.

María en la avenida

Una noticia impactante llegó a través de la televisión. Le habían dado golpe de Estado a Romeo Lucas García. El corazón de Ana palpitaba más rápido: “¡Le dieron golpe a Lucas!”, gritó casi sin darse cuenta. Pero su única oyente era una niña que jugaba con su muñeca de trapo, “¿y quién lo golpeó, mami?”, preguntó la pequeña, sin comprender muy bien quién era Lucas y por qué era tan importante que alguien le hubiera dado un golpe. Ana, claro está, no intentó explicarle lo que pasaba. Más bien la tomó en sus brazos y salió corriendo a casa de su madre.


Eran los años ochenta y el conflicto armado estaba en su apogeo. Un carro bomba había estallado en la esquina de la Sexta Avenida y la Sexta Calle. Aquello volvió a poner la atención sobre la otrora hermosa avenida, que ahora empezaba a volverse peligrosa. El Presidente, como precaución, prohibió que circularan carros por toda la Sexta, se volvió, por primera vez, peatonal. Pero más espacio libre atrajo a más vendedores, muchos de ellos llegaban del altiplano, agobiados por la violencia. Para mediados de los años ochenta ya no es tan fácil caminar por la Sexta, a las aceras les ha robado espacio el comercio, las ventas antes improvisadas, empiezan a tomar forma de pequeñas champas. En 1983, el Gobierno decide cobrar un alquiler a los vendedores de la avenida y el gran mercado se institucionaliza.


Aunque la avenida ha cambiado y el glamur y la elegancia se esfumaron, Ana no deja de ir a la Sexta. Lleva de la mano a María que se distrae entre todas las ventas, ya no hay marcas originales, ni productos europeos, casi todo viene de China y es imitación, pero a María le gusta, por eso casi siempre sale con alguna baratija bajo el brazo. Ana sigue comprando su ropa y la de su hija en la Sexta, la situación económica en la familia ya no es la misma, pero la situación económica de la calle tampoco. Ana no sabe quién se adaptó a quién, pero lo cierto es que sigue sintiéndose unida a la avenida.


A María le gusta ir a darle de comer a las palomas del templo de San Francisco, saborear las mixtas Frankfurt o comprar un helado en la Pops. De vez en cuando ven a alguien correr y meterse al Pasaje Rubio para salir por la puerta que da a la Novena Calle. Va de prisa y pasa empujando a quien se le ponga en el camino. Es un ratero que encontró en el cuello de alguna mujer su botín. Elena, que ahora es abuela, no va más a la Sexta, dice que le da tristeza verla tan deteriorada, María no entiende por qué, a ella le gusta, hay mucha vida y mucha algarabía siempre.


María recuerda muy bien el día en que fueron a ver una procesión. Su mamá le compró un trozo de pizza en Al Macarone y ella estaba dándole pequeños mordiscos, el papel café en el que se la envolvieron empezaba a deshacerse por la grasa. El anda pasó lento y difícil por la calle. Había tantos letreros que los cucuruchos tenían que agacharse demasiado para que no topara con alguno. Aquello era un mar de rótulos, si se paraba en la entrada era imposible verles el fin. A María le gustaba mucho uno que decía “Miami Vice” porque le recordaba algo que vio en la televisión.


De mayor María frecuentaba menos la avenida. Salir sola o reunirse con amigas era peligroso, por eso casi siempre se juntaban en un centro comercial, donde había helados, comida y seguridad. A la Sexta iba muy poco, cuando su madre debía hacer algún trámite que no podía eludir o cuando la convencía para ir a buscar discos de música pirata.


El año pasado María hizo algo que también hicieron su madre y su abuela: fue a la Sexta con los amigos. Había payasos y música en la calle. Comieron en Los Cebollines y se tomaron fotos frente a las esculturas de jaguares. “Este va a ser nuestro sitio de encuentro”, vaticinó. Una de sus amigas, la única del grupo que ya es madre, adivinó la cara que pondría su hija frente a las esculturas de metal que ahora adornan la calle, “le van a encantar”, dijo. Todos coincidieron en algo: encontraron un sitio dónde caminar, simplemente caminar como hacían su madre y  su abuela.


El día que llegaron también había un desfile de modas, pero no pudieron verlo porque no tenían invitación. “Mi bisabuela decía que cuando iban al parque los ricos estaban cerca de la banda y los pobres al final”, le contó a sus amigos, “las cosas están regresando a como eran antes”, reflexionó.


Como antes, cuando la avenida era un paseo relajante y un sitio de encuentro. Como antes, cuando en Guatemala no mataban 17 personas cada día. Como antes, cuando la abuela se sonrojaba porque un muchacho se le quedó mirando.


*Relato en base al testimonio de varias personas y de los datos históricos de Aníbal Cajón, autor del libro De la Calle Real a la sexta Avenida.

Imprimir
Enviar nota
Corregir
Facebook
Twitter
Untitled Document
50% de Descuento, Hospedaje + Desayuno en Palacio de Doña Leonor, Sigue Disfrutando de Antigua Guatemala
Q.760
50%

Descuento

Q.1520

Valor

Agregar comentario:

captcha

Reglas para comentar en el foro

Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.

Se prohíben mensajes que contengan:

  • Ataques personales, insultos, acusaciones o faltas de respeto
  • Mensajes incoherentes, sin objeto alguno o comerciales
  • Mensajes con spam, lenguaje sms o escrito todo en mayúsculas
  • Mensajes con contenido racista, sexista, o cualquiera que discrimine
  • Mensajes de contenido pornográfico
  • Piratería, o mensajes que permitan el uso ilícito de material con derechos de autor

Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.


Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.

22 comentarios:

  1. Elder Exvedi Morales Mérida: (2011-02-08 20:53:23 horas)
    VAMOS A SEXTEAR Los ojos se le llenaron de lágrimas, y musitó suavemente: “Al principio se llamaba Calle Real, ahora, Sexta Avenida”. -La nostalgia siempre nos muerde el espíritu-, apuntó Miguel Ángel Asturias, con el manuscrito de su Señor Presidente, bajo el brazo. José Milla y Vidaurre se puso pálido, y un sudor frío principió a correrle la espalda cuando vio pasar a Pie de Lana. -¿Lo viste?, interrogó Milla. Miguel Ángel Asturias dijo sí con la mirada, y sugirió: “Sigamos Sexteando” Jacobo Àrbenz Guzmán que venía acompañado de Francisco Javier Arana planeando cómo inventar el 20 de octubre, los divisó, y a todo pulmón gritó: ¡Gran Lengua! Miguel Ángel, más sordo que Barnoya, no le escuchó, quizá porque estaba extasiado en un objeto curioso del Almacén El Cairo, ubicado en la 6ª. Avenida 9-00. -Parece el regalo que le obsequié a mi primer numen-, le susurró al oído al autor de Los Nazarenos. -Las heridas no restañadas nos recuerdan que tenemos un pasado-, atestiguó uno de los autores de La Chalana. Los militares llegaron, y con un fuerte abrazo se saludaron. No logré percibir lo que dijeron después. Sólo sé que entraron en el Portalito, donde Oliverio Castañeda de León, sorbo a sorbo bebía cerveza, llorando su muerte y celebrando su resurrección, y en una servilleta apestosa a nostalgia escribía una y otra vez: “Mientras haya pueblo, habrá revolución”. La tarde caía lentamente y del teatro Lux salía Rubén Morales Monroy, añorando su santuario: La Universidad Popular. El Ché Guevara, con la mirada perdida en el horizonte lo abordó: -Maestro, he pensado siempre que a través del arte se puede lograr una revolución más eficiente. Como si fueran almas gemelas, enfilaron hacia la UP, discutiendo sobre arte dramático y revolución. Rubencito, el comerciante de colchones, con sus movimientos afeminados devoraba con las miradas a los caballeros que sexteaban jubilosos. La muchedumbre lo vituperó con burlas. En el parque Enrique Gómez Carrillo, se sentó a conversar con el mismo Príncipe de los Cronistas sobre sus incontables y extraordinarios viajes al otro lado del charco… Bernal Díaz del Castillo se unió a la tertulia, y uno por uno viajaron a través del tiempo, y el verso Guatemala se hospedó en el corazón del pentagrama de Dios. Maco Quiroa, Monteforte Toledo, Efraín Recinos, Manuel José Arce, Tito Monterroso, José Luis Villatoro y Luis Cardoza y Aragón, aparecieron como alma en pena sobre la sexta avenida y primera calle, haciendo ochos, posiblemente del Granada. ¡Vamos a sextear! Rieron con sorna al unísono, ante un general genocida que predicaba sin convertirse. Carlos Mérida y Galeotti Torres, que sentados en la Plaza de la Constitución aspiraban la tarde melancólica de noviembre, se sumaron a los demás artistas e intelectuales. No está demás decir que la Sexta Avenida estaba, como de costumbre, muy concurrida. Por doquiera los enamorados, bohemios, comerciantes, cuques, y ciudadanos comunes y corrientes… reían carcajadas. Las vitrinas diáfanas, como imanes embrujadores, atraían la completa atención de los sexteadores. De la 18 calle apareció Otto René Castillo pregonando que la historia era como la sombra de su cuerpo, y que por eso era poeta rebelde. Paco Pérez, en el teatro Lux cantó por centésima vez su Luna de Xelajú, mientras su espíritu aventurero besaba los labios de la morena preciosa que, no se sabe porqué, lo abandonó. Pero me quedé estupefacto cuando vi a Isabel de Los Ángeles Ruano vendiendo jabones, peinetas, lapiceros y sus versos en hoja sueltas, como si ser artista en este país fuera una maldición. ¡Qué diablos!, dije entre dientes y estallé bruscamente en sollozos. Ella, con sus miradas cordiales, replicó: “Así están las cosas”. Y antes de continuar con su faena, me confió: “¡Cómo extraño las puestas de sol!” Me sumergí en un océano de silencio. Interrumpió de nuevo mis reflexiones otro gran personaje que caminaba gallardo, valiente, perseverante, con un libro de su autoría que, no sé cómo, logré identificar: era Discurso Presidencial. Por supuesto que se trataba del ilustre Doctor Juan José Arévalo Bermejo, el mejor presidente que ha tenido Guatemala. Mientras se dirigía al Palacio Nacional de la Cultura, hablaba desde lo más profundo de su ser con un personaje llamado Historia. El gran patriota, Poncho Bauer Paiz se me acercó, y sin preámbulos, me interrogó: ¿sabes quién es? Yo, sin titubear, le respondí: sí. Los personajes que como trompos no se movían de su lugar piropeando a las mujeres, eran Los Chocanitos y la Mosquita que, humildemente, pedía limosna. Tantos personajes que convergían en la Sexta Avenida con sus almas inundadas de paisajes olorosos a eternidad. La noche comenzaba a caer lentamente como el telón la UP, cuando un trovador, acompañado de su guitarra imaginaba al público que estallaba en atronadores aplausos rindiéndole pleitesía. Era vitoreado una y otra vez, y jamás, quizá, pensó que para escalar la cima del éxito, debía pagar un precio incalculable. Cantando el coro de su Jesús Verbo no sustantivo iba cuando, en la esquina de la novena calle, lloró amargamente. Se detuvo un momento, musitó algo, y posteriormente continuó soñando como siempre. No sé cómo, pero me puse de pie de un salto, me froté los ojos, y volví al presente bullicioso, y orgulloso de contar con una espléndida historia, seguí mi camino, como el eterno errante que soy.
  2. Juan Perez: (2011-02-04 03:13:22 horas)
    hay que bonito dejo el señor Arzu.....jajajajajaja Señor Arzu usted tiene Pradera Concepcion, Miraflores, Proceres, Okland.Etc ....le puedo seguir enumerando todos los demas.........pero el asunto es que la sexta era el Moll de los pobres donde venian a comprar su estreno. y porque no decirlo un monton de productos que eran una copia barata de los originales que se venden en las grandes tiendas........Eso es exactamente lo que le molesta al Terrateniente Arzu......que diga el señor Arzu que fue lo que recuperaron una sexta que ya no es lo que era antaño..( cuando toda la sexta avenida era la unica calle centro comercial que existia en Guatemala... claro que los ricos venian a caminar a comprar, ya que era el unico lugar y ademas de eso todos vivian en las calles colindantes pero cuenteme donde vive esa gente ahora....viven en los peñascos esos que quedan carretera al Salvador... para no vivir cerca de la plebeyada...) si asi es ....preguntele cuanto invirtio en esas sus empresas que fabrican los pisos defectuosos que pusieron, los trabajos sin planificacion que hicieron ...... para que digan miren que bonito tiene el alcalde la ciudad pero vallan a ver todavia hay colonias que ni asfalto tienen... no cuentan con agua potable... si pero el tiene millonadas para despilfarrar en ponerle piso a una calle que no le va a servir a nadie....cuando empiecen a transitar los buses la vibracion que causan arruinara el piso en cuestion de meses y lean bien lo que estoy escribiendo ya que vi los trabajos defectuosos que mando hacer este señor...... y ahora digan que bonito vallan a caminar y que van a comprar nada porque todo lo que le gusta a la gente adinerada esta en los centros comerciales de la zona 10,14...
  3. Anna Urbina: (2011-01-30 20:36:17 horas)
    Bueno mire... todo mundo se acuerda de la sexta COMO ERA ANTES... va, ya no es como era antes!!! Finito, The End, se acabó... los terremotos, los golpes de estado, los delincuentes, etc, etc, ... mataron a la 6a. que usted recuerda, yo también la recuerdo, me gustaba ir con mi mamá a buscar la tela para hacer mis vestidos, o a comernos un heladito al portal, pero los años, los gobiernos destinados, el hambre, la delincuencia, la falta de justicia, la violencia, etc, etc... hicieron de la sexta un lugar invivible. A mí me asaltaron 2 veces allí una sobre la 6a. y otra en la plaza central, corrí detrás del ladrón y cuando entré al portal una señora me dijo ¨"no siga trae a otros dos con él"... me congelé y me acordé que llevaba a dos canadienses a los que les estaba enseñando la ciudad.... si señor!... Ya fui a la nueva sexta, es un esfuerzo del alcalde capitalino por recuperar el centro de los ladrones. Pero deberíamos recuperar tambien el país de los ladrones de cuellos blancos, pues la violencia y la pobreza fue generada por la falta de atención hacia las necesidades de TODOS los ciudadanos. Caminaremos por la 6a. tranquilos algún día... si logramos una NACION, UN PAIS en que TODOS seamos ciudadanos respetados y respetuosos de nuestras diferencias, sin polarizar que uno tiene y el otro no tiene, que uno es chaparro y gordito y la otra es alta y canche (aunque se artificial!), este país es de todos, de igual manera LA SEXTA y cualquier otra calle antigua del Centro Histórico, será nuestra cuando TODOS podamos caminar con tranquilidad, sin necesidad de tener a una decena de policías cuidándo que no pase nada.... entonces vamos a pasear en un Centro Histórico que nos pertenece a todos los guatemaltecos... hasta entonces, compararemos.... su versión de la sexta con una nueva de una GUATEMALA VERDADERAMENTE LIBRE Y DEMOCRATICA ... por ahorita es un mini ensayo de la Municipalidad capitalina tratando de darnos un respiro de que ya podemos caminar por el centro... mmhhh falta mucho por hacer todavía.....
  4. Juan Perez: (2011-01-26 16:05:48 horas)
    Porque algunos que escriben que es retroceder, los llamaria pseudocomunistas, acostumbrados a no hacer nada, y su trabajo es simplemente criticar sobre las diferencias sociales, y esperando que el Gobierno les resuelva todo cuando ustedes mismos no resuelven ni sus problemas mas prioritarios.
  5. Ericka Escobar: (2011-01-25 11:38:41 horas)
    ...puede lograr mejorar su futuro. Talvez no es el mejor artículo, pero en lo personal me llevo a recorrer con estas tres mujeres lo que fué, es y será la sexta avenida. Yo nunca la tuve la oportunidad de sextear como Elena o Ana y no hablemos de caminar sobre las aceras invadidas de coemrcio informal. Por el simple hecho de recorrer las calles de la sexta me quito el sombrero ante el alcalde capitalino.
  6. nery marroquin: (2011-01-25 04:53:18 horas)
    no si se acuerdan pero en los sesentas la calle era de doble via, y esa era la emocion subir y bajar en el carro la sexta. Igualmente caminar de un lado y regresar por el otro. Creo que se logro algo muy importate para los Guatemaltecos, recuperar ese pedacito de Guatemala. Que chapin no se acuerda de la sexta. La mayoria caminamos por ahi. Gracias Sr.Arzu.
  7. juan pablo aguilar: (2011-01-24 09:34:49 horas)
    A don Alberto Sanchez lo invito mejor a que se quede paseando en miraflores y oakland mall talvez ahi no siente el contraste social de Guate. Yo soy de la tercera generacion del siglo XX, nunca tuve el gusto de conocer la sexta como lo fue en aquel tiempo, pero solo con el hecho de nacer, crecer y vivir en la zona 1, me hace sentir orgulloso de estas anecdotas y de lo que tenemos aqui que muchas veces pasa desapercibido. Yo felicito al trabajo y esfuerzo que se esta haciendo por recuperar estos espacios, que para muchos son mas importantes de lo que se pueden imaginar.
  8. Martin Guzman: (2011-01-23 22:25:44 horas)
    Nunca faltan los antitodo irracionales. Ni que estuviéramos viendo en la sexta avenida remodelada, a miembros de los sectores élites de la sociedad. Basta recorrer el tramo para advertir que allí pasean personas de cualquier extracto económico, sin distingo... sólo que en un lugar ordenado, limpio, remozado, que propende, ¡¡¡ojalá!!!, a ser espacio de arte y cultura. Hacía falta esa decisión por parte de la Municipalidad capitalina.
  9. Roberto Aparicio: (2011-01-23 20:40:18 horas)
    Bonito y agradable articulo, me re cuerdo que tambien existìa un amplio restaurante de gratos recuerdosque se llemaba San Francisco frente a la iglesia del mismo nombre. Tambien esta muy bonito el Portal del Comercio. No le haga caso`a los pesimistas de siempre que nunca estan de acuerdo. (como los aguantaran en sus casas)
  10. Daniel Perez: (2011-01-23 20:16:38 horas)
    No entiendo por qué algunos le llaman una calle "burguesa"; otros "excluyente". Hasta donde sé a nadie se le impide pasa por ella, o sea, no es excluyente, y solo por el hecho de ser renovada y ordenada y bonita, no se le convierte en burguesía. Es uno de los pocos frutos de nuestros impuestos. ¡Disfrútenla, hombre!
  11. jose juarez: (2011-01-23 19:49:27 horas)
    puedo apostar que la generacion que hoy tiene 25 años o menos no conocio la 6ta, los capitol y aquellos rateros que le arrebataban la bolsa o pertenencias a los peatones y que se perdian entre la concurrencia mientras corrian... mas tarde vinieron con navajas y luego con sus pistolas y escuadras... curiosamente con la firma de la paz... en fin, la sexta para mi tambien me trae bonitos recuerdos, era toda una emocion ir a caminar a la sexta y vitriniar como deciamos los patojos y con un poco de suerte y un quetzalito extra por alli tambien pasar por las famosas maquinitas... nunca he podido saborar una hamburguesa como esas que alguna ves comi en algun restaurante de la sexta, igual pizza y otras comidas que se podian encontrar en el lugar
  12. Alberto Sánchez: (2011-01-23 16:36:11 horas)
    Es simplemente sencillo... Un retroceso en la expresión arquitectónica, donde la recomposición elitista, busca retomar la hegemonía en los espacios públicos; que contrastan con la realidad social del guatemalteco. ¡ La idiotez de retornar a una mentalidad excluyente !
  13. mario bran: (2011-01-23 14:49:42 horas)
    Que forma mas aburrida y ridicula de relatar algo que pudo haber sido relatado hermosamente. Cuanto colocho para para describir lo que perfectamente pudo hacerce con tanta termino cursi como "emparedado".
  14. Eduardo Cabarrús: (2011-01-23 14:17:21 horas)
    Que bueno que se esa recuperando el centro y en especial la sexta avenida. Felicitaciones a la Municipalidad Capitalina. Tuve oportunidad de ir hace un par de semanas. Dos cosas preocupan y es que la mayor parte de las calles aledañas a la sexta y la concha acústica huelen a miados. Los vendedores ya se empezaron a instalar en la 5a. avenida, si no los paran a tiempo y los desalojan, todo el esfuerzo de recuperación del Centro Histórico se va a perder.
  15. Amelia Carrillo: (2011-01-23 14:14:29 horas)
    A mí también me trajo una ola de gratos recuerdos. Me acuerdo de una mañana que paseaba en la sexta de la mano de mi papá y nos encontramos con el doctor Juan José Arévalo que también andaba "sexteando" como cualquier vecino. Mi papá se emocionó mucho, me explicó quien era y lo fuimos a saludar. Lo recuerdo enorme y amable. Conversaron un rato y él siguió caminando por la acera, a donde muchas otras personas se le acercaban a saludarlo. El dependiente de un almacén nos contó que solía hacerlo, que era frecuente ver al mejor presidente que tuvo Guatemala, caminar por la sexta como cualquiera de sus compatriotas, sin guardaespaldas, motoristas ni "coleros". ¡Qué tiempos! Gracias por los recuerdos.
  16. Arturo Gómez : (2011-01-23 13:41:47 horas)
    ¡Gracias por este refrescante reportaje! Nunca faltan los resentidos como Roberto Ximenej y Byron López ¿Cuál drama? aquí no hay drama sino todo lo contrario, un recorrido placentero, por un espacio que a muchos lectores nos trae buenos recuerdos. Respecto a que son las "elites" las dueñas de la sexta, parece que no ha paseado por allí últimamente. Es un espacio público, popular, agradable, que nos hacía falta a los guatemaltecos en general y los capitalinos en particular. En esta ciudad cada vez más insegura e intoxicada, son más que necesarios espacios donde podamos caminar tranquilos con la familia, valorar la maravillosa arquitectura neoclásica y el art decó del centro y disfrutar un paseo GRATIS, para todos. Es nuestra historia y nuestro patrimonio que se están recuperando. Gracias a elPeriódico por alegrarnos el día, buena falta nos hace.
  17. Dr.Humberto Azurdia Arriaga.: (2011-01-23 12:53:57 horas)
    Distinguida dama Periodista,que buen articulo,creo que a nombre de las damas y los caballeros que tenemos mas de cinco decadas tenemos que darle las gracias por recordarnos nuestra niñez,nuestra juventud y ahora nuestra edad madura pero siempre joviales de cuerpo,mente y espiritu nos trae muchos pero muchos recuerdos especialmente a los que en epoca del rock and rroll y otros ritmos de juventud anduvumos por ahi,muchos romances surgieron tambien de ese paseo y tambien muchas amistades,seguir escribiendo seria largi cuando todos tenemos nuestra o propia historia...siga adelante,desde Peten cuna de los Mayas.
  18. Claudia M.: (2011-01-23 11:40:38 horas)
    Muchas gracias por este artículo. Ultimamente el Alzheimer se esta llevando bien con mi abuelita de 87 años. Hoy domingo, luego de ir a Misa y preparar juntas el desayuno, nos sentamos a leer los periódicos. Le leí este artículo y no les puedo explicar cómo le brillaron sus ojitos. Hoy, con este artículo, sus recuerdos vovlieron y con ellos la alegría en mi casa por verla tan completa y recordando tantos detalles. Sabemos que poco a poco ella volverá a perderse con Alzheimer... pero por hoy ella me cuenta todos los detalles de cómo se vestía, con quién iba y qué vistaba en la Sexta. Gracias!!!
  19. Byron Lopez: (2011-01-23 11:35:37 horas)
    Volvió la élite a posicionarse de la sexta??? Parece ser que si, pero Guatemala ha cambiado ahora son 11 millones de habitantes, 2 millones en la capital y la élite se ha reducido a ser unos cuantos cientos... Creerán que pueden mantener el aislamiento de la sexta de 2 millones de pobres???? El tiempo lo dirá, pero los tiempos han cambiado la gente ya no soporta callada la pobreza y la marginalidad.... La élite guatemalteca mas le vale pensar en salir a pasear hacia el extranjero, miren lo que esta pasando en Túnez, es el vivo ejemplo de lo que puede pasar a la "élite" cuando el pueblo estalla.... Y esperen ver lo que va a pasar en Egipto y Europa en este 2011..... Yo realmente no me preocupo porque se que la élite no lee y hasta que enfrente las catástrofes se da cuenta de los cambios.....
  20. Ing.M.Sc. Carlos E. Hernandez B.: (2011-01-23 10:56:59 horas)
    Un articulo hermoso. No dejo de notar la influencia de "Cien Años de Soledad" con sus genealogias macondianas. En este caso La Sexta se convierte en el Macondo Capitalino guatemalteco. Me dio nostalgia recordar que antes tambien yo "sexteaba". Los cines de lujo eran el Lux (gracias a Dios todavia existe), el Capitol y el Palace. Tambien me baboseaban mis papas con los juguetes en la "Jugueteria". Cuantos recuerdos.
  21. Roberto Ximenej: (2011-01-23 10:12:43 horas)
    De brinco en brinco, zurció torcido un muy mal drama. Si antes las muertes no la divulgaban, cuando era a plomazos y hoy si. Y hoy también matan de hambre más que ayer, a pesar de que hay menos razón. También seria de darse más “colazos”, no solo por la sexta, sino también por el mercado central o la Placita Quemada y nadie está con miedos, sino más preocupados por el “chance” y como pagar la renta y la comida de mañana. Los que vivimos en el vecindario, no hemos dejado de usar la sexta o los mercados, y no nos quejamos de las intimidaciones de ayer o de hoy, con dramas zurcidos.
  22. Juan Aguirre: (2011-01-23 10:03:53 horas)
    ...la decisión de la municipalidad fue acertada. Lamentablemente - pareciera ser - la única forma en la cual las cosas pueden hacerse es de manera impositiva, aunque claro está el riesgo que conlleva el doble filo de la imposición. Ante este relato, y haber visto y palpado los resultados del cambio interpuesto por la Muni, solo puedo decir "Gracias señor Alcalde, por devolverle orden, belleza, atractivo y seguridad a la sexta." Es reconfortante saber que ahora al menos existe la posibilidad de que mis hijas también pueda ir a "sextear", como lo hicimos con mis hermanos, y seguramente lo hicieron mis papás.
subirSUBIR
  • Contacto
  • Aviso Legal
  • Ayuda
  • Nuestra Redacción

ElPeriódico de Guatemala
15 avenida 24-51 zona 13, Guatemala, Guatemala PBX: (502) 2427-2300
Suscripciones: (502) 2427-2323 / 1-801-00-GUATE / suscripciones@elperiodico.com.gt

Marca Registrada © Aldea Global, S.A. (elPeriódico)

campsite