Ríos Montt debe declarar sobre las masacres de 1982 y 1983.
Hoy, a las 9 de la mañana, en el nivel 15 de la Torre de Tribunales, será indagado José Efraín Ríos Montt, por los hechos acontecidos durante su corto mandato iniciado el 23 de marzo de 1982 y concluido al 8 de agosto de 1983, cuando fue sacudido el agro guatemalteco por el arrasamiento completo de aldeas, y la persecución y muerte, hasta la frontera mexicana, de quienes despavoridos escapaban de las tropas del Ejército, que a su paso dejó más víctimas de las que provocó el terremoto de 1976.
Pero como él dijo que “no se haga un escándalo, como girar orden de captura”; “estoy con buena salud y presentándome voluntariamente. No me retiraré hasta que se me informe si realmente existe una denuncia en mi contra”, y no se trata de una denuncia, sino de un montón que se hicieron desde los aciagos días que vivió Guatemala cuando Romeo Lucas García, él y Óscar Mejía Víctores fueron los jefes supremos del Ejército. Es fácil limpiarse las manos y decir que no hubo genocidio y que las masacres fueron en otro tiempo o que fueron los mandos del Ejército los que se saltaron las trancas, pero que ellos nunca mataron ni mandaron a matar.
En una carta pastoral que la Conferencia Episcopal de Guatemala dio a conocer el 27 de mayo de 1982, condenando la matanza de campesinos e indígenas, decía que “Con profundo dolor nos hemos enterado y hemos podido constatar el sufrimiento de nuestro pueblo por estas masacres. Numerosas familias han perecido vilmente asesinadas. Ni siquiera se ha respetado la vida a ancianos, a mujeres encinta y a niños inocentes. Jamás en nuestra historia nacional se ha llegado a extremos tan graves. Estos asesinatos se ubican ya en el campo del genocidio. Tenemos que reconocer que estos hechos son la contradicción mayor al mandamiento divino: “No matarás”.
Posiblemente Ríos Montt le recuerde a la juez sus tres palabras que repitió hasta el cansancio: No robo, No abuso, No miento, y le agregue no hice, no ordené, no maté. Pero los hechos, testigos e investigaciones son las que mandan y esperamos que, por fin, se dignifique a las víctimas aplicando la justicia, única forma de que los crímenes de lesa humanidad no vuelvan a repetirse. Por eso se trata de un día histórico en que estaremos pendientes de lo que acontezca, pues el sistema de justicia sigue cumpliendo con su función, al citar a los implicados en los hechos del pasado.
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