Al presidente Álvaro Colom le iría mejor si no le hubiera vendido el alma a sus financistas. El ejemplo de las armas para la Policía Nacional Civil (PNC) vuelve a ilustrar el aserto.
Como ha sucedido con el Documento Personal de Identificación y el contrato para emitir los pasaportes, razones de enfrentamiento entre sus financistas y el sector económico tradicional, algo semejante aunque más complicado sucedió con el tema de las armas para la PNC.
Desconozco quién empujó el contrato que proponía Uri Zoller en nombre de Israel Weapon Industries. El hecho es que Zoller le arrancó al Ministerio de Gobernación el compromiso de comprarle 3 mil fusiles Galil ACE 31, un arma que apenas tiene un año y medio de estar en el mercado. Aquí hay varias aristas que deben ser consideradas en el análisis: a. El vendedor es un personaje señalado de tráfico ilegal de armas; b. Es un arma para la que las Industrias Militares de Guatemala no pueden fabricar las municiones; c. Del propio Ministerio de la Defensa se filtró una carta que reportaba los problemas de este rifle de asalto en el Congo. Y d. el precio del contrato adjudicado era Q10 millones más alto que el precio de mercado.
Aparte del enorme peso del Ejército y de la sobrevaloración, debe tomarse en cuenta a otros actores. El Arsenal modelo AR-M2F, el otro fusil competidor, iba a ser suministrado por Promotora Comercial, vinculada con los financistas de la UNE. Para más señas, se trata del mismo grupo que provee de medicinas al Estado, suministran el DPI y, además, tienen el monopolio del dragado de ríos. El tercer actor de este tragedia, que liquidó el prestigio de Menocal, era la Pietro Beretta, apadrinada por el Gobierno de los Estados Unidos.
No sé si Carlos Menocal pensaba obtener algún beneficio de esta adjudicación, que, como ya dije, estaba sobrevalorada. Lo que sí es cierto es que la decisión del Ministro echó a andar una maquinaria, con agentes en el Congreso de la República, dentro del propio Gobierno y en los medios informativos, que bloquearon el negocio. Fluyeron con una facilidad documentos del Ejército, una institución que, ustedes ya saben, suele declarar “secreto militar” hasta las planillas de pago de salarios. Y dentro del cuerpo diplomático, la voz tonante del embajador de los Estados Unidos se alió al grupo de financistas que rodea al presidente Colom y que están enfrentados al sector que representa Menocal.
Es evidente que Menocal cometió el error de inclinarse por una oferta a todas luces más cara. También, si es que iba detrás de una comisión, no tomó en cuenta la vehemencia con que el Ejército de Guatemala defiende sus intereses económicos. Además, menospreció el enorme poder de quienes financiarán la campaña de Sandra Torres. Y por último, pasó por alto el poder que ejerce el embajador estadounidense. Fue uno de esos casos en los que el hambre se juntó, en desmedro de Menocal, con las ganas de comer.
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