Parece que el caso Portillo tiene conmocionada moralmente a la opinión pública. ¿Qué es lo extraño? ¿No vivimos acaso en un estado fallido? Portillo es uno entre los cientos o miles de ladrones y asesinos que campean en Guatemala. Y pertenece al gremio de los que tienen dinero suficiente y las influencias necesarias para salir libre. No es Juan Pérez robando una gallina. No es un don nadie sin recursos para defenderse. Es por si lo olvidaron, el asesino confeso y convicto que fue elegido por los guatemaltecos para ser presidente de este país. Y por lo visto, su habilidad para escapar de la justicia sigue intacta. Ya quisiera yo verlo encerrado y que devolviera el dinero. Pero también me gustaría ver a los otros en la cárcel, a los de todos los gobiernos y partidos políticos, a alcaldes, ministros, secretarias, asesores, a todos los que han hecho de Guate su alcancía. Pero aquí no pasa nada. Va también para afuera Giammattei con sus muertos a cuestas, embajador de las ejecuciones extrajudiciales en el mundo ¡Predecible y triste fauna política! Para mí no hay diferencia entre Portillo y Arzú, entre Colom y Berger. Los políticos en Guate me recuerdan al concurso de Miss Universo, un montón de cerebros siliconeados que sólo quieren ganar popularidad.
Así que ya tengo clara mi posición en las próximas elecciones. Yo no voy a votar, ni siquiera nulo. Mientras no exista cárcel por no hacerlo, no me moveré de mi casa ese día. Y si salgo es a comerme un helado o a trabajar. No me creo el cuento de que otros decidirán por mí y que entonces pierdo el derecho a reclamar. He votado desde el día que pude. He votado pensado y variado. Y no hay diferencia, todos los candidatos son perversos. Me da igual, si queda Sandra, Caballeros o cabeza dura. Me da igual si Portillo se tira de vicepresidente de Zury o si lo postulan por el Barça, el Madrid o Los Rojos. Mi vida en el pueblo sigue igual. Desde mi trinchera tengo que vivir con este sistema y cambiarlo desde mi perspectiva, con mi trabajo diario, con mi voz y mi palabra, con mis ideas. No me creo el juego de la democracia de cartón. Mi lucha va por otro lado.
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