Hoy recordé un pasaje de la Historia de la Mafia, de Giuseppe Carlo Marino. El mafioso le dice al fiscal: “Entonces, doctor, ¿llegamos a un acuerdo? ¿Podemos volver a la vieja gestión, sin homicidios, sin fastidiar demasiado al Estado?”
El mafioso chapín se quiere sofisticar y ayer quiso culminar su obra comprando a 4 jueces para que dictaran orden de captura en mi contra, por la bicoca de Q200 mil. No lo logró. Aquí estoy, en mi casa todavía, sentado frente a mi laptop escribiendo esta postal.
Al mafioso le dolió que contara una parte mínima de su historia y no me lo perdonará jamás. Me vigila. Me pone trampas. De inmediato contrató a un conocido publicista y estratega para enfrentar con éxito la inédita situación en que lo puse. No imaginó que Aristegui, de CNN, había leído la historia que conté, la del mafioso que roba propiedades, que atentó contra su tío Byron Berganza en dos oportunidades, entre otras cosas, y que se iba a volver globalmente famoso.
Aquí estoy, señor Item, sentado frente a mi máquina, fiel a mi oficio de periodista, inerte, sin los 50 custodios que usted acostumbra. Aquí lo espero.
Llegue a un “acuerdo” con otros jueces o vuelva a su acostumbrada gestión de homicidios.
En todo caso, ya le gané. Le quité la careta. No obstante, acepto su lema de Chapulín Colorado: Ustedes “los buenos”, mafiosos, son menos, pero pueden más.
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