Pérez M, Suger y Caballeros eran los candidatos de la clase media
Alos tres se les vio como la alternativa para impedir que la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) lograse llevar a la Presidencia a Sandra Torres.
Cuando la amenaza se encarnó en Manuel Baldizón, la zona metropolitana de la capital, en donde se concentra una porción importante de la clase media guatemalteca, se volcó para apoyar a Otto Pérez Molina y al Partido Patriota (PP).
Fue gracias a la capital y a Mixco que Otto Pérez pudo solidificar una mayoría que al final fue suficiente para derrotar la amenaza populista del dúo petenero Baldizón-Torres.
Es esta zona, junto con Villa Nueva, en donde más se manifiesta la violencia y en donde, de acuerdo con estudios cualitativos que realicé en vísperas de las elecciones, hay una visión muy crítica sobre los programas de Mi Familia Progresa y la Bolsa Solidaria. En el departamento de Guatemala, el 72.7 por ciento de la población pertenece al estrato medio o al medio bajo (datos del Informe Nacional de Desarrollo Humano). Y será en esta misma región, en donde se elevó a Otto Pérez a la Presidencia, en donde más estragos causará la reforma fiscal que empuja el PP. La primera traición de este partido, que prefiere favorecer a los grandes grupos económicos en vez de cumplirle a quienes les dieron los votos.
Tan evidente es el sesgo pro empresarial y anticlase media que tiene esta reforma, que a las empresas se les rebaja la tasa que pagan del ISR de 31 a 25 por ciento, en tanto que a los asalariados se les sube a 5 y a 10 por ciento. Y además, a los profesionales liberales y a quienes trabajan por su cuenta, se les eleva un 40 por ciento lo que deberán tributar en impuesto sobre la renta. Y cuando importen un carro usado, encima deberán pagar por este un impuesto que antes no existía, y además, el impuesto de circulación será el doble de lo que paga ahora.
Pero ahí no termina el golpe del PP a la clase media: si bien le sube el mínimum vital que puede deducir de su renta imponible, desea eliminar la posibilidad que se abone al pago del impuesto lo que se tributa en IVA. Mientras tanto, gravará los dividendos de las empresas nacionales con un 5 por ciento. Esto estaría mal si no fuera menor que lo que las empresas extranjeras pagan: 10 por ciento. Discriminatorio, dirán en el marco del TLC. Y aún hay más: hasta ahora, las empresas podían deducir del cálculo de su impuesto hasta el 97 por ciento de sus costos. Con el paquetazo del PP reducirán la totalidad. ¡Qué les parece!
El mayor peso del paquetazo del PP lo llevan los asalariados. No hay impuestos para las empresas de telefonía ni para las petroleras ni mineras. La mina Marlin seguirá contribuyendo voluntariamente, porque no habrá ley alguna que le imponga nada. Y además, con el trato preferencial que les da el ministro de Energía y Minas, ¡solo pagarán 5 por ciento de regalías!
El gobierno del PP no toma en cuenta que la clase media ya paga colegios privados, seguridad privada, médicos y salud privados. Es decir, que ni siquiera eso recibe del Estado. Y encima, le harán tributar un 40 por ciento más. ¡No hay derecho! En la historia reciente de nuestra democracia, no ha habido un partido que haya dado la espalda tan rápido a sus votantes como ahora lo hace el PP.
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