El trío guatemalteco Woodser cerró el 2011, con su nueva entrega discográfica Existentialism is a mannerism. En realidad es un EP con cinco canciones, en las que el grupo afina detalles, avanza en madurez e interpretación, e igual actúa con un eje menos previsible e incluso con deseos íntimos de reinventarse.
Estamos ante una autoproducción, de un grupo guatemalteco de rock alternativo, con cuatro años en el escenario. Woodser lo conforman David Lemus (guitarra y teclados); Ricardo Cabrera, (voz, guitarra y bajo); y Santiago Cabrera (voz, bajo y guitarra). Francisco Nanne es el batería invitado. La portada recuerda a esos hexagramas empleados en el I Ching, pero acá con un dibujo del cerebro en el centro.
El disco abre con Durga, a tiempo medio, donde el trabajo coral con efecto se aleja del tratamiento hecho con anterioridad, combinado con ondas de distorsión y efectos de pedales y un parco requinto en vibrante armonía. La segunda, Like an astronaut going for ever, quizá la más lírica de la placa con una melodía preciosista, al final le añade velocidad y potencia a una canción que inicia lenta. Acá, la voz de Ricardo es dramática, controlada sí pero emocionada. El tercer tema, Numb, resulta de lo más experimental al combinar sonidos inusuales, sobre todo con un puente fantasmal y luego rítmico, sin caer en extravagancias. Por cierto con un coro beatlemaniano. Oxaca nites, poderosamente melódica y de ritmo agitado, logrado en mucho por ese estilo rasgado de guitarra de Lemus, quien además pone la voz principal. Esta es otra de las favoritas del disco. Se sella el final con sonidos extraños de distorsión, marca de la casa. La última, The people I’ve heard, con la voz de Santiago, es rock con matices en tiempo y atmósfera, de final titilante.
En esta producción el ritmo está más presente. El aporte de composiciones por los tres desencadena una sinergia irresistible. Y luego, por separados, resultan más productivos y con un saludable sentido de la aventura. Cuando Ricardo dijo en una entrevista para elPeriódico “siempre hay un aire constante que maneja cada banda, y en el nuestro nos gusta jugar a ser camaleones o actores. Por tanto, este no es Daimon bulin II”, insinuaba ya una filosofía que se agradece. Este disco despliega la creatividad de un grupo que cautiva cada vez más y que va por más. Lo puede adquirir en www.woodser.net.
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