China tiene dos expresiones políticas distintas: la República Popular de China, que ejerce su jurisdicción sobre el continente y la mayor parte de sus islas, y la República de China, conocida también como Taiwán, limitada, la suya, a la isla de este nombre y a las más pequeñas de Penghu, Kinmen y Matsu.
La primera de estas expresiones es la que goza –en la actualidad– del reconocimiento del mayor número de países y de la calidad de miembro de la ONU, siendo Miembro Permanente de su Consejo de Seguridad.
La segunda, por el contrario, Taiwán no forma parte de la Organización y es reconocida, actualmente, por muy pocos países, entre estos, Guatemala.
Quien no quiera entender que estas dos expresiones lo son de la misma y única China, no conoce a China, ni se acerca a comprenderla.
Algunas personas poco actualizadas, ¡abundan!, no llegan a entender que las dos expresiones de una misma China –la única– están bastante más cerca de lo que pudiera parecer y que gozan, hoy por hoy, de excelentes relaciones entre sí.
¡Cuidado, pues, con los “consejos” y el ridículo! Constituye este, el de las dos expresiones, un problema interno que solo China puede resolver.
Ciertos números pueden ser engañosos y debemos prevenirnos del engaño y, así, la expresión política que domina el continente, la República de China Popular, la que incluye Hong Kong –“una sola China, dos sistemas”–, es la segunda economía del mundo, pero ocupa el puesto 105 en lo que se refiere a renta per cápita y esto, decíamos, incluido Hong Kong.
La República de China, Taiwán, por el contrario, ocupa “modestamente” el 24, pero, ¡sorpresa de sorpresas!, ni más ni menos que el 18 en lo que respecta a renta per cápita. ¿Tendrá esto alguna relación con la calidad de vida?
La República de China, Taiwán, tiene menos del doble de población que la que tiene Guatemala y, sin embargo, su Producto Interno Bruto es más de diez veces el nuestro y otro tanto su renta per cápita. En renta per cápita nos encontramos casi a la par con la de la República Popular de China. ¿Cuál, entonces, es el modelo?
Cuentan que un marido fanfarrón se jactaba ante su esposa, fanfarrón que era, de los placeres del Rey Salomón. ¡Cuatrocientas mujeres!, a lo que esta simplemente replicó: ¡Qué pobre, Salomón, hubieras hecho!
No existe obstáculo alguno para que tengamos relaciones comerciales plenas con la República Popular de China; tengámoslas, ¿por qué no? Tal vez tenerlas con Taiwán a plenitud como no se han tenido –inversiones incluidas– sea, sin jactancias, el mejor de los caminos.
Hacia la democracia y el progreso –progreso para todos– le espera a la República Popular de China un largo camino, el que ya ha recorrido por Taiwán. ¡Cuidado, pues, con los “expertos”!
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