La trata de personas y la degradación sexual.
En medio del escándalo que produce el fallo del Tribunal Undécimo de Sentencia, que favorece a Portillo y aliados, y también en medio de la lucha por lograr el favor de la ciudadanía en las próximas elecciones, la trata de personas sigue viento en popa sin que se vea el accionar de las instituciones para romper estas redes que atraviesan el continente, y provocan estragos en Guatemala, y sin olvidarnos de lo que implica ser un país de tránsito a México o Estados Unidos.
Los políticos hablan y ofrecen de todo, en sus elocuentes discursos, pero no se ven planes concretos para erradicar esta forma de esclavitud que continúa extendiéndose por todo el país. La trata de personas, además de la degradación sexual a la que hombres y mujeres jóvenes son sometidos, guarda relación con la mendicidad, con el sometimiento a trabajos forzados. En centros turísticos como La Antigua, Chichicastenango, Atitlán se mueven enganchadores, al igual que en las ciudades fronterizas, en los puertos, o en Escuintla, en donde abundan lugares que funcionan con el manto de restaurantes.
En todo esto hay funcionarios de migración, fuerzas de seguridad, hoteles o personal de hoteles que ofrecen ese tipo de servicio a extranjeros, y hasta redes de taxistas. Sin embargo, no existe una investigación exhaustiva ni vigilancia permanente que evite el tráfico y la explotación sexual de niños y niñas, y que permita la destrucción de estas redes criminales, que en el caso de los migrantes, se ha cobrado tantas vidas. Según el informe del 2010 de la Embajada de Estados Unidos, Guatemala se encuentra por cuarto año consecutivo en la lista de vigilancia y señala que: …a las víctimas extranjeras por lo general no se les ofrece asilo o residencia temporal, aunque la ley contra la trata dispone de tal autoridad. Como tal, la mayoría de las víctimas extranjeras de la trata fueron deportadas u obligadas a permanecer encerradas en las instalaciones de detención de migrantes, sin acceso a servicios especializados para la víctima”. Y agregaríamos que, probablemente, en esas mismas instalaciones se hayan producido abusos por parte de las autoridades, tal como lo han señalado investigaciones y denuncias de organizaciones de Derechos Humanos.
No somos capaces de proteger a la niñez y a la juventud, pues tal como lo señala la OIT, refiriéndose a Guatemala, “La explotación sexual comercial es un fenómeno grave debido a la impunidad con el que operan las redes organizadas que se benefician económicamente de este ‘negocio’ y la tolerancia social que hay frente al mismo”.
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