Comunidades de aprendizaje florecen cuand docentes y alumnos aprenden.
Generalmente se identifica el proceso de enseñanza-aprendizaje como aquel en el que hay alguien que enseña y otro que aprende. Se interpreta como una actividad en la que el docente está de un lado y el alumno del otro. Se imagina una escena en la que en un extremo el docente está enseñando y en el lado opuesto, de frente, el alumno está quieto aprendiendo.
En el nuevo paradigma de la educación centrada en quien aprende, el alumno no está quieto, sino activo, descubriendo; y el docente ya no está frente al alumno, sino a la par. En el nuevo paradigma, el docente camina al lado del alumno durante su experiencia educativa.
Los docentes del nuevo paradigma “facilitan aprendizajes”. No se dedican a decir ni a instruir sino a acompañar al alumno en su propio proceso de construir nuevos esquemas mentales que le ayuden a entender el mundo y aportar con sus habilidades a la humanidad. Ellos son absolutamente conscientes de su labor mediadora y de la responsabilidad de su profesión en cuanto a promover la construcción de mundos mejores.
Mientras acompañan en el proceso, los docentes aprovechan las particularidades del educando para que los conocimientos que construya tengan absoluto sentido para su vida y le sean útiles. Mantienen un diálogo permanente y activo con sus estudiantes para conocerlos mejor. Invierten tiempo en el intercambio pues para ellos, sus alumnos son importantes, valiosos y merecedores de su atención. Así, saben utilizar lo que van conociendo de sus alumnos para guiarlos hacia conocimientos significativos.
Los docentes construyen una relación cordial y de confianza con sus alumnos al tiempo que les ayudan a descubrir saberes y desarrollar habilidades. Saben que una relación amable es muy importante para facilitar el proceso. Para aprender se necesita concentrar la atención y para hacer esto es necesario sentirse en calma, cómodos y en libertad. Por eso, diseñan una amplia diversidad de oportunidades para que sus estudiantes puedan expresarse, retarse a sí mismos y equivocarse sin riesgo para aprender a partir de sus errores.
Los docentes están atentos a los errores en cada paso que avanzan sus alumnos, no para amonestarlos sino para ayudarles a superarlos. Saben que la única manera de mejorar es sabiendo cómo hacerlo y eso es lo que priorizan en su intercambio con ellos. Procuran entender cómo piensan sus alumnos para reorientar sus creencias y sus acciones de forma que se garantice el éxito en la próxima oportunidad. Proponen actividades formativas que estimulan su capacidad creativa lo cual les permite conocer exactamente el nivel de progreso que cada uno va alcanzando para seguir dándoles el soporte que les permita llegar más alto.
Los docentes que ayudan a aprender preguntan mucho a sus alumnos porque necesitan saber lo que ellos están pensando y la manera de cómo están construyendo las ideas. Preguntan también para ayudarles a considerar otras opciones que no están teniendo en cuenta y que podrían servirles. A veces, también preguntan para encontrar juntos las respuestas, porque reconocen que no lo saben todo y que aprenden junto a sus alumnos.
En el inicio del nuevo ciclo académico, la invitación es para que todos los docentes ¡acompañemos a nuestros alumnos para ayudarles realmente a aprender!
* Catedrática de la Universidad del Valle de Guatemala.
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