Sí, señor Presidente, a usted me dirijo. Lo hago con absoluto respeto, como ciudadano pero también como diputado al Congreso de la República, dignatario de la Nación, como usted.
Lo que he venido escribiendo en esta columna, desde hace una década, es simplemente mi opinión, que a unos gusta y a otros irrita, y nunca he aceptado insinuación ni presión alguna sobre lo que, alguna vez quizás equivocado, no es nada más que mi humilde opinión. De manera que no representa la opinión del partido político ni de la Comisión de Economía que presido hasta hoy, ni mucho menos la opinión del Congreso. Es solo mi opinión.
Ojalá, señor Presidente, que su gobierno tenga la entereza de proponer las reformas que el país necesita en materia fiscal. Ojalá que mis colegas diputados las respalden. Ojalá, señor Presidente, que no vaya a actuar como el presidente anterior que no se atrevió a enviar al Congreso la modernización fiscal integral que le sugirió el Grupo Promotor del Diálogo Fiscal (GPDF) y que motivó que su Ministro de Finanzas (integrante del GPDF), seguramente arrepentido de no haber renunciado a tiempo, al dejar el cargo escribiera su ilustrativa Rendición de Cuentas, que también podría llamarse “Justificaciones y Cuentos”.
Tuve el honor de integrar, ad honorem, durante 2006 y 2007, el GPDF que hizo la propuesta, tanto en materia de control y calidad del gasto público y transparencia como en materia de ingresos y administración tributaria, que lamentablemente el gobierno anterior desechó en buena parte. Por supuesto que es una propuesta perfectible, no obstante la respalda el G40 (grupo de economistas y analistas fiscales).
Aunque en el seno del GPDF tuvimos nuestras diferencias y no llegamos a coincidir, por ejemplo, en subirle 40 por ciento a la tasa del régimen general del Impuesto Sobre la Renta (actualmente 5 por ciento sobre ingresos brutos, que se quiere subir al 7 por ciento), puedo asegurarle que respaldamos las medidas en su conjunto, incluyendo otra constitucionalmente dudosa para que la renta imponible mínima sea del 5 (hoy 3) por ciento de los ingresos, para los contribuyentes del ISR sujetos al régimen que tributa el 31 por ciento de esa renta (pagan menos del uno por ciento de sus ingresos).
Ahora o nunca, señor Presidente, esta es su prueba de fuego. Con carácter y decisión, supongo.
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