Al asesor siempre le cuesta mucho trabajo establecer hasta qué punto debe llevar su consejo.
Todos los responsables de tomar decisiones desde técnicos de fútbol, directores de empresa, comandantes militares, etcétera, terminan por hastiarse de los consejos que reciben de la familia, los amigos, vecinos y hasta de sus asesores.
Algunas veces por la cantidad de información que les llega, otras por desconfianza o por lo elemental de las recomendaciones.
Los expertos en el tema no se atreven a sugerir las acciones a tomar cuando el asesor o consultor es ignorado; pero sí recomiendan la construcción de escenarios para diseñar la estrategia de intervención a fin de reducir los efectos colaterales que traerá una decisión en un ambiente de incertidumbre.
El asesor, siempre se preguntará ¿cuánto esfuerzo tiene que hacer para hacerse escuchar? o ¿hasta dónde debe defender sus puntos de vista? La respuesta es simple, tiene que conocer el temperamento y el nivel de conocimiento de la persona o personas acerca del tema en el cual los asiste, sin este conocimiento su fracaso está a la vuelta de la esquina.
Un buen ejemplo de decisiones exitosas, fueron las acciones del presidente Kennedy ante la llamada “crisis de los misiles”, provocada por la instalación de armas nucleares por los soviéticos en Cuba, con capacidad de alcanzar la Florida, Cabo Cañaveral. El éxito se debió en parte al reducido número de asesores alrededor del presidente Kennedy, entre los que destacan Robert Kennedy, su hermano y Fiscal General de los EE.UU., su amigo y asesor Kenny O’Donell y el secretario de Defensa Robert McNamara; además de la capacidad de recolectar y procesar información para visualizar los escenarios prospectivos ante cada curso de acción recomendado –ataque sorpresivo o cuarentena. Frases como “pronto será demasiado tarde” usada repetidamente por los asesores militares de Kennedy, lo llevó a tomar otras acciones. Este esfuerzo paralelo estuvo a cargo de Robert Kennedy, quien por órdenes del presidente entró en contacto con el embajador ruso Anatoly Dobrynin. Fue esta negociación alterna la que terminó con la crisis, salvando los apremios de los asesores militares, que exigían el uso de la fuerza. El éxito finalmente dependió de la habilidad, para manejar las presiones externas, pero particularmente las internas.
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