El presidente Álvaro Colom y los líderes de la coalición oficialista (UNE-Gana) han mostrado su enorme satisfacción por los logros obtenidos en las elecciones legislativas y municipales celebradas el pasado 11 de septiembre.
Según los oficialistas, la coalición UNE-Gana logró 48 diputados al Congreso y 136 corporaciones municipales, o sea que controlarán el 30 por ciento del Congreso y el 41 por ciento de las municipalidades.
No obstante, si esto se compara con los resultados obtenidos por la UNE-Gana en las elecciones legislativas y municipales celebradas el 9 de septiembre de 2007, no pareciera que hubo muchos avances que digamos. Veamos por qué.
El partido oficial, en los comicios legislativos de 2007, obtuvo 51 diputados al Congreso, mientras que la Gana (que abiertamente apoyó a la UNE en la segunda vuelta) logró 37 diputados. Es decir que entre ambas organizaciones políticas obtuvieron 88 congresistas, o sea el 56 por ciento de los diputados. Sin duda, esta mayoría permitió al régimen de Colom endeudar hasta las cachas al país y llevar a cabo el gasto en clientelismo político más escandaloso en la historia de Guatemala. O sea que la coalición UNE-Gana bajó de 88 a 48 diputados, es decir 40 diputados menos. Entonces, ¿hubo avance o retroceso?
Además, la UNE, en los comicios municipales de 2007, obtuvo 103 corporaciones municipales y la Gana, 77. O sea que entre ambas organizaciones políticas lograron 180 municipalidades, lo que equivale al 54 por ciento de las municipalidades. De esa cuenta, la coalición oficial bajó de 180 municipalidades a 136, o sea 44 menos. Entonces, ¿hubo avance o retroceso?
Pero ¿cuál ha sido el costo para el país de asegurar al oficialismo la retención de 48 diputados y 136 alcaldías?
Gigantescos presupuestos estatales desfinanciados de más de Q55 millardos durante 4 años y un endeudamiento público incremental de, por lo menos, Q30 millardos y sin contar la deuda pública flotante (de Q10 a Q15 millardos) destinada principalmente a burocracia, negocios y clientelismo político; en detrimento, por supuesto, de los servicios públicos (seguridad, justicia, salud, educación, infraestructura física, etcétera). ¡Qué tal!
De lo que sí estamos seguros es que el país habrá retrocedido al final de los cuatro años del régimen de Colom. ¡Ni vuelta de hoja!
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