El término ya no se usa porque los estándares de peso no pueden ser iguales para todos. Ahora se habla de peso óptimo, el cual se establece a partir de características particulares de cada individuo.
Hasta hace unos años, el único criterio que se usaba para determinar un peso ideal era la estatura, pero esas tablas estaban basadas en alturas y pesos de poblaciones estadounidenses –con lo cual, incluso por razones genéticas imposibles de comparar con un latino– y no tomaban en cuenta ningún criterio de salud alrededor del mismo.
“Las tablas estaban muy lejos de la realidad de la mayoría, ahora se habla de la estructura ósea, que puede ser grande, mediana o pequeña, de porcentaje de grasa corporal, de talla y, por supuesto, de niveles de colesterol y triglicéridos, entre otros factores. Y lejos de buscar un peso ideal, queremos un peso óptimo, que coloque a las personas en un estado de vida saludable”, comenta Muckay Ixcamparij, nutricionista de la clínica Benestar, quien a la vez asegura que, para dar un diagnóstico profesional, se debe además analizar cómo está distribuido el peso del paciente.
Y es que hay flacos con demasiada grasa corporal, y gorditos que tienen la adecuada. “No podemos negar que las libras de más siempre son un indicador de menor salud, pero es cierto que personas que se pasan del peso óptimo están más sanos que muchos delgados, sobre todo en el caso de las mujeres, a quienes por lo general solo les interesa el peso bajo, aunque eso signifique estar mal nutridas”, agrega Ixcamparij.
Mantener un peso adecuado ayuda a lograr una salud integral, que permite realizar cualquier tipo de actividad física y previene enfermedades como diabetes, hipertensión, cardiopatías e incluso varios tipos de cáncer, como gástricos y de huesos. “Está comprobado científicamente que el peso óptimo es sinónimo de personas más felices, más estables emocionalmente hablando, más productivas y más asertivas, mientras que aquellas con libras de más pueden padecer incluso de depresión y de trastornos del sueño (la presión que la grasa hace sobre el esófago y la tráquea no permiten un descanso reparador)”, concluye la nutricionista. ¿Quién debe ir entonces con un profesional? Todos. La idea es tener un peso sano, así que después del diagnóstico adecuado se puede hacer una intervención al paciente para que cambie hábitos dañinos por saludables.
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