Luis Enrique Monterroso, Titular de la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional, Sesan
En San Juan Atitán, Huehuetenango, el 91.4 por ciento de niños menores de 5 años sufre de desnutrición crónica. Ocho municipios de Guatemala son los lugares donde más hambre se registra en el mundo. Luis Enrique Monterroso, quien encabeza la Sesan, habla sobre retos y metas que se ha trazado para su gestión. En pocas palabras: que no haya más muerte por hambre.
El Gobierno pretende, durante su gestión, reducir en 10 por ciento los índices de desnutrición crónica. ¿Qué se hace, desde ya, para alcanzar este objetivo?
–El primer paso es establecer quiénes son los afectados, dónde están, cuántos son y por qué enfrentan el problema. Responder a estas cuatro preguntas es básico. Para ello, necesitamos contar con un sistema de información sofisticado, rápido y veraz. De esta forma, podremos determinar en qué sitios se hace necesaria una intervención.
¿Qué pasa con las estadísticas actuales?
– El Sistema de Información Gerencial en Salud (Sigsa) tiene serias deficiencias. No permite determinar si un niño murió el año pasado por causas asociadas al hambre ni establece cuántos menores sufrieron de desnutrición. Las boletas de notificación obligatoria, que debían levantarse, están dispersas y, en algunos casos, la información jamás se ingresó al portal.
¿En cuánto tiempo se contará con cifras fiables?
– Lo antes posible. El Ministerio de Salud, responsable del Sigsa, nos adelantó que en marzo podrían tener todo a punto. Pero lo necesitamos, a más tardar, el 15 de febrero. Ello representa un reto para los expertos en sistemas de información porque deben hacerse cruces de indicadores y elaborarse mapas con los datos que ya se tienen, dado que no hay tiempo para salir a recoger cifras nuevas.
Todos los años, entre marzo y abril, se presentan las primeras emergencias de seguridad alimentaria. ¿Cómo se abordará este problema en 2012?
– Ya se identificaron, gracias al tercer censo de talla en escolares de 2008 y 2009, los 166 municipios que deben atenderse. Todos tienen fallas estructurales marcadas y sus índices de desnutrición crónica son considerados altos o muy altos. Los primeros ocho de la lista son las poblaciones en donde más hambre se registra en el mundo. Se supera, incluso, a localidades de África. El primero es San Juan Atitán, Huehuetenango. En este sitio, el 91.4 por ciento de niños menores de 5 años está desnutrido. Ello, en términos prácticos, se traduce a todos los menores que viven en el lugar.
¿Cómo cambiar esta realidad?
– Se necesita más inversión pública, para empezar. Así como el involucramiento de todos los sectores. San Juan Atitán posee un enorme potencial para el turismo. Y como en muchos otros sitios, el principal capital con que cuenta es el humano.
¿Tiene este municipio acceso a alimentos?
– Ese no es el problema básico. Preocupan más los patrones alimentarios y culturales. Si se tiene acceso a recursos económicos, la población los destina a comprar frituras, aguas carbonatadas o grasas saturadas. Esto ocurre en todo el país.
En los primeros lugares de este listado no aparecen municipios del Corredor Seco. ¿Cómo lo explica?
– Las complicaciones de desnutrición aguda en estos lugares han sido muy visibles, pero Jalapa no es un departamento que enfrenta una problemática grave. Huehuetenango, San Marcos, Quiché y Sololá, sí.
Sin embargo, todos estos departamentos tienen capacidad productiva.
– A este fenómeno se le conoce como hambruna verde. Guatemala vive una situación similar a la de ciertos países de África, pero puede producir todos los alimentos necesarios para nutrir a su población. Esto obedece a la falta de conciencia ciudadana, la cual se refleja además en un sesgo urbano: la única problemática percibida por la población es la que afecta a ciudades. El hambre no existe. O es un problema ajeno, del cual cualquiera se desentiende.
Ello sugiere que es preciso modificar estructuras, ¿no?
– E impulsarse dos políticas con toda seriedad: la agraria y la de generación de empleo. A ello, ha de sumarse la educación. De poco sirve mejorar el ingreso si no se cambian los patrones alimenticios. No queremos luego caer en malnutrición y que el problema sean índices elevados de sobrepeso y obesidad.
¿En qué consiste el Pacto contra el Hambre que se promueve desde ya?
– Este pacto, cuya suscripción en San Juan Atitán está planificada para mediados de febrero, deberá trascender gobiernos. Contempla que, en 10 años, se reduzca la desnutrición crónica un 24 por ciento. Pretende convertirse en símbolo de la intención nacional de hacer cosas distintas. Es sencillo y su objetivo es claro: ya no más muertes por hambre.
¿Quiénes lo suscribirán?
– Todos los sectores posibles. Y su adhesión implica la voluntad de destinar recursos para erradicar el hambre. Cualquier alcalde que lo firme debe estar dispuesto a poner de su parte y el Estado hará lo propio por medio de sus ministerios y otras entidades. En estos momentos, por ejemplo, el Comisionado Nacional de la Competitividad está en India para aprender cómo se enfrenta en ese país el problema para luego compartirlo con nosotros. La lucha contra la desnutrición no es una cuestión de caridad o filantropía; es un asunto de Estado que involucra a todos los actores y a distintos sectores.
¿Cómo se puede sumar el sector empresarial en el esfuerzo?
– La clave está en contribuir con la generación de empleo. Ellos son los expertos en crear plazas y en determinar dónde hay oportunidades, tras el respectivo análisis de costo y beneficio. O pueden contribuir en establecer alianzas con el Intecap y brindar asesorías. Además, y debido a que se trabajará directamente con las municipalidades, se abren múltiples puertas. Cloración del agua, por citar una. Un empresario puede ayudar en este sentido,donando una pastilla para el efecto, mientras el alcalde compre otra. Además, se ha identificado que el repunte de desnutrición aguda se presenta en junio, julio y agosto. Si el Gobierno y los empresarios, en conjunto, pueden desarrollar políticas que tiendan a establecer empleos temporales en marzo, abril y mayo, las familias tendrían el ingreso necesario para comprar alimentos y no sería necesario hacer intervenciones directas, o sea regalar comida. En los últimos tres meses del año y en el primer trimestre, esta población vende su mano de obra calificada, mediante la zafra y el corte de café. Se presenta una ventana de oportunidad para todos los sectores en el semestre restante.
Esta semana se dio luz verde a la creación del Ministerio de Desarrollo. ¿Cómo se interrelacionará con la Sesan?
– Trabajaremos en forma coordinada. Habrá un cambio de mentalidad en la manera como se manejarán Mi Familia Progresa y Bolsa Solidaria. Los programas sociales ya no combatirán pobreza, sino desnutrición. Por lo tanto, sus destinatarios, en primera instancia, serán los 166 municipios ya identificados. La Sesan será la entidad que determine dónde habrán de efectuarse intervenciones, en esta y otras carteras. Ello obedece al mandato contemplado en la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional y nos obliga, por tal razón, a recopilar datos para luego efectuar monitoreos y evaluaciones. A futuro se pretende ampliar la capacidad de análisis y que esta dependencia funcione como un tanque de pensamiento. Tenemos la capacidad para hacerlo. No hay pretextos. El censo de talla y peso, por ejemplo, deberá efectuarse todos los años y no cada lustro, como se ha hecho hasta ahora. Los maestros serán los encargados de hacer estas mediciones, y es importante capacitarles en tal sentido ya que, de esta manera, podremos evaluar cuán efectivo ha sido el trabajo.
Hasta este momento, la comunidad internacional le ha brindado un apoyo fuerte a Sesan. ¿Qué rol jugará ahora?
– El objetivo está trazado y los países amigos están anuentes a seguir colaborando. Estarán incluidos en el pacto. Los esfuerzos anteriores fueron dispersos. El marco lo establece la Ventana de los Mil Días, en la cual también se atiende a la mujer embarazada y al niño lactante. Lo repito: este es un esfuerzo de todos los sectores. E insisto: no podemos permitir que haya más muertes por hambre en Guatemala.
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