Una operación bien planificada puede convertirse en una emergencia médica cuando después se presenta una trombosis venosa profunda o una embolia pulmonar.
La buena noticia es que la temida complicación es hoy en día previsible y prevenible en un alto porcentaje, sobre todo a través de lo que se conoce como tromboprofilaxis. “Hablamos especialmente de la administración de medicinas que previenen la formación de coágulos sin que por ello aumente el riesgo de sangrados posquirúrgicos, pero también de métodos mecánicos que ayudarán mucho al paciente, como la deambulación temprana, el uso de medias elásticas y el uso de medias neumáticas, sobre todo en aquellos con más peligro de tener una emergencia de este tipo”, explica Rudolf García Gallont, uno de los cirujanos vasculares de mayor prestigio en el país, quien a la vez comenta que los procedimientos que más complicaciones de este tipo ocasionan son el de sustitución total de cadera o de rodilla, y cualquiera que tenga que ver con la columna vertebral. “Si alguna de estas cirugías se lleva a cabo sin protección, las estadísticas dicen que cabe esperar una trombosis en la mitad de los pacientes. Con protección las emergencias disminuyen a entre un 2 y un cinco por ciento de los intervenidos”, continúa.
Hace unos meses se introdujo en el mercado local un nuevo anticoagulante oral de última tecnología, Xarelto (rivaroxabán), de la farmacéutica Bayer, mucho más amigable con el paciente, incluso con aquellos que deben tomar este tipo de fármacos de manera crónica. “Lo mínimo que debe hacer un médico es recurrir al medicamento en caso de cualquier cirugía mayor, pero más aún cuando se trata de pacientes de alto de riesgo, es decir, quienes tienen várices, sobrepeso o cáncer, entre otros problemas. La tromboprofilaxis se ha convertido en una responsabilidad institucional de los hospitales”, agrega García, cuyas especialidades incluyen cirugía general y digestiva, cirugía endoscópica, enfermedad vascular periférica y cirugía de trasplante. De hecho, el asunto debe ser parte del plan de trabajo de lo que ahora se denomina Comités Nosocomiales, o equipos de profesionales que se encargan de prevenir lo que no está previsto que pase en un hospital, pero sucede, como las infecciones oportunistas.
El riesgo de trombosis no termina el día que el paciente sale del centro de salud. Es más, para quienes han pasado por una intervención de rodilla o cadera, este puede durar hasta un mes. “Cada médico conoce a su paciente y debe trabajar con él de acuerdo a sus necesidades particulares. Ahora, cuando desafortunadamente se da una trombosis, el fármaco anticoagulante debe tomarse al menos durante ocho meses y hasta por un año”, concluye García.
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