Un hombre de varias aptitudes: la medicina, la docencia, la historia y la veterinaria, pero sobre todo un investigador: Carlos Enrique Tejada Valenzuela.
Carlos Enrique Tejada Valenzuela creció bajo las estrictas reglas de un químico farmacéutico, Carlos Tejada Aguirre, su padre, y bajo los cuidados de su amorosa madre, Dolores Valenzuela, ama de casa. Su infancia y juventud sucedieron en el laboratorio familiar, y así descubrió la primera de muchas vocaciones: médico.
Segundo de dos hermanos, Tejada estudió en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), casa de estudios de donde obtuvo el título de Médico y Cirujano en 1951. Poco después viajó a La Habana, Cuba, donde se hizo patólogo, y más adelante continuó su preparación y práctica en la Universidad de París. Concluyó su viaje de estudios en la Universidad de Harvard, en el Mass General Hospital, de Massachussets, en 1954.
A su regreso a Guatemala se convirtió en el director de Patología de la Facultad de Medicina de la Usac y el jefe de la División de Patología Clínica en el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (Incap). Fue uno de los científicos reclutados por el profesor Nexin Scrimshaw, primer director de esa institución. En su hoja de vida, 9 de las 25 páginas consignan sus 93 escritos, entre libros, informes e investigaciones que hizo en el mundo. Estos trabajos fueron traducidos al castellano, al inglés y al francés.
Leonardo Mata, un colaborador durante las investigaciones de esa época en el Incap, detalla el apoyo que brindó Tejada para el envío de miles de exámenes de laboratorio de niños de Santa María Cauqué hacia Costa Rica, para concretar un diagnóstico pionero sobre el rotavirus en niños en 1970.
Entre sus publicaciones destacadas, y de mayor difusión en el mundo, está la comparación de lesiones tempranas de ateroesclerosis en Nueva Orleans, Guatemala y Costa Rica, en noviembre de 1957. Cabe mencionar el estudio que hizo sobre la comparación entre pacientes diabéticos estadounidenses y guatemaltecos en 1962. Sus letras y conocimiento fueron patrocinadas por editoriales como McGill y periódicos como el Journal Nutrition, de Estados Unidos.
Susana Icaza, exdirectora de la escuela de Nutrición y Dietética, reconoce en la obra de Tejada un valor trasnacional, y es que sus investigaciones y su trabajo como educador no conocieron fronteras y los resultados se multiplican día con día a través de sus exalumnos.
A finales de 1970, el doctor Tejada se retiró de su labor en el Incap y regresó a las aulas universitarias. A sus 45 años descubrió que quería ser licenciado en Historia y Estudios Sociales, y se graduó de nuevo de la Universidad de San Carlos.
En otra faceta de su vida, lejos de la medicina, le surgió otra inquietud: a finales de los ochenta compró una finca a la que nombró Palo Blanco. Allí fundó una empresa familiar cuya actividad es la producción lechera. Su hato es uno muy particular donde realizaba experimentos y estudios autodidactas acerca de la inseminación artificial en vacas Jersey. Esa fue otras de sus pasiones, la inseminación artificial para la crianza, venta y exportación de caballos deportivos.
Sus hijos (tuvo seis) lo recuerdan frente a un pizarrón enseñando a sus trabajadores sobre anatomía animal. Con la labor docente que siempre realizó, ya en sus últimos años de vida, Pilo, como solían decirle sus amigos y hasta sus nietos, decidió improvisar aulas en su finca y alfabetizar a los campesinos de alrededor de su finca.
Palo Blanco produce más de 500 litros diarios de leche. Estos son pasteurizados para distribuirla en toda la capital en carros repartidores que hacen sonar sus bocinas para avisar que la leche está en la colonia. Vio su sueño cumplido, que era asegurar un alimento con las cantidades exactas de vitaminas cada mañana a cada consumidor.
Tejada sobrevivió a un trasplante de hígado hace 10 años; en enero de este año los médicos le detectaron problemas en su corazón y pulmones. El 3 de mayo cerró sus ojos para siempre, a los 86 años, justo 2 semanas antes de cumplir 60 años de casado con Isabel Castillo de Tejada.
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