Proyecto para mejorar las condiciones alimenticias de niños y madres llega a fase final. Siete municipios considerados vulnerables son beneficiados.
Los habitantes de tres municipios de Totonicapán y cuatro de Chiquimula hacen pasteles con productos locales, juegan lotería para comprender la importancia del consumo de alimentos nutritivos y cosechan sus propias frutas y verduras como parte del proyecto demostrativo “36 meses cero desnutrición”.
El propósito del plan, que comenzó en julio de 2009, es mejorar los hábitos alimenticios de niños menores de 36 meses, mujeres embarazadas y lactantes en 7 municipios vulnerables: San Bartolo, Santa María Chiquimula y Santa Lucía La Reforma, Totonicapán; Olopa, Jocotán, Camotán y San Juan Ermita, Chiquimula.
Para crear el plan de acción unieron esfuerzos la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Sesan), el Ministerio de Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Centro de Comunicación para el Desarrollo (Cecode). El proyecto está contemplado en tres fases y termina en junio de este año.
El Cecode trabaja directamente con las comunidades. Durante estos tres años ha generado procesos comunicativos para que los pobladores se encarguen de solucionar los problemas a los que se enfrenta la comunidad en material de alimentación.
Estas acciones se celebraron mediante talleres con títeres, ferias donde los juegos tienen nombres peculiares como la “lotería de la desnutrición” y videoforos donde los actores son las mismas personas del lugar.
Otras actividades son la creación de huertos para cosechar frutas, verduras y legumbres en los hogares y las escuelas; además de crear una red de madres a las que se capacitó con temas de salud para que transmitan información del cuidado de los recién nacidos y niños pequeños a otras mujeres.
Lorena López, coordinadora de Aprovechamiento Biológico de Sesan, menciona que se esperan resultados positivos del proyecto, porque la estrategia está culturalmente adaptada a cada lugar donde se lleva a cabo el plan.
Este año, el proyecto se encuentra en la tercera y última fase. En San Bartolo, Totonicapán, el número de consultas por desnutrición ha disminuido, de diez casos extremos hoy solo quedan dos, indica Faustina Vásquez, técnica del centro de salud del lugar.
En la aldea Santa Ana un miembro del Consejo Comunitario de Desarrollo y líder del equipo de comunicación afirma que se han percibido mejores hábitos alimenticios en las personas, entre los cuales se encuentra el consumo de frutas, verduras y legumbres. Antes solo comían tamalitos o productos derivados del maíz. Ahora las personas han encontrado nuevas opciones para consumir los alimentos, debido a la creación de menús con los recursos existentes.
Cuando llegue junio y el proyecto finalice, las familias de las comunidades serán capaces de enfrentar los problemas nutricionales porque ya pueden darles solución. “Los cambios se observan a paso lento, pero seguro. Las personas de la comunidad estamos felices de contar con nuevas herramientas para cuidar mejor a nuestra familia”, asegura Vásquez.
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