The Nature Conservancy (TNC) impulsa en Guatemala la creación de un fondo que invierta en zona de recarga hídrica de donde procede el agua.
Una propuesta para invertir en proyectos que protejan los nacimientos y ríos.
Después de diez años de trabajar en países sudamericanos como Ecuador y Colombia, la organización ecologista The Nature Conservancy (TNC), impulsa en Guatemala la creación del Fondo de Conservación del Agua de la Región Metropolitana (Foncagua).
Juan Carlos Godoy, Director Ejecutivo de TNC, menciona que el propósito es organizar los recursos de los grandes usuarios del agua en la capital, para colocarlos en un mecanismo financiero que los invierta afuera de la ciudad en zonas de recarga hídrica, de donde ”procede el agua para el área”.
Explica que la mitad del agua que se utiliza en la capital es agua superficial, que llega “a través de los ríos y se toma por gravedad”. De esta manera, si los ríos de donde se extrae parte del agua capitalina la traen desde Tecpán y Zaragoza, Chimaltenango, la idea es invertir en esa misma zona en protección de bosques comunales, en manejo forestal en reservas privadas en Tecpán y en conservación de suelos y uso sostenible de agroquímicos de las comunidades en Zaragoza.
A comienzos de 2000, TNC y socios estratégicos inauguraron en Ecuador el primer fondo del agua con 2 objetivos: proveer una cantidad suficiente y regular de líquido para los 2 millones de habitantes de la capital, Quito, y darle un financiamiento sostenible a las áreas protegidas que proveían de agua a la ciudad.
La idea había sido concebida en los noventa, cuando la población iba en aumento y demandaba cada vez más agua. El 80 por ciento del recurso hídrico que utilizaban provenía de 3 áreas protegidas, las reservas ecológicas Cayambe-Coca, Antisana y el parque nacional Cotopaxi. Entre las 3 albergaban los nacimientos de 20 ríos.
En ese entonces, como sucede también en nuestro país, diferentes usuarios competían por los servicios de las reservas ecológicas. Como provisión del recurso hídrico, como tierras productivas para finqueros y campesinos y como reservas biológicas en sí. Estos intereses diversos hacían de su manejo “algo difícil de gestionar”, dice el informe Water Funds de TNC.
En 1997, TNC y la ONG Antisana diseñaron un sistema financiero de pagos por el uso del agua de las reservas. Los objetivos serían ayudar a proteger su biodiversidad y de esa forma asegurar la provisión del líquido para la ciudad. La idea fue bien acogida por la municipalidad de Quito. En 2000, el fondo tenía US$21 mil invertidos entre unos pocos socios y en 2008 llegaba a más de 250 asociados y más de US$5 millones.
El Perfil Ambiental de Guatemala 2008 habla de cómo una mala gestión de los aspectos relacionados con el recurso hídrico –la fase natural, social, económica e institucional- implica, por un lado deficiencias que menoscaban el desarrollo sostenible y el bienestar del país, y por otro puede ser un indicio de que la sociedad dirige sus esfuerzos por la ruta incorrecta.
Para Juventino Gálvez, del Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (IARNA) de la Universidad Rafael Landívar, uno de los socios del proyecto del Fondo del Agua, en el tema debe existir un balance entre oferta y demanda. “La capital es un territorio que demanda altas cantidades de agua, pero la oferta no solo se desconoce sino que el abastecimiento actual no obedece a una estrategia de largo plazo”.
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