Bienvenido Argueta, publica un estudio sobre el Instituto Agrícola de Indígenas, un proyecto de Reyna Barrios que pretendía educar a los pueblos mayas, pero lejos de una avance en el reconocimiento a sus derechos se convirtió en una nueva forma de sometimiento.
El edificio era imponente. Ocupaba más de una cuadra y era más suntuoso que la Escuela Politécnica. Era 1893 y aquella construcción iba a albergar un Instituto específico para estudiantes indígenas. Parecía una medida digna de aplauso, por fin un Gobierno tomaba en cuenta a los pueblos mayas y los incluía en la educación hasta entonces vedada. Pero no era tan bueno. Las clases, además de matemática e idioma español, incluían técnicas de cultivo y de riego y de todo lo que tiene que ver con el campo. Porque la intención de educar no era hacerles partícipes de todos los ámbitos laborales posibles, sino capacitarles para el único que se les permitía, el campo.
La educación de los pueblos mayas empezaba con mal pie, con pisadas racistas, con discursos como los de Vicenta Laparra: “Cuando los indios, viendo otro método de vida, olvidasen su pasado, se encariñasen con el aseo, fuesen votando el pelo de la dehesa, aprendiesen el idioma castellano y supiesen leer y escribir; pasarán a los institutos nacionales y cuando su cerebro estuviese preparado para recibir la luz se les hablará de historia y se les haría comprender que si los conquistadores les tiranizaron, fueron españoles y descendientes de españoles los que dieron el glorioso grito de independencia. Se les probaría que si los naturales no ganaron gran cosa con la libertad de Centro América, culpa fue de la época y no de los padres de la patria”.
El libro es el primero de una trilogía que abordará el racismo en la educación guatemalteca. En esta entrevista Argueta habla sobre el estudio que patrocinó la cooperación alemana y que fue presentado el pasado miércoles.
El libro se llama “El nacimiento del racismo en el discurso pedagógico”. ¿Cuándo nació, o acaso no hubo siempre racismo?
– Sí, hubo racismo desde el comienzo. En las memorias de Alvarado se ve, aún desde el primer contacto que tuvo Colón.
Pero lo que ocurre es que en el discurso pedagógico, como discurso científico, forma parte de toda una estrategia de recambio en los fundamentos del racismo y en la forma como se va a ejercer el poder. No es ya la simple esclavitud o fundamentar el rechazo hacia ellos porque no creen en el dios de la Iglesia católica, ahora se busca un fundamento efectivo para poder replantear la relación con los indígenas, pero siempre desde un posicionamiento de una civilización superior que operará sobre otra que es inferior y que corre el peligro de desaparecer en la evolución de la humanidad. Entonces, bajo una racionalidad distinta al final de cuentas, se les somete. En el pasado, el discurso pedagógico no había sido tan fundamental en esta tarea.
¿Cómo nació el Instituto Indígena de Educación Agrícola?
– En el período de José María Reyna Barrios se da por primera vez una política de vinculación entre la política económica, política de empleo y política educativa. En ese tiempo surgen tres eventos que al final dan pie al nacimiento del Instituto. Primero, se crea un decreto que erradica la Ley de Jornaleros y las habilitaciones que obligaban a los indígenas a trabajar en las tierras. Era un cambio radical del trabajo forzado hacia el trabajo basado en la libertad de la contratación, pasando por la educación y capacitación de los jóvenes indígenas para producir más para las fincas cafetaleras y azucareras del país.
En segundo lugar, Reyna Barrios promovió un concurso sobre cómo “civilizar a los indios guatemaltecos”, en el que pedía propuestas con la mínima cantidad de recursos y sin usar violencia. El certamen lo ganó Ignacio Solís y en tercer lugar quedó Antonio Batres Jáuregui.
El tercer evento, fue el primer Congreso Pedagógico Centroamericano, a petición de la Academia de Maestros.
Paralelamente, la intelectualidad en Centro América estaba preocupaba por modernizar los países y entrar a una dinámica inspirada en la Ilustración.
¿Era la primera vez que indígenas recibían educación formal?
– En la Colonia ya existía el reclamo de incorporar a los niños indígenas a las escuelas; sin embargo esto no era el ejercicio regular, de hecho se da como un fenómeno sujeto a la discrecionalidad de los religiosos. La justificación de la creación de la Universidad de San Carlos fue para que los hijos de los criollos pudieran estudiar. No obstante, ya en la época liberal se hace un esfuerzo porque todos los niños vayan a la escuela. Se pedía al Jefe Político que escogiera a algunos niños indígenas para becarlos y que estudiaran, pero no era una política clara ni era a la mayoría.
¿Qué se enseñaba en el Instituto Agrícola? ¿Eran las mismas clases que en las escuelas regulares?
– En este momento, se hacen planteamientos de educar a los indígenas y basados en la ideología de la época se establece en qué consiste la instrucción de acuerdo a su propia naturaleza e inteligencia y en base a los principios científicos. Básicamente lo que dicen esos principios es que a los indígenas hay que darles el idioma castellano para que aprendan a leer y escribir, la matemática fundamental, las maneras en la mesa, las maneras básicas para ser “civilizados”.
Pero los dos componentes principales son una militarización del cuerpo indígena con una serie de ejercicios militares y una militarización a través de señales donde más que reflexionar ellos deben reaccionar ante una señal. Y por último, y lo más fundamental, es la enseñanza agrícola. La idea era que al final de toda su educación ellos podían regresar y reeducar a sus comunidades, pero siempre bajo los contratos especificados por los dueños de las tierras. Adicionalmente, lo que se hablaba es que esto también iba a permitir una dinamización de la economía dado que se le creaban al indígena nuevas necesidades, que iban desde la forma de comer hasta la de vestir.
Es decir, se les educaba para producir.
– Estaban para producir la tierra, esa era su función. Por eso la parte de educación militarizada los volvía dóciles u obediente y a la vez les enseñaban nuevas formas de agricultura para mejorar la producción. Lo que está en el trasfondo es una nueva pedagogía que lo que establece es un racismo total. Antes del Instituto los dueños de la tierra estaban teniendo problemas en el reclutamiento de mano de obra forzada porque los campesinos se sublevaban y se marchaban o no producían lo necesario, y parte de esta experiencia es demostrarles que con la educación iban a conseguir mejorarlos para el trabajo.
Se suspende la Ley de Jornaleros, pero existe un mayor control porque aunque a todos los indígenas ya no se les da la libreta para registrar si hacían su habilitación o su trabajo obligatorio en fincas, se les obliga a tener cédula. Parecería una mejora, pero en realidad la cédula les daba la posibilidad de controlarlos más.
Si bien es cierto había un discurso que decía, hay que emancipar al indígena, prácticamente lo que se estableció fue la figura de un salvador que al final de cuentas decidía, el que controlaba y al que había que seguir.
Un racismo paternalista, les hacían creer que era por su bien.
– Lo que articula es un nuevo racismo que ya no va a estar inspirado en las teorías religiosas que fundamentaban el sometimiento de los indígenas sobre la base de que debían ser cristianizados, sino que ahora se plantea que el indígena debe ser emancipado, pero esa emancipación se convirtió en un nuevo sometimiento. Lo que se plantea es que los indígenas deben ser educados para la agricultura, que no deben tener más de tres años de educación y que por su propia naturaleza tienen que estar siempre bajo el mando de los ladinos.
Lo curioso es que en términos del debate se establecen condiciones que van a perdurar durante todo el siglo XX, porque la pregunta que nos hacemos ahora, es si efectivamente la educación actual es favorable para los jóvenes indígenas, o si sencillamente seguimos jerarquizando un país y generando condiciones de un ordenamiento social político donde siguen siendo siempre los que producen riqueza, pero no los que no reciben los beneficios.
¿Cómo responde esa pregunta?, ¿seguimos igual?
– Yo creo que en muchas cosas sí. Ya se hablaba con el Instituto de la posibilidad de que también las mujeres indígenas se dedicaran a la agricultura, y ahora nos encontramos con experiencias entre comillas más innovadoras que son precisamente las mujeres indígenas produciendo. Pero no hay condiciones que favorezcan la superación de una economía basada en una agricultura primitiva, ni una igualdad de oportunidades.
Habría que considerar si realmente estamos consiguiendo una emancipación o si solo estamos incrementando la eficiencia en los regímenes de dominio que se tienen ante estos pueblos.
Es impresionante el texto de Vicenta Laparra, que les trata como seres inferiores que deben agradecer que les van a ayudar.
– Pero no solo es Vicenta Laparra sino toda una época que encuentra en esa manera educativa la justificación, la posición de racismo bajo otros parámetros. Ellos dicen que científicamente los indígenas no han evolucionado y que están en riesgo de desaparecer y entonces ellos, siendo sus salvadores, los van a reanimar pero a costa de ellos mismos.
Lo dicen los mismos alumnos. En uno de los textos el muchacho agradece que les van a “civilizar”.
– Es lo que se reconoce como la relación del amo y esclavo, para que haya un amo tiene que haber un esclavo. Ese texto se publica en Kaqchikel junto a otros testimonios de alumnos. Desde su posición establecen la superioridad del ladino, pero también de occidente, hablan de que la Ilustración es europea y ellos mismos se reconocen como que necesitan ser salvados. Pero hay una parte en la que dicen “esa es vuestra patria” y eso genera malestar, algún intelectual guatemalteco publica una columna molesto les dice, cómo es posible que nosotros les damos la oportunidad y ustedes ahora nos rechazan y nos salen con que esa es nuestra patria, si también es de ustedes.
Parece que nos seguimos negando a la educación bilingüe. En muchas escuelas la llevan hasta tercero primara y luego solo español.
– Aun y cuando se ofrezca la educación bilingüe la pregunta es, si esta solo garantiza que se aprenda bien el castellano y que aprendan las cosas que occidente quiere que aprendan o constituye una práctica y una oportunidad para que la niñez y juventud indígena sean educados en sus propios términos y aspiraciones culturales.
¿Se puede conciliar sus términos y los nuestros?
– Yo creo que se puede perfectamente y en algunas experiencias se ha logrado. La idea del libro no es sustituir un discurso por otro, sino más bien ver cómo nosotros desde occidente podemos poner límites a nuestra propia racionalidad ya que a fin de cuentas hay líderes indígenas que pueden plantear sus propias ideas y proyectos.
Pero no tienen eco.
– Claro, no tienen eco, es una lucha permanente. Pero hay que tener cuidado con proponer nuevos salvadores, porque un nuevo salvador implica también un nuevo dominado. Ahora hay más educadores indígenas que tienen mayor conciencia con proyectos integradores y vale la pena seguir apoyándoles, y que ellos hagan sus propios planteamientos.
¿Por qué se terminó el Instituto?
– Duró cuatro años, entra crisis como consecuencia de dos cosas: la primera, es la crisis del café; en su tercer año el Instituto tiene que operar con solo la mitad del presupuesto con el que venía funcionando. La otra parte, es que Reyna Barrios da un golpe de Estado y al octavo mes lo asesinan, y Manuel Estrada Cabrera suprime de inmediato el Instituto y le otorgan las instalaciones a la Escuela Normal. Pero más importante es una sociedad con un grupo dominante y conservador que hasta la fecha promueve el racismo en el aula.
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