Conocí a Miguel Ángel Asturias en los años cuarenta del siglo pasado, cuando como amigos él y su esposa de entonces, Mencha Amado –madre de Gaspar Ilom–, frecuentaban la casa de mis padres tanto en Guatemala como más tarde en México, momentos en que el futuro Premio Nobel residía como exiliado político debido a discrepancias con el régimen ubiquista.
Miguel Ángel formaba parte de esa “Bohemia” chapina de entonces, muy talentosa –Flavio Herrera autor de El Tigre, entre varios otros–, pero muy estilizada; lo que provocaba broncas domésticas en el seno de los Asturias más allá de lo normal, de manera que Mencha, pasados los años y harta de la situación, se separó del escritor.
A él lo cooptó y alejó de la bebida una señora argentina, Blanca, –su segunda esposa–; pequeña de tamaño pero fuerte de carácter que metió en cintura al Nobel, pero a la vez lo castró de su creatividad literaria. En efecto, las grandes creaciones de Asturias fueron exclusivas de su época bohemia y de etilismo.
Años más tarde, ya Premio Nobel, un poco inflado de su importancia, vino a Guatemala; a compartir en un coloquio de crítica literaria con la participación de varios insignes críticos y profesores universitarios de la San Carlos.
Lo que retuvo a este columnista de tan enriquecedor coloquio fue la conclusión de una obra literaria, texto, artículo de prensa que le pertenece, al ser publicado, tanto al lector como a su mismo autor. Este último, cuenta, informa, transmite de acuerdo a su mejor criterio, capacidad o talento. El lector juzgará de acuerdo a su propia cultura –o falta de ella–, a sus propias emociones que por lo general estarán influenciadas por su experiencia, percepción de su vida y de su entorno.
La anterior columna de este articulista, que ante su propia sorpresa ha levantado tanta emoción, no buscaba sino describir, al estilo propio de Casandra, lo que todos sabemos: la mujer es golpeada con frecuencia por su hombre en estado etílico; práctica desafortunada que ha venido siendo arrastrada por siglos en todo tipo de sociedades.
A pesar de esa situación –el artículo lo puntualiza– la mujer se ha impuesto cada vez más en todas las actividades profesionales, ello con celeridad y ante el inusitado espacio abandonado por el hombre.
Esa situación es irreversible –para bien o para mal, y eso lo juzgarán las próximas generaciones. Punto y aparte…
Si el artículo fue leído e interpretado de forma diferente por algunos lectores, ello es tanto su derecho como lo es, también, el del autor haberlo escrito a su manera, estilo e intención…
¿O será que la libertad de expresión se mide “a según y como?…
Tema del próximo de Casandra: “Cri Cri el grillito cantor”, quizás le encante a cierto articulista de por ahí, que parece considerarse él mismo el “nec plus ultra” de la prensa nacional…
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
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