El DRAE define “peor”, así: “De mala condición o de inferior calidad respecto de otra cosa con que se compara; contrario a lo conveniente”. Me queda clarísimo que así como muchos guatemaltecos han abrazado la deformación de nuestro idioma, al aceptar que ignorantes pongan de moda expresiones como “presidenta”, “niños y niñas”, “guatemaltecos y guatemaltecas”… lo cual nos llevará –pronto– a escuchar “habitantes y habitantas”, “estudiantes y estudiantas”… de igual manera hemos creído que existe diferencia entre “peor y menos peor”, lo cual es tan fachoso como decir “más mejor”.
En cada reunión, últimamente escucho que hay que votar por “el menos peor”, refiriéndose mis interlocutores a Pérez; a uno de ellos le pregunté: Si te enfermaras qué medicina tomarías ¿La peor o la menos peor? Solamente me he encontrado con una persona que vehemente defiende la candidatura de Otto y Roxana… el resto afirma que “no les convence ninguno de los dos binomios… pero hay que votar por Pérez”. Cuando cuestiono que votar por quien no nos convence, es ir contra nuestros principios, recibo –frecuentemente– la áspera sentencia: “Si no vota o vota nulo, entonces será responsable de que Baldizón gobierne”. Saliendo anteayer de una reunión donde me dijeron más o menos eso, en el radio del carro, escuché el nuevo llamado de Baldizón, quien afirma que “votar nulo es apoyar el continuismo” y que votar por él significa el cambio. Se confirma así, que la tétrica “propuesta” –de ambos lados– es el borreguísimo irreflexivo.
Jamás podría yo votar por Baldizón, su inconsistencia y la rosca de roñosos que se le anexó –muchos de ellos responsables de que nuestra deuda soberana se haya incrementado en un 50 por ciento… mientras nuestros niños desnutridos crónicos ¡un millón! siguen condenados a una cadena perpetua de limitaciones– es suficiente motivo para rechazar esa fétida alianza. Pero tampoco puedo votar por Pérez, porque no tiene sustento, porque –como Baldizón– se ha dedicado a la demagogia, ofreciendo el oro y el moro… a sabiendas que encontrará unas finanzas públicas precarias; la melcocha que se unió a Pérez, es nada atractiva, respóndase usted ¿Qué hace que quienes antes lo criticaron como Adela y Harold, hoy se le peguen?… el oportunismo. No puedo votar por ninguno –sin importar quien luzca más cachimbiro– porque ambos han violado la ley, ostentan fortunas misteriosas, no han transparentado sus financistas y contravienen la normativa electoral, menospreciando al flojo TSE.
Votar por ellos, significaría botar mis convicciones; validar un proceso viciado que favorece el dinero oscuro y el vacío de propuesta, así como el empoderamiento del mitómano y el amoral… sería creer que Guatemala tiene alguna esperanza con gente que asegura que cambiará el país, pero no dice: ¿Cómo y cuándo? Tampoco toma en cuenta cuánto cuesta llevar a cabo sus timadoras ofertas. Ganará Otto o Manuel, perderá el pueblo y se consolidarán –los amigos de ambos– las Torres y Joviel. ¡Piénselo!
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