Cuando uno le preguntaba a gente decente de la UNE por qué aceptaban poner en el partido a corruptos, clientelares y mafiosos, la respuesta era que el sistema, la única forma de llegar al poder. Esa fue la estrategia de Sandra Torres y Álvaro Colom.
Y sí, lo lograron. Se quedaron con un caudal progresista después del 12 por ciento de la URNG de 1999 y abrieron las puertas para los políticos y financistas tradicionales, nuevos financistas emergentes y algunos emergentes con estilos tradicionales. Tras perder por muy poco contra el candidato de la elite Óscar Berger en 2003, lograron vencer –con muchísimos fondos opacos– a la multimillonaria primera campaña de Otto Pérez Molina en 2007. Hicieron un gobierno 5.8/10 (creo que fui víctima del síndrome de Estocolmo) y después, como ninguno de los 6 gobiernos electos previamente, lograron sobrevivir a las elecciones sin candidatura presidencial con casi 2 millones de votos y 48 diputados.
Pero la ilusión duró poco. La dizque socialdemócrata UNE resultó siendo el mismo armatoste de los partidos tradicionales clientelares, corruptos y mafiosos que no supera seis meses después de hacer gobierno antes de romperse en muchos pedazos.
A falta de recursos por repartir, las lealtades por miedo se acaban. El liderazgo de Sandra Torres, ergo, esfumado. Y es que no hemos ensayado otra cosa que la política clientelar y corrupta. Si no, pregúntenle a la última DC, a la UCN, al PAN, al FRG, a la Gana y ahora a la UNE. Y estoy seguro, cien por ciento, que así acabarán los nuevos partidos que usan la misma estrategia. Aló diputado Roberto Alejos, vicepresidente Roxana Baldetti. ¿Y qué decir de Lider y UCN, formados con base en esos principios clientelares?
Es una perogrullada recordar que los liderazgos por corrupción no son de fiar. Se irán con el mejor postor cuando lo encuentren. Y los liderazgos que no son ideológicos sino basados en el temor o en la bonachonería tampoco duran más que un gobierno.
Réquiem por la UNE clientelar. Réquiem por los partidos ahora mayoritarios que usan las mismas avenidas “del sistema”.
Sin una reforma estructural de la Ley Electoral y de Partidos Políticos –para democratizarlos, hacerlos representativos y transparentes, y no enfocarse en cuestiones cosméticas–, no habrá otro futuro.
PS. Varios lectores creían que algunos no le damos el beneficio de la duda a Otto Pérez Molina. Se lo damos y, es más, esperamos que le vaya bien. Pero eso no quiere decir dar un cheque en blanco. Por ejemplo, ¿por qué están haciendo patrullajes o puestos de registro en carreteras en los que hay militares pero no policías si contraviene el espíritu de los Acuerdos de Paz?
www.MartinRodriguezPellecer.com
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