Manuel Baldizón, Harold Caballeros, Patricia de Arzú y otros candidatos aluden con frecuencia a temas religiosos en sus discursos.
Los centenares de personas, provenientes de diferentes puntos del país, que llenaron la Plaza de la Constitución el 12 de junio, siguiendo las instrucciones del líder que los arengaba desde la tarima, levantaron las manos al unísono para pedirle ayuda a Dios.
No se trataba de un culto religioso, sino de la asamblea general del partido Libertad Democrática Renovada (Lider), cuyo presidenciable, Manuel Baldizón, ha impregnado su discurso político con un fuerte tono mesiánico.
Otros partidos que siguen esta tendencia incluyen Visión con Valores (Viva), el cual utiliza spots radiales y televisivos que resaltan la figura de su candidato, Harold Caballeros, como “un hombre de fe”, y el Partido Unionista (PU), con la candidata Patricia de Arzú, quien se define como “una mujer que ha dedicado su vida al servicio de Dios” y que alude a designios divinos cuando se le cuestiona sobre su participación en la contienda electoral.
Renzo Rosal, politólogo de la Universidad Rafael Landívar (URL), hace notar que el discurso religioso en el ámbito político se remonta a los mandatos de Efraín Ríos Montt y Jorge Serrano Elías, pero ha dominado esta campaña más que las anteriores.
Lo que subyace en el uso del discurso religioso como estrategia de campaña, afirma Virgilio Álvarez, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), es la incapacidad de una gran cantidad de políticos de “presentar propuestas reales y hacer un debate ideológico”.
Álvarez interpreta esto como “un empobrecimiento de la política” y afirma que se corre el riesgo de “justificar el autoritarismo” con un discurso religioso radicalizado y darle tintes teocráticos a un sistema político supuestamente laico.
Rosal coincide con Álvarez y califica el discurso mesiánico como “fácil”, ya que “deja por un lado la discusión en términos políticos” y “pretende atender las necesidades del individuo y no de la sociedad en su conjunto”.
A estos argumentos Fridel de León, estratega de Lider, responde que “el llamado a Dios no es un tema de campaña sino algo muy personal de Manuel Baldizón”. Insiste en que no es un discurso excluyente, porque “en Guatemala un 90 por ciento de la gente cree en Dios”.
Rosal vaticina que “el discurso religioso está llegando para quedarse” y considera que Lider ha sido el partido que más hábilmente lo ha utilizado porque lo ha sabido adaptar a cada uno de los “canales de márquetin político que emplea”. En el caso del PU, en contraste, “el discurso ha sido demasiado reiterativo” y disonante con los mensajes de su esposo, el expresidente y tres veces alcalde de Guatemala, Álvaro Arzú.
En el caso de Viva, agrega Álvarez, “el hecho de basar el trabajo del partido en las redes religiosas ha ido marginando a los no creyentes”, lo cual se ha traducido en dificultades para obtener el respaldo financiero de los grandes poderes económicos del país.
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