Si Otto Pérez lleva a cabo una política de estadista desde que asumió como presidente, esa es la tributaria. Desde que ganó la segunda vuelta y antes de tomar posesión, ya tenía estructurada la primera prioridad nacional: la reforma al ISR y otras leyes para que el Estado recaude más impuestos y que todos paguemos más.
El Gobierno conformó a un excelente equipo de trabajo en Finanzas y Segeplan y envió ya la propuesta al Congreso. Es una propuesta decente, aunque le hace falta ñeque.
Yo acepto de buena gana que seamos los de clase media alta los que tengamos un gran aumento porcentual y paguemos más. Sin “peros” ni condiciones previas. Sí, tenemos que pagar más ISR y dejar de descontar el IVA. Ser ciudadanos en toda regla y aportar para construir bienes públicos (educación, salud, seguridad, infraestructura y seguridad social) aunque no los usemos ahora. Eso aportará para vivir en armonía como sociedad y para reducir las inequidades heredadas de un mercado oligopólico y de una historia injusta para la gran mayoría.
Sí, por las oportunidades que tuvimos y por nuestro trabajo arduo, somos los clasemedieros los más productivos, los que ganamos más y tenemos que tributar más. Es nuestra responsabilidad.
Como ciudadano quisiera demandarle algo a los representantes en mi Congreso, al gobierno de mi República y a mi Corte de Constitucionalidad. Me parece ridículo que si yo tengo que pagar el 7 por ciento de ISR, las empresas puedan deducir del ISR hasta pagar solo el 1.8 por ciento y tengan que pagar solo 5 por ciento de sus utilidades. El G-40 propone la conservadora pero mínima tasa de 10 por ciento sobre ganancias de los accionistas.
Y me parece que debería apretarse más a las telefónicas para que dejen de evadir, a las grandes empresas para que dejen de eludir, a las mineras para que dejen de dar limosnas en regalías, a las que usan la ley de maquila cuando ya son competitivas, y a todos los que realmente tienen dinero en este país y se oponen a dar a la SAT sus datos bancarios para demostrar realmente cuántos ingresos tienen.
Los clasemedieros somos ciudadanos que tenemos que cumplir con nuestras obligaciones, que no tenemos oficinas de auditores para eludir impuestos, ni financiamos y sobornamos a políticos. Aspiramos a una vida digna, feliz, en la que algún día pueda haber una democracia con un 80 por ciento de clasemedieros (no 40 de una débil clase media como ahora) y un 100 por ciento de ciudadanos. Y la ruta para la democracia se llama reforma fiscal. Una en la que todos paguemos, pero que paguen más los que tienen más. Y eso no es guerra de clases, es sentido común y algo de decencia.
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