Durante la Colonia, los indígenas convertidos al catolicismo ofrecían ramos de orquídeas Candelaria y Aurantiaca a las imágenes cristianas.
“Los europeos se dieron cuenta de la belleza de estas flores y organizaban expediciones en busca de orquídeas en América (Guatemala incluida) porque en el Viejo Mundo alcanzaban precios increíbles. “Derivado de ellas muchas Lycaste Skinneri var Alba (Monja Blanca) salieron del país y fueron reproducidas de manera artificial”, cuenta Julio Fonseca, presidente de la Asociación Guatemalteca de Orquideología (AGO).
La primera orquídea que floreció en cautiverio fue una Rhynchostele Bictoniensis, de hermosos sépalos y pétalos pardos y un labelo; con polinio, superficie estigmática y gimosteo, blancos. “Fue en Inglaterra”, añade. Estas flores ganaron pronto fama de flores exóticas y exquisitas, cercanas a la monarquía y la aristocracia, tanto que una fue bautizada como Reina Victoria.
P0ELIGRO
Fue hasta 1973 –cuando en Guatemala se funda la AGO–, que el cultivo, la reproducción y la conservación de epifitas cobra auge en el país. A la fecha, un centenar de miembros de la entidad se dedican a cultivar las flores y algunos a reproducirlas artificialmente sin tomarlas de la naturaleza.
De acuerdo con Silvia de Palmieri, quien se dedica a reproducir orquídeas, los invernaderos donde se cultivan las flores son bancos de germoplasma, lo cual es vital para su conservación. “Nuestras colecciones podrían servir como referencia para reproducirlas en bosques que han sido alterados por talas ilegales, el avance de la frontera agrícola o incendios forestales”, afirma.
Por el momento, ni el Gobierno ni propietarios se han acercado a la asociación para poner en marcha proyectos de este tipo. “Se han perdido bosques en Petén por la tala, y en la Sierra de las Minas por incendios. Cuando ello ocurre se pierden millones de orquídeas junto con los árboles, porque para reproducirse necesitan del bosque original”, explica Fonseca. “Las orquídeas no son parásitas, crecen sobre los árboles, pero no se nutren de ellos”.
La Asociación intenta que propietarios de grandes extensiones de terreno reserven espacios de sus propiedades para proteger orquídeas. “Queremos impulsar proyectos de conservación porque llegamos a un punto que es urgente que se proteja el hábitat natural de las flores, Los queremos asesorar para recuperar, elaborar inventarios y que adquieran conciencia sobre la necesidad de mantener el patrimonio natural”, concluye.
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