La esencia del parlamentarismo no es otra que la de discutir y definir los impuestos y el destino de los mismos.
Tal el origen del parlamentarismo moderno en Inglaterra: pactar los tributos y definir su destino. No taxation without representation, la bandera del parlamentarismo americano y de la propia independencia.
En otra palabras, amigo lector, los impuestos y los gastos deben discutirse y definirse en el Congreso y no en edificio alguno, de sector alguno: para eso está el Congreso, enriquecido, eso sí, por cuantas opiniones puedan recabarse.
Ha sido tal el divorcio habido entre la población y este tipo de decisiones que poca es la importancia que le damos al Congreso. Se ha tratado de un tema de las cúpulas económicas y, a lo más, de conversaciones paralelas –no oficiales– en la Junta Monetaria. Ha sido en el “olimpo chapín” dónde se ha decidido todo lo referente a los impuestos: cuáles, en qué monto, y quiénes, los pagan.
No voy a afirmar que la falta de un régimen tributario razonable fue lo que determinara el conflicto armado que vivimos ¡36 años de sangre! pero sí me permito afirmar que si hubiéramos tenido un Estado eficiente, el conflicto no se hubiera dado o, al menos, no con los caracteres que se diera.
El viejo sistema mercantilista se encontraba ya agotado y más agotado, se encuentra ahora.
Para que el Estado sea eficiente, necesita recursos ¡La seguridad no es gratis! como tampoco lo es la paz social, prerrequisito de la otra.
¡Qué difícil resulta que comprendamos que los míseros Q300 de las transferencias condicionadas pueden ser para muchas familias la diferencia entre la vida y la muerte; entre la lejana posibilidad de salir adelante, la educación y la salud, imprescindibles, o la de persistir en la miseria!
La lógica de la Guatemala profunda no puede ser la misma que las otras.
La paz social depende, en gran medida, de que el Estado tenga recursos suficientes y de que los sepa gastar, con excelencia ¿Qué no? pues a las pruebas me remito ¿Tenemos paz social?
La reforma hacendaria –que no solo fiscal– es el reto ineludible de este Gobierno con la historia y sabido es que, lo que no se hace al principio, no se hace.
¿Se votó o no por el actual Presidente para que se pusiera en orden el Estado? Pues póngasele en orden: ningún pago de la deuda flotante, sospechosa, y la discusión de los impuestos en el preciso lugar, en que deben discutirse: el Congreso.
¿Qué tal si cerramos filas y empezamos, esta vez, por el principio?
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