El ministro dijo
que eran prematuros vulnerables.
La muerte de 17 neonatos en el Hospital Regional de Cuilapa, Santa Rosa, y en el Roosevelt fue necesaria para que el vicepresidente Rafael Espada y el ministro de Salud, Ludwig Ovalle, ordenaran la limpieza de todos los centros y cumplimiento de los protocolos de atención hospitalaria.
Ovalle describe lo ocurrido en Cuilapa como un tema “triste y sencillo (de entender)” porque se trataba de bebés prematuros cuyos pulmones no funcionaban, pesaban menos de tres libras y esto los hacía vulnerables a cualquier bacteria. El riesgo de adquirir una infección en un hospital sucede en todo el mundo, dice.
Guillermo Villatoro, epidemiólogo del Hospital Roosevelt, señala que promueven una campaña que muestra la forma correcta del lavado de manos e identificaron los utensilios de limpieza de cada unidad. Pero eso no es suficiente, pues la primera causa es el hacinamiento.
“Hay demasiadas personas. Según las normas de atención debe existir por lo menos un metro de distancia entre un enfermo y otro. En la maternidad se atienden alrededor de 60 partos diarios y de estos, 36 son normales, el resto son prematuros”, agrega.
En el caso del San Juan de Dios, explica Ricardo Mena, jefe de epidemiología, la sala tiene capacidad para 50 recién nacidos, pero atienden a 70 u 80. Para evitar las muertes 2 enfermeras examinan a los neonatos que permanecen en las incubadoras. También habilitarán una sala para los bebés que están en el programa Mamá Canguro.
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