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    Guatemala, miércoles 28 de diciembre de 2011

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    OPINIÓN

    Oscar Mejía Víctores

    Fernando Linares Beltranena

    Solo un recorrido histórico puede decirnos lo seductor y adictivo que es el poder, una vez se tiene...

    Oscar Humberto Mejía Víctores llegó al poder en 1982, después de haber quedado como líder del triunvirato que asumió luego del mandatario depuesto, Efraín Ríos Montt. Entre sus compañeros de armas y comandantes de las Bases Militares, llegó con un mandato: hacer una Constitución y celebrar elecciones.

     

    Primero, convocó a una Constituyente para sustituir el Estatuto de Gobierno de Ríos Montt, el cual, a su vez, derogó la Constitución de Peralta Azurdia de 1965. Como fui constituyente en 1984; puedo decir que recuerdo Mejía Víctores como una persona rígida, austera y totalmente enfocada en su meta. Unos compañeros constituyentes le fueron a hablar para que diera franquicias de automóviles a los Diputados y se las negó, así como resistió la mayoría de presiones para imponer una Constitución a la medida.

     

    Asimismo, un grupo de políticos trató de convencerlo de que, ya que estaba en el poder, aprovechara la continuidad, como lo hizo en su oportunidad Ponce Vaides, después de la renuncia de Ubico, y se quedara como Presidente.

     

    Mejía Victores, ante esta enorme tentación, sobre todo que ya disfrutaba de las mieles del poder, les dio un no rotundo. El 14 de enero del 1986, cuando ya había Constitución, después de las elecciones, tomó posesión Vinicio Cerezo con la Democracia Cristiana. Aunque yo lamenté el resultado pues estaba con la UCN de Jorge Carpio, reconozco que las elecciones fueron libres y se inició la nueva era democrática. Al cumplir su misión, Mejía se fue a su casa.

     

    El gobierno de Mejía Víctores fue de transición. En su época, los Tribunales de Fuero Especial de Ríos Montt sufrieron una modificación que los hizo menos severos y, hacia el final de su período, se sustituyeron por los tribunales ordinarios. Es decir, transformó la justicia especial de militar a civil.

     

    Solo un recorrido histórico puede decirnos lo seductor y adictivo que es el poder, una vez se tiene. En Guatemala, sufrimos a políticos que desearon quedarse en el poder, desde Estrada Cabrera, Ubico, Ponce Vaídes, Ríos Montt, y Álvaro Colom por medio de Sandra Torres. Solamente una persona disciplinada, de fuertes principios y capaz de dominar su ego, puede resistir los cantos de sirenas que endulzan el narcisismo e invitan a perpetuarse en el poder.

     

    Mejía Víctores resistió los cantos, nos dio la Constitución, nos dio el inicio de la era democrática y elecciones libres, y se retiró al mismo apartamento que tuvo antes de acceder al Gobierno.

     

    Su última batalla la libra contra la enfermedad y las embestidas producidas por los infiltrados en el sistema de justicia. Saldrá avante de la segunda pero la primera, quizás, lo vencerá.

     

    La historia valorará lo hecho por Oscar Mejía Víctores, más porque será un homenaje a alguien que marcó un hito histórico, una nueva era, y lo hizo desde una posición de admirable modestia.

     

    flinares@ufm.edu

    Fernando Linares Beltranena

    27 diciembre 2011

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