Es público que la formulación de la propuesta de Ley de Desarrollo Rural Integral –iniciativa 4084-2009– corresponde a lo que se creyó sería el método para concertar bases de contenido Legislativo, durante el pretendido gobierno socialdemócrata. Así, la construcción de la propuesta referida tomó dos años. Con una integración tripartita, aunque en honor a la verdad lo de “tri” resultó espurio, por cuanto la representación del Organismo Legislativo, estuvo siempre a cargo de asesores, ni en los momentos cúspide, a donde se presentó el Presidente de la República, el Parlamento elevó su nivel. Así. El proceso, discurrió con numerosos escollos, librados gracias a la madurez de las representaciones: campesina/social y del Organismo Ejecutivo: Oscar Figueroa y Luis Zurita Tablada, ambos negociadores capaces y de alta sensibilidad social. A todos en su conjunto les corresponde haber logrado los Acuerdos de Tecpán I y II, base sustantiva del anteproyecto de ley.
Estoy seguro que de haberse conseguido la aprobación de la ley en la anterior legislatura, el saldo negativo que dejó el gobierno de Colom en la subjetividad campesina, hubiese sido positivo. Sin embargo, la historia es otra y la cuestión para el expresidente es cosa juzgada. Falló –en el círculo Presidencial el cálculo político–, los arrastro él oportunismo electoral y optaron por irrespetar el mecanismo de diálogo y traicionar a la dirigencia campesina. No es lejano que llamadas telefónicas del empresariado del agro a la presidencia, hayan producido algún temblor de pantalones. Lo cierto es que se decidió “parquear” el ante proyecto de ley. El atribulado pensamiento Presidencial cobijó la ilusión de que este “favor” al empresariado –que se oponía a ley–, le sería recompensado en apoyo político y financiero para la campaña de la primera dama. Es decir, ética y compromiso lanzados por la borda. Encontró más importante –la Presidencia– congraciarse con el capital.
A tal punto llevó el errado cálculo político, a los demócratas sociales, que como plato fuerte sirvieron al gran capital, el desalojo violento del Polochic. No tomaron en cuenta en su delirio continuista, que lo más rancio del gremio azucarero, consideraba a sus colegas del Polochic, una rémora, en el “prestigio” de la industria. Es ahora, Pérez Molina, el que se comprometió a promover la Ley de Desarrollo Rural Integral. Estamos frente al discurso de un estadista o simple cálculo electoral.
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