Me tiene contento la CL6 con ese disco que acaba de sacar y que se llama: Motagua.
Ha puesto canciones allí que son sobre todo suyas, rápido se le prenden a uno, un álbum bien escrito, con alma, relato interior, que cohesiona lo dulce y lo abusivo, lo rico y raspador, lo oscuro y gitano de la vida. Oigo temas como Lágrimas de té, La Navaja, Las palabras, o Las alas de Ivy, rapidito me voy emocionando.
Con este proyecto consiguió pilotear una visión personal –siendo tan fácil perderla en el camino– pero simultáneamente consiguió darle espacio a la colaboración avispada, tanto en lo que se refiere a producción propiamente como en cuanto a músicos invitados, todos muy especiales. El resultado es pura carne y poesía, en trece rolas, con momentos que le paran a uno los pelitos, o sea el bliss. La modestia de recursos nunca riñó con la dignidad y la ocurrencia.
Este proyecto de Claudia no tiene otra agenda que la música misma, por tanto es un disco libre e individual. Lo que ella oferta no mimetiza ni repite lo que gravita en nuestro medio, y esa misma insularidad la convierte en un punto de referencia estimulante.
Por otro lado, Claudia tiene esa cualidad hibridante, amalgamante, que la ha llevado a reunir pulsiones y coloraciones auditivas muy distintas, tonos emocionales que van desde lo denso hasta una alegría a ratos hasídica. Al final, ya cualquier etiqueta es inútil. Queda lo impuro y lo mestizo. La placa le hablará a personas con gustos y criterios musicales muy distintos, desde su extraña coherencia y fluidez.
El disco Motagua, de Claudia Armas, está a la venta en la librería Sophos o Bar Central.
>www.facebook.com/buscandoasyd
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