“…murió uno de los cuatro señores capitán general de toda la tierra…”.
Año con año, los establecimientos educativos deben incluir en su programación de Estudios Sociales una especie de conmemoración del día de “Tecum Umam”, que es requerida por el Ministerio de Educación.
Luego de indagar desde hace tiempo entre diversos grupos escolares, me ha frustrado mucho que este acto no pase de una actividad en la que los niños deben elaborar un tocado de plumas. Las maestras les cuentan el enfrentamiento entre el valiente guerrero k’iche’ y el cruel Pedro de Alvarado, que concluye con la muerte de Tecum porque se “equivocó al matar al caballo, pensando que se trataba de un mismo ser”.
A pesar de que en Guatemala existen publicaciones que nos permiten aclarar el tema, basadas en las investigaciones etnohistóricas de Robert Carmack y Ruud van Akkeren, seguimos reciclando el mismo relato, al conferir más atención a los tintes de leyenda que al fondo histórico y cultural del asunto. Algunos historiadores dudan de la existencia de Tecum, porque Alvarado no menciona su nombre en su Carta de Relación del 11 de abril de 1524, aunque sí señala que “…murió uno de los cuatro señores de esta ciudad de Utatlán, que venía por capitán general de toda la tierra,…”. Estudios del sistema sociopolítico de los grupos k’iche’s señalan que a la cabeza se encontraban el Ajpop, el Ajpop K’amja y sus respectivos hijos mayores, el Nima’ Rajpop Achij y el Ch’uti Rajpop Achij, que ocupaban los puestos militares más altos, es decir, eran los capitanes.
Otras líneas de evidencia se encuentran en los textos k’iche’s conocidos como el Título K’oyoi y el Título Nijaib. Algunos académicos les confieren menos validez histórica desde su perspectiva occidental porque corresponden a un sistema de registro histórico distinto, el indígena. No obstante, en el Título K’oyoi se lee “tecum umam rey k’iche’ don k’iq’ab” que se traduce como “Tecum nieto (o descendiente) del rey k’iche’ don K’iq’ab. En otras palabras “umam” especifica el parentesco que tenía con su ancestro y su nombre era únicamente Tecum, y así es como aparece en otras partes de los textos.
El relato del caballo no hace más que conferir una equivocada ignorancia a los guerreros indígenas y, al mismo tiempo, daña las bases de la nacionalidad guatemalteca. Los k’iche’s ya habían tenido contactos y enfrentamientos militares con los españoles, por lo que sabían perfectamente la diferencia entre un caballo y un hombre. Lo que sí hay que aclarar es que desde tiempos muy antiguos en el mundo mesoamericano en general, se ha creído en los nahuales o espíritus protectores. Pudo suceder que Tecum pensó que al eliminar al caballo dañaría por siempre a Alvarado. O simplemente pudo ser el resultado de los fragores de la guerra. El caballo estaba más cerca de Tecum y al herirlo bajó al jinete, de lo cual Alvarado parece dejar constancia cuando dice “…y salieron con nosotros (los guerreros indígenas) hasta llegar a las colas de los caballos: y después que me rehice con los de caballo (di) vuelta sobre ellos,…”.
La conmemoración de la muerte de Tecum debe aprovecharse para instruir a nuestros escolares acerca de los elementos culturales de la civilización de los grupos k’iche’s del Postclásico y sobre las causas y efectos de la conquista española de Guatemala. Urge la actualización de los programas educativos en este y otros temas del desarrollo histórico del país.
*Catedrática e investigadora del Departamento de Arqueología de la Universidad del Valle de Guatemala.
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