Desde hace tres años, por estas fechas La Tona sube al escenario. El pasado sábado 28 lo hizo en el salón del Porvenir de los Obreros (zona 1) para rememorar junto con sus devotos, incluso con los que no lo son, las tantas canciones que hace 15 años almacenó en 4 grabaciones, y en 3 años de intensa actividad. El concierto arrancó con una introducción que se antojaba lisérgica pero en realidad era el preámbulo a una gran descarga de energía e inspiración como también de alegría y complicidad lograda en pocos días de ensayo. Abrió con La mujer del cuadro. Gritos y hurras al unísono le daban así la bienvenida a la voz emblema del grupo, Ernesto “Neco” Arredondo, y a los tres chicos que le flanquean: Germánico Barrios (guitarra), Alex Cerezo (batería) y Mario Flores (bajo).
Con Gensel y Gretel, que desencadenó otras como El tema de Juan Noj, Antares, El ojo, Ángeles sin luz, Volver, Casa de perros, Tanto que no sabes y El rebotante, con la guinda final de Selene, las casi mil almas cantaron y moshearon sin freno entre un calor insofocable y denso. También gritaron ¡justicia! con el cigarrillo en la boca, como si justicia también no fuera respetar la ley de no fumar en lugares cerrados. Pero así salían las emociones en medio de repasos y reencuentros. Y allí estaba La Tona, por ratos suntuosa, por otras notable y generosa.
La Tona se halla en buenas condiciones interpretativas, sobre todo su base: el batería Alex y el bajista Mario, que son su fortaleza. Amén de canciones inolvidables entregadas con ardor. Pero también, es cierto, da la sensación de estar estancada. El cuarteto es capaz de trazar un viaje por todas sus canciones con entrega y persuasión, pero seguro previsible y sin mayores cambios. Hay conformismo de por medio y poco tiempo para elaborar algo novedoso, como se constató esa noche, al margen de una voz fuera de forma y un guitarrista controlado sin riesgo.
Ahora bien, es seguro que La Tona no tendrá reproche alguno de su grey, porque lo que ella demanda no es calidad sino cantidad de canciones y energía con las que pueda cantar y moshear, como también recordar. En ese sentido aquí gana y prevalece la nostalgia, lo demás es secundario. Este es uno de los grupos míticos de la historia del rock en Guatemala, hoy sin proyecto de entrar al estudio de grabación, y está bien, pero ojalá el próximo año someta su repertorio y narrativa musical a otras lecturas.
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