Un informe entregado al MP y elaborado por el Escuadrón Guatemalteco de Perros de Rescate revela la existencia de un punto donde se cree que estuvo Cristina.
La investigación sobre la desaparición de Cristina Siekavizza, vista por última vez por su esposo, Roberto Barreda, el 7 de julio del año en curso, arroja una gran cantidad de dudas pero pocas respuestas. Un día después del hecho, el Escuadrón Guatemalteco de Perros de Rescate (EGPR) llegó al lugar en que la víctima meditaba por las mañanas.
Los hallazgos son concretos, pero conllevan más preguntas que respuestas. Según el informe del EGPR y trasladado al Ministerio Público (MP), en las áreas verdes del residencial se encontró un punto caliente, lo que significa que ella o algo de su propiedad estuvo ahí. Sin embargo, en el área analizada por la perra de búsqueda no se localizaron rastros de continuidad.
Esto quiere decir que el canino olfateó que Cristina estuvo ahí, pero no el trayecto que la llevó hasta ese punto. En el informe se indica que la perra marcó ese lugar como caliente, pero que los animales no pueden establecer con cuánto tiempo de antelación estuvo en el lugar, por lo que Cristina pudo haber estado ahí 1 o 2 días antes del 7 de julio. En el documento se marca el hecho como algo nunca antes visto en búsquedas.
Norma Cruz, directora de la Asociación Sobrevivientes, asegura que el hallazgo es contundente y que Cristina “no estuvo en ese lugar el día de su desaparición. Ella sí iba ahí, pero no fue ese día”, concluye. La activista respalda su tesis con el hecho de que la víctima no fue vista por nadie esa mañana afuera del condominio.
elPeriódico publicó ayer una nota la cual revelaba que los guardias, que rondan desde tempranas horas la colonia, no la vieron esa mañana. Por ahora no hay un solo testimonio que asegure haberla visto en la calle.
De acuerdo con el informe del EGPR, durante el operativo del 8 de julio se utilizaron 2 perras. Una que rastreó específicamente el olor de Cristina y otra que buscó solo presencia humana. Si la víctima hubiera sido enterrada en el área verde, la canina la hubiera encontrado, pero eso no sucedió.
La perra olfatea cualquier tipo de presencia humana, detectó un punto caliente en el río que está debajo de las áreas verdes, pero es imposible establecer quién estuvo ahí. El EGPR buscó durante cuatro horas y media y la mayor parte del tiempo, al menos tres horas, estuvo lloviendo.
Lo cierto es que el EGPR llegó un día después, por lo que se topó con una escena contaminada. Un día antes al lugar habían llegado bomberos, policías e incluso familiares de la víctima.
“En Guatemala la institucionalidad no tiene una cultura que permita desarrollar la lógica de la utilización de perros de búsqueda en este tipo de operativos”, explica Luis Carlos Maldonado, comandante del EGPR, quien lamenta que las instituciones del sector de justicia no hayan contactado con ellos desde el principio. “Oficialmente, no nos convocaron”, cuenta, porque su presencia respondió a una invitación de la familia de Cristina y no a un llamado institucional de los aparatos del sector justicia.
Un contingente del Ejército y fiscales del MP acudieron ayer a las áreas verdes de Manantiales, condominio en que vivía Cristina, en la carretera a San José Pinula. El objetivo del operativo era buscar a la víctima tomando como base los puntos que las perras habían señalado hace casi un mes.
La diligencia estaba programada a las 7 horas, y la fiscalía llegó con 1 hora de retraso. A criterio de Cruz, el propósito de la búsqueda era confirmar los hallazgos hechos un mes antes por el EGPR y que los fiscales documentaran los mismos, puesto que la búsqueda con perros se hizo sin la presencia del MP.
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