Después de meditarlo, he decidido votar públicamente. Este voto no representa a nadie más que a mí. Ni a la institución para la que trabajo, ni a nadie. Ni representa una adhesión a ningún partido ni un cheque en blanco para dejar de cuestionar a los candidatos por los que vote; es más, una promesa de fiscalizarlos.
Empezaré por la alcaldía metropolitana. Después de dos años de haber escuchado en su programa de radio sus argumentos, sus conocimientos sobre urbanismo y cultura ciudadana inspirada en experiencias como la de Mockus, y sus posiciones públicas sobre temas nacionales, ha superado mis juicios sobre su pasado arzuísta y me ha convencido. Votaré contento por Quique Godoy, de Compromiso Ciudadano. Que uno de mis hermanos, que milita en Encuentro por Guatemala, sea candidato a concejal solo aumenta los argumentos. Esa relación familiar, por cierto, hizo que me inhibiera de participar en la elaboración, reporteo y edición del perfil que publicamos de Godoy en Plaza Pública. Ojalá que Álvaro Arzú copie el programa de gobierno de su exvicealcalde, que tiene licencia de Creative Commons.
Otros votos que me resultan cómodos son para el Congreso de la República. A pesar de otras ofertas buenas (como ADN), por el Listado Metropolitano votaré contento por Javier Monterroso, del Frente Amplio (URNG, Winaq). Me identifico con su visión de país, su trabajo previo en el Congreso y sus propuestas políticas, y estaré tranquilo de tenerlo como mi representante distrital en el Legislativo para modernizar el país.
En el Listado Nacional votaré contento por Nineth Montenegro. Por su historia, por su trabajo de fiscalización, por sus éxitos legislativos como las leyes de transparencia para las Comisiones de Postulación. Eso sí, me gustaría que retome sus orígenes más demócratas, trabaje por la justicia social y busque desde 2012 alianzas en el centro y la centroizquierda y no en la extrema derecha. Y ojalá que en 2015 se lance de candidata presidencial.
Para el Parlacen no lo tengo fácil. Su falta de poder me invita a anular el voto. Pero Alejandra García, de Encuentro por Guatemala, es la mejor candidata, aunque la hubiera preferido en el Congreso. Conozco su capacidad y su trabajo previo como abogada y por eso votaré por ella.
Para la Presidencia será el voto más difícil, más incómodo. Terminaré decidiendo frente a la papeleta. Aunque son políticas que me gustan, no votaré por Rigoberta Menchú ni Adela de Torrebiarte, porque creo que deberían haber optado por el Congreso en vez de campañas presidenciales sin posibilidad alguna. Y el resto me parecen todos pésimos, chatos, aburridos, sin ambiciones de reformar este país y convertirlo en uno más justo, más democrático y más próspero. No hay ningún líder moderado que me inspire. Un aspirante a Lula, Obama, Bachelet, Mockus o Juan Manuel Santos. Me hubiera gustado ver ahí a guatemaltecos excepcionales, progresistas, que se encuentran cómodamente en el activismo, la academia, sus empresas o en organismos internacionales.
No me gusta el conservadurismo ni el pasado militar de Pérez Molina, aunque en el debate de CNN se mostró como el mayor conocedor del Estado y, paradójicamente, el más moderado. Suger me parece anecdótico, desconocedor de todo y senil. Y Baldizón me parece el más populista y peligroso para la democracia y para el país. Como dibujó Juan Daniel Ríos en una caricatura: pato, pato, pato y no hay ganso. Realmente no sé qué haré con esta papeleta. Tachar y prometer fiscalización. www.MartinRodriguezPellecer.com
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
25 comentarios: