Tras su muerte, alumnas y exalumnas del Colegio Belga reviven a la Madre Lucía por medio de sus historias. Recuerdan con alegría a la monja que les enseñó el valor de la solidaridad.
Madre Lucía fue una religiosa acostumbrada a pasar horas en aulas del Colegio Belga. Enseñó filosofía, pedagogía, didáctica y, además, evangelizaba. Lo hizo durante 56 años y varias generaciones de estudiantes.
Tras su muerte, el colegio recibió correos electrónicos donde, con tristeza, recordaban su paso por las aulas y el campo. Fue la artífice de “Operación Uspantán”, una iniciativa que llevó a las alumnas a vivir con familias de Quiché por un mes.
Surgió en 1969 para llevar a la práctica lo que siempre decía: “El desarrollo de las personas y los pueblos camina de la mano de la educación integral que despierte la conciencia crítica y el compromiso real social. Todo esto iluminado desde la fe cristiana”.
Carlota Gil, alumna del Colegio Belga en 1979, recuerda cuando la madre tomaba el rosario entre sus manos para pedir protección. “Había momentos en los que reclutaban por la fuerza a los muchachos para que formaran parte del Ejército”, dice.
Ese mismo año se suspendieron las visitas por razones de seguridad. Sin embargo, los sentimientos alborotados de algunas alumnas siguieron de pie: María del Rosario Godoy; asesinada el 4 de abril de 1985; Ligia Martínez Urrutia, encontrada muerta el 3 de octubre de 1981; y Dora Clemencia Azmitia (Menchis), quien desapareció embarazada en 1981, fueron algunas de las muchachas que estuvieron con Madre Lucía en esas comunidades.
“Elaboraba murales para no borrar de su memoria los recuerdos y contar sus historias”, dice la Madre Raquel, exalumna y ahora parte de la Sagrada Familia de Helmet, la misma congregación de la Madre Lucía. Recordó la vez que la suspendieron para impartir clases. Fue una orden del Ministerio de Educación, sin embargo, se vestía sin indumentaria religiosa y salía a escondidas a supervisar las aulas de los colegios de la congregación.
En 1980 campesinos y estudiantes que murieron en la embajada de España, una semana antes habían tomado el colegio en protesta. Eso se tradujo en complicidad y amenazaron con matarla.
Rigoberta Menchú lamentó su muerte en su página web. La conoció en Uspantán cuando tenía 15 años.
Madre Lucía, o Marta Lucía Godoy Dárdano, que era su nombre completo, nació en El Salvador el 23 de septiembre de 1932 en el seno de una familia acomodada. Hija de Roberto Godoy Asturias y Lucía Dárdano, fue la tercera de 3 hermanos.
A sus 18 años decidió ingresar en la Universidad de San Carlos (Usac) para estudiar Derecho, carrera que abandonó tras encontrar su verdadera vocación como religiosa en la Congregación de la Sagrada Familia de Helmet, en 1952. Años más tarde retomó sus estudios, esta vez en Pedagogía y Ciencias de la Educación, siempre en la Usac. Coordinó durante 56 años la sección Normal y el Bachillerato del Colegio Belga, formó a cientos de maestras –no existe un dato exacto de cuántas–, que la llamaban “la maestra de maestras”.
Transcurridos los años más duros del conflicto armado, de nuevo continuó la “Operación Uspantán” bajo otro nombre: “Juventud Misionera”, con el propósito de llegar a Patzún, Chimaltenango, a realizar obras de caridad. Madre Lucía también fue fundadora de la escuela para padres y la Escuela Primavera, en la colonia el Milagro, la cual beca cada año a más de 500 alumnos de escasos recursos.
Falleció el 21 de enero. Ese sábado, a mediodía, la encontraron sin vida en su habitación. El médico determinó que se debió a una paro cardíaco. Entre sus planes quedó pendiente conseguir 200 becas para una de las escuelas que fundó, donde había trabajado el último año.
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