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    Guatemala, domingo 06 de febrero de 2011

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    DOMINGO

    El Egipto que no conocía

    Desde las calles de El Cairo, Inji Hassan, una joven de 28 años, intenta cambiar su realidad. Nació y creció bajo el mandato de un mismo presidente, pero desde el martes 25 de enero otro paisaje se ha empezado a pintar en su país. En esta crónica Inji habla sobre lo que ha vivido en estos días de revuelo.

    Escuché los gritos de la multitud desde mi balcón en la medida en que grupos de manifestantes se dirigían a la Plaza Tahrir. Quería unirme pero el miedo no me dejaba. El miedo de ser acosada o atacada por los guardias de la Seguridad Nacional, el miedo a que el dolor y la humillación alimentaran en mí un odio que me hiciera perder el equilibrio, que me hiciera claudicar en mis esfuerzos por mejorar la situación sin ninguna confrontación política.


    La manipulación de los medios de comunicación y el bloqueo a Twitter cambiaron mi postura, fue tanto el enojo que no podía permanecer en casa. La llamada de una amiga me hizo salir y juntas fuimos a la Plaza Tahrir. Mi padre se quedó en casa preocupado y mi madre junto a otras vecinas se decidieron por preparar alimentos para apoyar a los manifestantes.


    Empezó en Túnez, estallaron las protestas en Sana, hubo tensión en Trípoli y terminó con coros en las calles de El  Cairo.

    Algunos lo llaman revolución, otros un levantamiento. Yo no estoy segura de que sea una revolución, pero algo impresionante está pasando. En medio del ácido olor de los gases lacrimógenos, el vinagre y los cigarros, se sintió por primera vez en 30 años un pequeño aroma a esperanza.


    Las protestas empezaron justo en el Día Nacional de las Fuerzas Armadas y por eso todo el país estaba de vacaciones. Al principio todos pensamos que saldrían unas cuantas personas a la calle y que la jornada terminaría con un par de arrestos, como siempre. Pero no fue así, ese día lo bautizamos como el Día Nacional de la Ira.


    Facebook y Twitter nos ayudaron a prepararnos. Poco a poco los mensajes con consejos para salir a manifestar fueron inundando la red. Así supe, por ejemplo, que para salir debía llevar un pañuelo o una bufanda mojados en vinagre y además en un pachón o botella más vinagre para rehumedecerlo. Me puse también mis lentes de natación, que impedían que el gas se colara en mis ojos. Otros llevaban guantes de béisbol, para tratar de atrapar las bombas de gas lacrimógeno en el aire y devolverlas a la Policía. Había que actuar rápido para darles un poco de su propia “medicina”.


    Durante las manifestaciones he visto cosas que me han sorprendido, he conocido de cerca la enorme generosidad y apoyo del pueblo egipcio. Vi, por ejemplo, a un muchacho que llenó su motocicleta con canastas de pan para ir a repartirlo entre los manifestantes. Otros llegaron con bolsas llenas de sándwiches de taameya y koshari para alimentar a los que habían pasado en la calle desde la madrugada. Un joven cargaba enormes cajas con botellas de agua sobre su espalda, para entregar a los sedientos. Los cigarros se pasaban de uno a otro, sin importar si eran desconocidos. Lo más impresionante:

    al final pasaba gente recogiendo la basura que había quedado. Todo se organizó de una forma tan rápida y efectiva. Es un Egipto que no habíamos visto, pero que es hermoso ver. En esta plaza, rodeada por miles de compatriotas, canté con orgullo mi himno nacional, por primera vez en mi vida: “Balady, Balady Laky Hoby wa Fouady” (Mi país tú tienes mi amor y mi lealtad).  Algo también sorprendente fue ver largas colas de personas para entrar a manifestar a la plaza. Entraban uno a uno, para que otros pudieran revisar que nadie llevaba armas.


    Tal vez fue el resto de la región en una erupción de ira, o quizás una reacción retrasada a nuestras recientes elecciones fraudulentas, pero algo hizo que la gente saliera a las calles. Por la tarde miles de manifestantes caminaron por Shubra (un barrio de clase media en El Cairo) y comenzaron los gritos para pedir la caída del régimen. Mi hermana fue una de las que participó en la primera ola de protestas, junto a un grupo de abogados, para estar seguros que no los iban a arrestar.


    Cada hora que pasaba, más personas se unían a la manifestación, la gente ocupaba ya el Puente Kasr que conduce a Tahrir Square, el corazón de El Cairo. A cada grito de protesta la Policía de seguridad respondía lanzando gases lacrimógenos, pero no importaba, había que seguir. Ni una palabra de esto se mencionó en la televisión árabe. A las 16:00 horas del primer día de protestas, Twitter fue bloqueado y una de las compañías más importantes de teléfonos celulares (Mobinil) bloqueó todas las llamadas que salían de la Plaza Tahrir. El Gobierno trató de parar las comunicaciones entre manifestantes, pero, a pesar de sus estrategias, la gente siguió saliendo a las calles. Pasamos varios días sin internet.


    A eso de las 12:00 de la noche es cuando empieza la situación más crítica, porque muchos de los manifestantes se van a casa, por el frío y el cansancio, entonces la calle se queda con una cantidad de gente menor y que ya es manejable para los policías. Alrededor de la 1:00 horas la Policía está ya tan hastiada y enojada que arremeten con más fuerza. Más gas lacrimógeno y balas de gomas se disparan. Los heridos son rechazados en los hospitales públicos. La Policía confiscó cerca de 10 mil sándwiches de falafel (croquetas de garbanzo). Nadie sabe qué pasará mañana, pero una cosa es segura: algo cambiará. El Gobierno no puede seguir pretendiendo que no pasa nada. Sabemos que los titulares de los periódicos egipcios de mañana van a hablar de las protestas en Líbano y no dirán nada sobre Egipto. Pero no me importa, hoy me voy a la cama sabiendo que por fin rompimos el silencio.


    Las protestas son una respuesta firme contra todas las acusaciones y lavado de cerebro que claman que el actual sistema es mejor que cualquier otra opción, también son una buena revisión de todo lo que aprendí en mis cursos de Ciencia Política. Y porque creo en lo que aprendí, veo una luz en el camino. Si el cambio no se da ahora, igualmente se dará.

    Hemos cambiado y hemos demostrado que queremos y merecemos cambiar. Y aunque todas las teorías políticas fallen en predecir qué sucederá, una teoría se mantiene en pie, Dios es justo.


    Primero, este es un mensaje para aquellas personas que dicen ser intelectuales y civilizadas, la gente que ve el caos desde arriba y expresa que “este es un pueblo de ignorantes que no es merecedor de una democracia”, como si ellos fueran los únicos dignos de gozar de una democracia solo por ser parte de una ya desaparecida aristocracia o por tener pasaportes de países democráticos a pesar de no compartir ninguno de los valores democráticos de estos países. Estos días en el centro de la ciudad por primera vez no he sido acosada sexualmente. Por primera vez vi jóvenes que no son parte de organizaciones ambientales recogiendo la basura de las calles y miles de personas unidas a pesar de sus diferencias, compartiendo alimentos y agua, intercambiando opiniones, mostrando carteles apropiados y respetuosos.


    Segundo, es una respuesta a todos aquellos que creen que la Hermandad Musulmana es la única alternativa. No los vimos en las manifestaciones y puedo confirmar que la única persona que coreó frases religiosas recibió pocos coros de vuelta en comparación a otros no religiosos.


    Tercero, es una respuesta a todos aquellos que no valoran la información y la libertad de expresión. Cualquier contribución presiona aunque sea por medio del internet. Reconozco que he sido crítica en el pasado de todos los “twiteros” por pensar que solo hablaban y se quejaban. Hoy pido disculpas por eso, gracias a esos medios el intercambio de información y más importante el sentimiento de unidad creado por los comentarios y foros nos llevó a todos afuera.


    Esto comprueba que cada individuo tiene un rol específico de acuerdo a sus habilidades. Si no fuera por estas personas que se quedaron en sus hogares tratando de intercambiar información por medio del internet y de sus teléfonos y, si no fuera por aquellos que se esforzaron en transmitir y dar una cobertura de los eventos, hubiésemos creído que los policías recibieron flores y regalos en celebración del día de la Policía y otras ridiculeces similares, cosa tan interesante que muchos medios anunciaron el fin de las protestas antes que estas verdaderamente finalizaran. Si no fuera por aquellos que compartieron información sobre cómo lidiar con gases lacrimógenos, muchos de nosotros, que no estamos acostumbrados en los rituales de las manifestaciones y protestas en países como el nuestro, no hubiésemos durado tantas horas fuera.


    Cuarto, es una respuesta a todos aquellos que acusan a la oposición política de ser traidores. Ellos se presentaron y se integraron a la multitud sin llevar insignias ni carteles de sus partidos, juntos se unieron a una causa.


    Quinto, es una respuesta a aquellos que dicen “no somos como Túnez”, no: somos como Túnez y más. No voy a negar que al inicio evalué dicho tema desde una perspectiva puramente teórica. Creía que necesitábamos una clase media amplia y educada en vez de una población polarizada entre una sufrida y empobrecida clase baja y una elite indiferente a los demás. Ayer quedó evidenciado que el pueblo egipcio está harto. Incluso aquellos que luchan cada día por un bocado de comida para sobrevivir tienen una consciencia que los motivó a actuar.


    Tras una semana de protestas la situación es dura. Tenemos toque de queda hasta las tres de la tarde y la comida en las despensas empieza a escasear.


    Mientras me retiraba de la manifestación del primer día pude sentir la confusión de los guardias de la seguridad nacional, como si pensaran “tal vez esta gente tiene razón”.


    Somos una generación que no ha sido criada bajo una cultura de confrontación pero hemos tenido el miedo inculcado en nosotros desde que nacemos. Somos una generación cuyos intelectuales han sido sometidos por el régimen en el poder y obligados a conformarse y obedecer. Es la hora de conocer las reglas del juego.

    Inji El Abd elPeriódico

    5 febrero 2011

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