Un cuarto de siglo después, Arzú queda reducido al espacio político donde arrancó, la capital. A diferencia de otros partidos que precipitaron su caída por desangramiento de cuadros y líderes regionales, el Unionista llega casi intacto a su ocaso. Fueron errores de estrategia en el último tramo, no agotamiento de proyecto, la causa de su derrota.
Pocas veces en estos 25 años el alcalde contó, como ahora, con aliados tan generosos en el Ejecutivo. Al 30 de junio los recursos que le transfirió el Gobierno sobrepasaban los Q135 millones y las colocaciones a la Fidemuni representaron otros Q355 millones, no obstante que el Artículo 257 de la Constitución prohíbe asignaciones adicionales a las municipalidades en el Presupuesto General del Estado.
Esos montos, sumados a los más de Q400 millones del aporte Constitucional y del IVA-Paz, rebosaron las arcas municipales con unos Q900 millones de transferencias.
Es decir, Arzú tenía recursos sin precedentes para exhibir obra. Su campaña, aunque tardía, fue de buena calidad, pero tampoco podía quejarse de no estar en el foco publicitario. Durante sus últimas dos gestiones ha aparecido casi a diario en la televisión (el medio de información política para más de la mitad de los electores), con notas siempre favorables.
El natural desgaste en el ejercicio del poder solo podía mitigarlo, y hasta revertirlo, con una buena estrategia. Pero allí estuvo su talón de Aquiles. ¿Por qué un político experimentado, de poco análisis pero buen olfato, se equivoca infantilmente en el abordaje de su campaña?
Algunos dicen que lo traicionó el ego. Otros –integrantes de su equipo– piensan que “enloqueció”. Rasgos personales al margen, Arzú hizo desde el principio una apuesta a “todo o nada”. Y aun reteniendo por estrecho margen la municipalidad, perdió. ¿Por qué una apuesta tan arriesgada? Necesitaba afianzar su poder, concentrándolo, y en la pobreza general de liderazgos políticos y desorientación de agentes económicos, calculó un margen de oportunidad holgado.
Por ahora queda en condición de debilidad. Está en riesgo para él la discrecionalidad absoluta con la que ha dispuesto, durante tantos años, de los recursos públicos, por medio de fideicomisos y contratos de administración con ONG y organismos internacionales. Como nunca, tendrá una corporación municipal fragmentada, y en el Congreso apenas contará con apalancamiento. Quién sabe cómo le irá con el próximo poder Ejecutivo. Además, no puede perder de vista el blindaje de las cortes de justicia. ¿Qué le queda? Reinventarse, enconcharse o arriesgarse más, hasta el punto de tentar el suicidio político.
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