Principia enero cuando embarcamos en el puerto de Miami, llevando a cuestas cuatro achacosos katunes. Lentamente, la inmensa nave empieza a tragarse a más de 2 mil 500 pasajeros. Anochece en el momento en que el Liberty of the Seas se aleja del embarcadero y se dispone a surcar el mar acogedor del Caribe. Desde un balcón altísimo y desde la octava cubierta vemos cómo un sol anaranjado se adentra en la noche, cobijándose en las frazadas del horizonte.
El buque navega hacia el Sur buscando las costas de la patria de Martí para meterse de lleno en el azul inmenso del Caribe, ese mar que surcaron las carabelas de los descubridores y los conquistadores; que surcó el Granma de los cubanos que liberaron a su país del sargentón Batista. Vienen y van las olas; se agita el mar en un instante y así también se calma; el mismo mar que como dice Neruda: “No puede estarse quieto; me llamo mar repite, pegando en una piedra”. La tarde y sus celajes, transcurre entre baños en la piscina, meditaciones entre el burbujeo del jacuzzi y caminatas por la última cubierta, mientras admiramos la costas de La Habana en donde vislumbramos el bronce de José Martí, cargando al cubanito rescatado Elián González; mientras que con el índice de la mano derecha señala hacia el Imperio, denunciando sus políticas injustas en contra de la Isla. Sigue hacia el Sur el navío hermoso, cuando la aguja de marear señala: 20 grados Norte y 86 grados Oeste. Aparecen a estribor: Costa Maya, Belice y Cozumel en donde avistamos al octogenario Bernal Díaz escribiendo con una pluma de gaviota: La Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. En un afán por imitarlo escribo en una hoja: “Un mar azul nos recibe / con su pecho generoso / nos arrulla el Mar Caribe / de caderamen vistoso”. La última estación es en la isla Gran Caimán que custodia en sus bancos el dinero mal habido de los ricachones.
Ya en tierra, escuchamos la voz de Gutiérrez Nájera: “Quiero morir cuando decline el día / en alta mar y con la cara al cielo / donde parezca sueño la agonía / y el alma un ave que remonta el vuelo”. A lo que respondo tambaleante: “Adormecida en la arena / la Luna es un resplandor / el mar se lleva la pena / la espuma brinda el amor”.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
2 comentarios: