Al comenzar la semana que viene, Guatemala tendrá un nuevo presidente electo. Desde una perspectiva puramente electoral e inmediata, quien tiene un reto por vencer es el general Otto Pérez, del Partido Patriota, porque Manuel Baldizón, incluso si pierde, ya ganó en esta contienda.
Para nosotros y para nuestro país, la situación es de vida o muerte. Sea quien sea el triunfador, enfrentamos el desafío de sacudir al sistema y encarrilarlo por una senda diferente. Si no lo logramos, el escenario solo nos ofrece un deterioro creciente.Voy a comenzar por explicar la coyuntura para los candidatos y por qué esta le impone una mayor carga a Pérez Molina, quien ha encabezado, hasta hoy, la intención de voto y se juega la vida este domingo.
En efecto, su gran rival, el señor Manuel Baldizón, jefe del partido Lider, se encuentra en una posición envidiable. Si no logra remontar los 700 mil votos que necesita para obtener el triunfo, su premio de consolación no es despreciable. El político petenero está en línea para aspirar a la presidencia en 2015 y tiene un papel asegurado en la oposición durante los próximos 4 años. Su bancada podrá ser modesta, apenas 14 diputados, pero cuenta con la posibilidad de agrandarla. Que no nos quepa duda: Baldizón conoce el negocio de sumar congresistas y dispone de los medios para lograrlo. Por algo llegó a la actual Legislatura como diputado raso y salió como jefe de un bloque de 27 parlamentarios.
En caso de una derrota, Baldizón queda bien ubicado, pero no lo tiene todo resuelto. La mujer que lidera la UNE, doña Sandra Torres, es una fuerza política real. Su alianza con Lider es, como todas las alianzas en Guatemala, táctica y electoral. Recordemos que la ex–Primera Dama y el exjefe de la Comisión de Finanzas son rivales hasta en origen. En condiciones normales, ambos se disputarían hasta la plaza política que les vio nacer: el departamento de Petén.
En contraposición, el general Otto Pérez, sí está arrinconado. Ganar para él es una cuestión de sí o sí. Si sale derrotado este domingo, el partido naranja tendría un capital político de alcaldes y diputados, pero todos sabemos lo que vale la fidelidad de estos funcionarios en Guatemala: lo mismo que un billete falso.
En la carrera al balotaje, el general Pérez Molina lleva algo de ventaja en los números, pero no tiene la victoria asegurada. El gran reto para su organización consiste en movilizar el voto capitalino y urbano departamental, que es donde se encuentra el gran núcleo de los votantes escépticos. En el distrito central, especialmente, se concentran los votantes desencantados con los dos candidatos que se presentan a la segunda vuelta.
Si los capitalinos no se precipitan masivamente a darle su apoyo al partido naranja, como sucedió en 1995 cuando Alfonso Portillo le disputó la presidencia a Álvaro Arzú en segunda vuelta, a Pérez Molina se le puede complicar el panorama y encontrarse contemplando el abismo.
A nosotros, los votantes, nos gustaría encontrarnos en una situación cómoda, como la de Baldizón, pero la verdad es que estamos al borde del desahucio. Nuestro reto va más allá de elegir bien en la disyuntiva actual: estamos obligados a transformar el sistema o dejar que nos devore el fango.
El país está quebrado: todo lo que nos han ofrecido los candidatos tiene un ticket de precio y con los recursos actuales, no hay forma de pagarlo. Con la cooperación internacional no cuenten: los donantes están en franco retroceso de la región y tienen problemas serios en casa, que deben arreglar antes de ponerse a gastar dinero en los nuestros.
Pendientes tenemos una reforma política y una fiscal. Necesitamos retomar el control del territorio, reconstruir la infraestructura del país y mantener los servicios de educación y salud, que son la única esperanza posible para formar capital humano.
El sistema actual de partidos no da más. El tesoro público no puede seguir sufragando –vía negocios malolientes, “comisiones” y privilegios– el derecho de llave de los financistas de campaña. Necesitamos seriedad, profesionalismo y transparencia en la gestión pública.
En suma, debemos decidir qué tipo de país queremos y cómo vamos a financiarlo. Esas son las discusiones donde los ciudadanos debemos intervenir, porque si las dejamos a los de siempre, ya conocemos los resultados.
Vea wwww.dinafernandez.com
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